Pantallas, redes e IA en adolescentes: cuando el uso deja de ser un hábito y se convierte en un problema

El avance de la inteligencia artificial, las redes sociales y las pantallas abrió un nuevo desafío para las familias. Por qué ya no alcanza con contar las horas de uso y qué señales deberían mirar los adultos.

El avance de la inteligencia artificial, las redes sociales y las pantallas abrió un nuevo desafío para las familias

El avance de la inteligencia artificial, las redes sociales y las pantallas abrió un nuevo desafío para las familias

La relación entre chicos, adolescentes y tecnología cambió a una velocidad que la sociedad todavía intenta comprender. Las redes sociales, los teléfonos celulares y la inteligencia artificial forman parte de la vida cotidiana y, al mismo tiempo, generan nuevas preguntas sobre el desarrollo, la salud mental y la forma en que los chicos aprenden y se relacionan.

El pediatra Daniel Stechina, integrante de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), explicó que este escenario obliga a revisar algunas de las recomendaciones que durante años se centraron principalmente en establecer una cantidad determinada de horas frente a las pantallas.

“Se está hablando de salud digital, de higiene en pantalla y de higiene de salud digital. Se le está dando mucho énfasis al tema salud en todo lo que son los avances en internet, en IA, en comunicaciones, en redes. Todos los días es algo nuevo”, señaló. En este escenario, afrontar y amoldarse a la velocidad de los cambios tecnológicos es uno de los principales desafíos.

Pantallas en adolescentes: no todo depende de la cantidad de horas

Durante mucho tiempo, una de las principales recomendaciones estuvo relacionada con limitar la cantidad de horas que los chicos pasan frente a una pantalla. Sin embargo, hoy se está poniendo el foco en otra cuestión: para qué se utiliza ese tiempo y qué lugar ocupa dentro de la vida cotidiana.

“Ya se está viendo hoy que no tiene sentido poner tiempos, cantidad de horas por día”, explicó.

El pediatra planteó un ejemplo: un adolescente puede pasar dos o tres horas utilizando internet o una herramienta de inteligencia artificial para aprender sobre un tema educativo. En ese caso, considera que el análisis debe ser diferente al de un chico que pasa ese mismo tiempo conectado durante la noche, desplazándose constantemente entre contenidos.

“Si yo estoy usando dos horas, tres horas las redes, las pantallas, la inteligencia artificial, pero para uso educativo, ¿cuál es el problema que la uses dos, tres o cuatro horas?”, planteó. El problema aparece cuando el uso de las pantallas comienza a desplazar otras actividades necesarias para el desarrollo. “Si uno dice: ‘Se pasó tres, cuatro horas a partir de las 10 de la noche, cuando es de noche, cuando tiene que descansar, cuando le quitó horas al sueño, al descanso y estuvo scrolleando’, bueno, eso sí está mal”, explicó.

Los adultos deben mirar más allá del reloj. “Los padres tienen que ver en esto en qué usó esas horas, en las redes o en inteligencia artificial, en qué las usó”, sostuvo. Si la tecnología se utilizó durante el día para una actividad educativa y no desplazó el descanso, el juego, la socialización o las actividades al aire libre, la situación es diferente.

El problema puede comenzar antes de la adolescencia

Uno de los puntos que más preocupa al especialista es la edad en la que los chicos comienzan a utilizar las redes y las pantallas. “Está comprobado que sí, el desarrollo cognitivo se ve alterado y esto está comprobado también ya científicamente, no en cuanto a la cantidad de horas que usan, sino a qué edad empezó a usarla”, afirmó.

Cuanto más temprano comienzan los chicos a utilizar las redes, mayores pueden ser los problemas asociados. “Más temprano empiezan a usar las redes los chicos, peor es su desarrollo cognitivo, más problemas de salud mental tienen, algunos depresión y otros euforia. Más problemas de visión tienen, más problemas de desarrollo en general tienen”, explicó.

Cuanto más temprano comienzan los chicos a utilizar las redes, mayores pueden ser los problemas asociados.

