menu
search
Sociedad Rosario | Rosario Central | Norberto Fontanarrosa

Fontanarrosa sigue vivo: el circuito de la memoria en su Rosario natal

En cada rincón de Rosario el Negro Fontanarrosa está presente. A pesar de su fama, nunca quiso alejarse de su ciudad, de sus amigos y de sus pasiones.

Sus libros. Sus frases. Sus personajes. Su humor. Aquel celebrado discurso sobre las malas palabras en el Congreso de la Lengua. No hay dudas de que Roberto Fontanarrosa sigue vivo. Pero no solo en la literatura y el mundo artístico: aunque partió hace ya trece años, se pueden rastrear fácilmente los homenajes urbanos al dibujante, humorista y escritor en su ciudad natal. Por supuesto, los primeros lugares que se marcan en el mapa son el bar El Cairo, donde la mítica mesa de los galanes se volvió atractivo turístico, y el Gigante de Arroyito, donde la mascota centralista creada por él se replica en banderas, stickers y hasta tatuajes. También el centro cultural que lleva su nombre, ubicado en pleno centro, lo celebra con intensa programación artística. Pero hay más espacios de memoria: un barrio, una biblioteca, una plaza, varias escuelas y hasta una esquina fueron bautizadas en su honor.

fontanarrosa1.jpg
Inovidable... el Negro Fontanarrosa sigue presente a pesar de que pasaron 13 años desde su partida.

Inovidable... el Negro Fontanarrosa sigue presente a pesar de que pasaron 13 años desde su partida.

Pese a su fama, el Negro nunca pensó mudarse lejos de Rosario. “Le gustaba la aldea pequeña, el ritmo de la ciudad, además lo favorecía el hecho de que podía trabajar para Clarín -dibujando sus viñetas diarias- sin salir de su estudio de la zona norte. Decía que Rosario era como una Buenos Aires más chica, afortunadamente más chica”, asegura el periodista Horacio Vargas, su biógrafo oficial. “Nadie ha podido explicarme cuál es la ventaja de ser muchísimos, dónde radica el beneficio de ser como San Pablo, o ciudad de México”, dijo Fontanarrosa alguna vez. En otra ocasión, cuando le preguntaron “¿Qué piensa del resultado del censo nacional que confirma que Córdoba es más grande que Rosario?”; su respuesta dejó a su interlocutor en silencio. Le espetó un: “Jódanse”.

La esquina donde nació

Roberto Alfredo Fontanarrosa, más conocido como El Negro, nació un 26 de noviembre de 1944 en Rosario. Antes de ser famoso por crear a Inodoro Pereyra y Boggie El Aceitoso, entre otros personajes, era tan solo un chico que se la pasaba jugando en el departamento del segundo piso del edificio Dominicis (Catamarca 1421), donde vivía con sus padres Berto y Rosita. En 2014, por ordenanza del Concejo rosarino, Catamarca y Corrientes fue declarada “esquina Roberto Fontanarrosa”.

Un homenaje “pedido por los vecinos del Negro y merecido por su trayectoria y trascendencia internacional", dijo en aquel momento a Télam el autor de la iniciativa, el concejal y ex futbolista Aldo Pedro Poy. Sí, el de la famosa palomita, un recordado gol de Rosario Central que Fontanarrosa se encargó de plasmar en uno de sus cuentos.

El estadio de su gran amor

En el Gigante de Arroyito, estadio del equipo de sus amores, también lo recuerdan. Fanáticos recuerdan que ocupaba la butaca 81 de la fila 20 del sector K. Tan ferviente admirador de Rosario Central era el Negro, que además de ir a la cancha también pasaba por los entrenamientos -tanto del plantel de primera como de las inferiores- según recordó el ex futbolista y entrenador Edgardo Bauza en alguna entrevista.

estadio rosario central.jpg
El Gigante de Arroyito, un templo del fútbol para el Negro Fontanarrosa.

El Gigante de Arroyito, un templo del fútbol para el Negro Fontanarrosa.

Muchos hinchas del club llevan en sus camisetas, banderas o incluso en sus tatuajes a El Canaya, una mascota deportiva que representa a Central, creada en 2007 por el Negro. Y hay más: tras su muerte, la institución definió que cada 19 de julio -aniversario de su muerte- se celebrase el Día del Amigo Canalla, ya que el humorista fue uno de los simpatizantes más reconocidos del club.

