Inteligencia artificial y futuro del trabajo: riesgos y oportunidades para jóvenes, mayores y mujeres
La Inteligencia Artificial abre posibilidades y también amenaza puestos laborales. La influencia de la edad, el género y las decisiones de empresas y Estados.
Inteligencia artificial y futuro del trabajo: los riesgos para jóvenes, mayores y mujeres.
Muchas preguntas. Eso genera el futuro. Y en especial el futuro del trabajo. ¿Qué impactos tendrá la inteligencia artificial sobre los empleos? ¿Afectará más a las personas más grandes, o a las mujeres? Y en las posibles respuestas hay matices.
Te podría interesar
“La incidencia se ve en los empleos junior, con menores oportunidades de entrada en algunos casos, y quizás algunos requerimientos mayores de exigencia”, plantea Alan Geary, profesor en la Tecnicatura Universitaria de Inteligencia Artificial en la Universidad Nacional de Rosario.
El especialista señala que “hay un problema concreto, desde una mirada más macro, más de largo plazo, que es, ¿cómo va a ser el camino que antes recorría un junior para llegar a senior?”.
Es decir, hoy los modelos de inteligencia artificial sustituyen las tareas que antes realizaban quienes comenzaban su recorrido en las empresas, y eso les daba un rodaje “para generar otro tipo de actitudes de la profesión, que tienen que ver con el criterio, con la experiencia misma de cualquier trayectoria”.
Una incógnita sobre las trayectorias
Una persona que hacía “carrera” en una empresa tenía una “experiencia empírica en términos de error, de distintos enfoques al compartir la tarea diaria”, expresa Geary.
Como docente “apasionado y comprometido en el campo de la Inteligencia Artificial”, identifica un cuello de botella con el menor ingreso de principiantes, y la pregunta es “¿qué va a pasar a futuro con los puestos senior?”.
Y también hace una salvedad. “Si bien se da esta dificultad en los puestos junior, en el agregado del empleo, eso no se vislumbra”, sostiene Geary. Porque -según observa- muchas empresas buscan jóvenes y confían en que “están más cercanos a la tecnología” que otros “rangos etarios”.
Esa es una de las perspectivas que plantea el especialista.
Como pasó con otros avances tecnológicos en la historia, lo primero que aparecen son las miradas catastróficas y se generalizan ideas como “la IA va a matar a toda la humanidad” o “va a destruir millones de empleos”.
LEER MÁS ► Un informe reveló los 10 empleos que desaparecerán por la IA y los que saldrán ganando
Con base científica, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera que “si la automatización de algunas tareas concede a los trabajadores más tiempo para realizar un trabajo más satisfactorio o refuerza sus competencias con la ayuda de herramientas de IA, el resultado podría ser positivo para la calidad del empleo”.
Pero también advierte que “si la tecnología se utiliza para estandarizar los procesos de trabajo y reducir la autonomía humana, si se aplica con el único propósito de aumentar la supervisión, o si no está bien diseñada ni bien integrada en el lugar de trabajo, la calidad del empleo podría resentirse”. Estas advertencias pertenecen a un informe de mayo de 2025, y perfeccionan un informe anterior, de 2023.
Una vez más, no se trata sólo de la IA generativa, sino de cómo se usa.
Las posibilidades que se abren
Por su parte, en Rosario, el centro de estudios Poliedro publicó el 17 de septiembre de 2026 un informe que, a partir de modelos teóricos, plantea cuatro escenarios para la ciudad en 2030.
Entre las conclusiones, advierte que “el contexto macroeconómico influirá en la lógica de adopción: expansiva si hay crecimiento, más defensiva si predominan presión de márgenes y estancamiento”.
Esta distinción es parte de todo el trabajo: no hay una sola forma de incorporar la IA generativa en las empresas. Puede servir para mejorar la productividad, expandirse, y eso lleva a generar empleos de mayor calidad pero también puede destruir empleos, en un contexto de retracción.
Lo que advierte Poliedro es que “la productividad no garantiza por sí sola empleo, ingresos ni formalización; la calidad de la transformación laboral debe evaluarse como resultado específico, no asumida como consecuencia automática”.