Cuanto más temprano comienzan los chicos a utilizar las redes, mayores pueden ser los problemas asociados.

A esos efectos también se suman consecuencias vinculadas con el cuerpo. “Obviamente aparecieron, como se sabía que iban a aparecer, los problemas posturales, óseos, dolores musculares”, agregó.

Para el pediatra el foco está cambiando: “No es ya tanto la cantidad de horas, sino su uso a una menor edad".

Qué pasa cuando el celular llega demasiado temprano

La dificultad para poner límites puede comenzar incluso antes de que los chicos lleguen a la escuela. Muchas veces los adultos recurren al celular para entretener a un niño pequeño, evitar que llore o permitirle al padre o la madre realizar alguna actividad sin interrupciones.

El especialista puso el ejemplo de lo que ocurre en los consultorios pediátricos. “Muchas veces los padres, para revisar a los nenes, chiquitos, hablemos de un año, para que lo podamos revisar, para que no llore, le quieren mostrar el celular”, contó.

Su recomendación es clara: “El celular no. Si llora, llora, está bien. Va a llorar. Voy a tratar de que no llore, pero no mostrarle el celular para que no llore”.

Para Stechina, una vez que el dispositivo se incorpora como herramienta habitual para calmar, entretener o distraer a un chico, después resulta mucho más difícil retirarlo.

“Si yo ya se lo permití, es muy difícil sacárselo”, sostuvo. El especialista diferenció esa situación de otros usos puntuales de la tecnología. “Es distinto cada tanto mostrarle alguna foto de la familia, de la abuela, hacer una videollamada con alguien que vive lejos, pero el adulto es el que tiene que manejar al chico”, explicó.

Redes sociales, frustración y el efecto del algoritmo

Otras problemáticas que aparecen en la relación entre chicos y dispositivos está vinculado con los videojuegos, las recompensas y la publicidad. Al respecto, señaló que muchos juegos están diseñados para incentivar al usuario a continuar jugando. Primero pueden ofrecer recompensas gratuitas y después plantear la posibilidad de pagar para avanzar.

“Muchos jueguitos lo que buscan es esto, la adicción al juego”, afirmó. Ese mecanismo también puede generar frustración entre los chicos, especialmente cuando observan que otros avanzan más rápido dentro de un juego.

Otras problemáticas que aparecen en la relación entre chicos y dispositivos está vinculado con los videojuegos, las recompensas y la publicidad.

Otras problemáticas que aparecen en la relación entre chicos y dispositivos está vinculado con los videojuegos, las recompensas y la publicidad.

“No puedo avanzar y mi amigo ya avanzó y está en la etapa cinco. Pero ¿por qué? Porque pagó”, explicó.

El pediatra relacionó esta situación con la exposición permanente a publicidad y con el funcionamiento de los algoritmos. “Cuando un chico está en la computadora, no es una sola pantalla”, sostuvo.

Inteligencia artificial: una herramienta que también necesita límites

El avance de la inteligencia artificial plantea otro desafío: aprender a utilizarla de manera adecuada. “La IA tiene, como todas las cosas nuevas, no hay que ponerse en contra, hay que buscarle la utilidad real, la buena utilidad que tiene”, afirmó. El problema aparece cuando se considera que todo lo que ofrece una herramienta de inteligencia artificial es necesariamente verdadero.

“Nosotros en medicina usamos ya validada científicamente por entidades que nos dicen: ‘A ver, este material que yo estoy buscando de un tratamiento viene de una revista científica de Estados Unidos o Europa y está validado y listo’”, explicó.

Stechina advirtió que las herramientas de IA pueden generar información incorrecta cuando no encuentran datos suficientes.

“Ahora se sabe que la IA alucina, inventa y si lo quiere poner conforme al usuario, lo va a poner conforme”, señaló. Por eso, considera que el problema no es solamente que un adolescente consulte una herramienta de IA, sino que tome como verdadero todo lo que recibe.

Nueva York y el debate sobre las prohibiciones

El debate sobre los límites al uso de la tecnología también llegó a las políticas públicas. Esta semana Nueva York anunció una nueva restricción al uso de inteligencia artificial generativa en sus escuelas públicas.

La medida contempla restricciones para alumnos desde el nivel preescolar hasta octavo grado y bloquea herramientas como ChatGPT y Claude. Los estudiantes de bachillerato tendrán acceso limitado a herramientas de IA y recibirán cursos vinculados al pensamiento crítico sobre esta tecnología.

En New York los estudiantes de bachillerato tendrán acceso limitado a herramientas de IA y recibirán cursos vinculados al pensamiento crítico sobre esta tecnología.

En New York los estudiantes de bachillerato tendrán acceso limitado a herramientas de IA y recibirán cursos vinculados al pensamiento crítico sobre esta tecnología.

Nueva York ya había intentado restringir el uso de inteligencia artificial en las escuelas en 2023, aunque posteriormente levantó esa prohibición.

Sobre las medidas adoptadas en otros países, el especialista señaló que todavía se está evaluando cómo implementarlas. “Lo que hoy está permitido, mañana está prohibido y el tema es legalmente cómo se puede hacer. Eso ya lo están viendo porque lo van haciendo sobre la marcha”, explicó.

En Australia, según detalló, las sanciones están dirigidas a las plataformas y no a los menores. “Las multas son para los prestatarios de las redes, no para el menor”, sostuvo.

El especialista también advirtió sobre la velocidad con la que avanza la tecnología frente a los tiempos de la legislación. “En la Argentina para hacer algo que se empiecen a reunir y demás, lo vamos a terminar legislando el año que viene cuando ya sea tarde, cuando haya otra tecnología o cuando haya algo más nuevo que todavía supere lo viejo”, planteó.

¿Prohibir o acompañar? El rol de los adultos

Establecer límites no significa necesariamente prohibir de manera absoluta. El rol de los adultos resulta central, especialmente cuando los chicos son pequeños.

“Los padres, los adultos tienen que saber, lamentablemente muchos no lo saben, que tanto las pantallas como los celulares tienen algo que se llama control parental”, explicó.

Estas herramientas permiten establecer qué contenidos puede consultar un menor y en qué horarios puede utilizar los dispositivos.

Pero el acompañamiento no debería limitarse a los controles tecnológicos. También es necesario que los adultos sepan qué hacen sus hijos en internet y puedan conversar con ellos. “Los que tienen chicos más grandes, que ya ven que se les fue la mano el tema, que lo hablen y que se asesoren”, recomendó.

En ese proceso, Stechina aconsejó recurrir a profesionales cuando aparecen dificultades emocionales o conductas que generan preocupación.

“Chicos menores de la adolescencia, los 10 años, a partir de los 10 años, que llegan a esto que estábamos hablando, algunos se frustran y entonces se bloquean y entonces vienen los problemas emocionales, psicológicos y neurológicos”, explicó al mismo tiempo que ante esas situaciones, recomendó buscar orientación en el pediatra, el médico de cabecera o un psicólogo de confianza.

La clave está en poner límites antes

El especialista insistió en que cuanto antes se establezcan pautas, más sencillo será sostenerlas. “Los que están a tiempo y tienen chicos chiquitos empiecen cuanto antes a poner los límites”, afirmó.

Para explicar la importancia de acompañar a los chicos también en el mundo digital, utilizó una comparación con las recomendaciones que los adultos ya dan frente a los peligros del mundo real. “Siempre decimos, le decimos a los chicos que no le abra la puerta a un extraño o que no hable con extraños en la calle, pero se lo permitimos hacer en el celular”, planteó.

En el caso de los que tienen hijos más grandes y sienten que el uso de dispositivos se descontroló, la recomendación es evitar los cambios bruscos. “Nada de golpe. No le puedo decir al chico: ‘A partir de hoy no usa más’. Lo va a terminar buscando en otro lado, se va a comprar de alguna forma y va a ser peor el remedio que la enfermedad”, advirtió.

Y resumió su postura con una frase que atraviesa toda la entrevista: “Las prohibiciones por prohibir nunca fueron buenas”.

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