Al alcance de la mano
Lo que está claro es que la IA no es un fenómeno de nicho, sino una realidad extendida a amplios sectores de la humanidad. Se puede ver a alguien utilizando la IA para encontrar un producto que necesita, se puede ver a un taxista que, mientras conduce, le pide al chat más famoso que le cuente sobre la historia de la antigüedad. Sus usos son múltiples y cada vez es más difícil escapar de ella.
“La tecnología la empezamos a usar todos y todas, porque, como en su momento fue el celular, el ChatGPT fue la nueva tecnología que tuvo una aceptación y una implementación más rápida en términos totales, absolutos”, señala Geary.
Aporta que “es la tecnología que llegó más rápido a los cien millones de usuarios. Lo está usando todo el mundo, pero todavía no hay una estructura vertical de uso en la industria de cómo debería adoptarse. Entonces, ahí hay un problema de productividad”, sostiene el docente de la UNR. No hay una política para esta tecnología. “Todo lo usamos y estamos viendo qué productividad genera y qué conflicto genera, también”, plantea.
Entonces, muchas personas abandonan el ejercicio intelectual y lo delegan, advierte Geary, “más allá de los problemas mismos de la tecnología, porque puede tener datos erróneos según los modelos que usemos”.
El valor de la experiencia
Lo que señala Geary es la “dependencia de los modelos” y ahí viene su otro matiz. Justamente, en el mediano plazo, se requerirán perfiles de personas con criterio propio para aplicar la IA.
“Una persona joven podría manejar con más soltura herramientas de inteligencia artificial, pero -a mediano plazo-, las características que más se van a necesitar no van a ser el uso concreto de estos modelos, sino más bien tener sentido común, tener criterio, tener capacidad crítica para poder tomar decisiones, para que después sí ejecuten estos modelos”, plantea Geary
Y eso puede generar una posición de desventaja para los jóvenes, en relación a quien “tiene criterio sobre un saber en sí mismo”.
¿Las mujeres están más expuestas?
Una preocupación es el impacto diferencial por género. A tal punto que la propia OIT publicó un informe en marzo de este año en el que advierte que alrededor del 29 % de las ocupaciones dominadas por mujeres están expuestas a la IA generativa, frente a solo el 16% de las ocupaciones dominadas por hombres.
“La diferencia es aún más marcada cuando se analizan los niveles más altos de riesgo de automatización: el 16% de las ocupaciones dominadas por mujeres se sitúan en las categorías de mayor exposición, frente a apenas el 3% de las dominadas por hombres”.
Así lo baja a tierra Geary. “Por la estructura de trabajo de nuestras sociedades, las mujeres hacen funciones administrativas que, en términos teóricos, son más vulnerables a la automatización”, señala Geary. Y eso le da un potencial más destructivo en esos puestos.
El propio especialista señala un matiz. “También es cierto que en las tecnológicas y los puestos junior la representación de género no es equitativa. Ese es uno de los lugares donde hay más varones y está impactando ahí la creación de empleo”.
LEER MÁS ► Inteligencia artificial y género: un estudio detecta estereotipos en las respuestas
En realidad, “todavía no hay datos para afirmar que hay un sesgo hacia una vulnerabilidad mayor de las de las mujeres, pero, en términos globales, las funciones administrativas que parecen más vulnerables a la automatización, hacen que haya una alerta, aunque no se está viendo todavía”.
Así lo advierte también la OIT. “La inteligencia artificial generativa no está entrando en un mercado laboral neutral”, afirmó Anam Butt, coautora de la investigación de la OIT. “Las normas sociales discriminatorias, la desigual distribución de las responsabilidades de cuidado y las políticas económicas y laborales que no abordan plenamente las necesidades de mujeres y hombres siguen determinando quién accede a qué ocupaciones y en qué condiciones”.
Esa misma comunicación de la Organización Internacional del Trabajo subraya la necesidad y el impacto de políticas públicas.
Porque no se trata únicamente de lo que puedan hacer las personas, para no delegar su autonomía. Las políticas de las empresas importan: definen qué tipo de trabajo requieren. Pero el paraguas principal corresponde a los Estados, aún con su capacidad de regulación menguada por el poder transnacional tecnológico.
Es decir que -si bien la IA es una realidad que llegó para quedarse- sus efectos no están dados de antemano. Dependen de lo que hagan las personas. Y las sociedades, con sus diferentes niveles de responsabilidad.