Una mesa con buenos amigos

Parada indiscutida de turistas, la mesa de los galanes del bar El Cairo, de Sarmiento y Santa Fe, suele atraer muchas miradas. Era donde el dibujante se reunía con sus amigos. Hace algunos años que, cerca de los baños, hay un Fontanarrosa versión estatua junto a un buzón rojo. Algunos dicen que no se le parece tanto, otros dicen que sí. Pero todos, sin dudas, saben que es él.

barelcairo.JPG
El emblemático Bar El Cairo, se convirtió en punto de encuentro y atracción en la ciudad de Rosario.

El emblemático Bar El Cairo, se convirtió en punto de encuentro y atracción en la ciudad de Rosario.

“¿Cuándo entró el Negro Fontanarrosa a la mesa? Hay una cosa que nosotros no nos acordamos: cómo mierda terminamos todos enrollados, porque estábamos en distintas mesas. No nos acordamos la fecha exacta. Montones de veces hemos querido acordarnos y no coincidimos”, recordó en una entrevista Ricardo El Negro Centurión, uno de los integrantes de la mesa y a quien el Negro le adjudicaba el mote de “galanes” recibido por sus integrantes. “La mesa fue cambiando pero había una base y después tenía los visitantes. A lo mejor venías vos un día porque estaba yo, al otro día venías y te sentabas esperándome a mí y si yo no venía los otros suponían que si estabas allí, alguno de la mesa te había traído. Aunque había que ser admitido de alguna manera y no era fácil porque eran unos viejos cabrones”, remarcó.

La cultura en el centro

A pocas cuadras de El Cairo hay un centro cultural municipal que lleva su nombre (http://ccrf.gob.ar/). Creado como centro de prensa para el Mundial 78, el edificio se llamó durante décadas Bernardino Rivadavia pero cambió de nombre unos años después de la muerte del dibujante. Es un espacio de gestión artística y cultural colaborativo que abarca distintas disciplinas: artes escénicas y visuales, actividades académicas y de divulgación, talleres, recitales y más. En la plaza Montenegro, donde el centro cultural está emplazado, hay otra escultura. En esta, se lo puede apreciar al Negro sentado en una mesa del bar. La obra fue responsabilidad de la artista Carmita Batlle, quien ya había realizado el monumento en homenaje a Alberto Olmedo en el barrio de Pichincha.

“Tengo una imagen fotográfica de cuando le entregaron al Negro, en el entonces centro cultural Bernardino Rivadavia, la declaración de ciudadano ilustre de Rosario. Estaba Cavallero, que era el intendente de ese momento, también Agustín Rossi, que era el presidente del Concejo. El Negro estaba con un atuendo común de muchacho de barrio, junto a su hijo Franco, que tendría diez años. Cuando Cavallero le da el título honorífico el Negro lo que hace es dárselo a Franco, que se pone a jugar con el papel y todos se ríen. Me parece que es una síntesis de lo que fue el Negro”, considera Vargas. “Si usted me pregunta, el nombre correcto de la institución debería ser Centro Cultural Negro Fontanarrosa”, remarca.

Un barrio y, de yapa, también una plaza

Pero no solo hay un centro cultural. Rosario extraña tanto al humorista y escritor que su nombre se repite en otros espacios. También con el aval del Concejo, esta vez impulsado por la ex concejala arquitecta Viviana Foresi, se aprobó en 2018 que un nuevo barrio que inicialmente se llamó Zona Cero cambiara de denominación. El sector del distrito norte delimitado por las calles Cullen, Polledo, Salvat, Villa del Parque, Alberini y Calderón pasó entonces a llamarse Roberto Fontanarrosa. De yapa, dentro de ese barrio los mismos vecinos votaron que una plaza también fuera bautizada con su nombre. El Negro no está solo: otras calles y plazas de esa urbanización tienen también nombres de rosarinos destacados.

Tres escuelas y un paraíso de libros

Desde la Educación también se lo quiso homenajear. Hoy en Rosario hay una escuela primaria (1380) en el barrio Toba que lleva su nombre. También hay una secundaria en el barrio Unión y Parque Casas. Allí asisten unos 300 alumnos, que fueron quienes decidieron que “la 408” pasara a llamarse como el escritor, al que habían entrevistado antes de su enfermedad. Además hay un Eempa (educación de adultos, 1306) de igual nombre, en barrio La Tablada. Todas son “la escuela Roberto Fontanarrosa”. Y por supuesto, no podía faltar un paraíso de libros para celebrarlo. La biblioteca Popular Roberto Fontanarrosa (https://www.facebook.com/bibliotecarobertofontanarrosa/) fue fundada en septiembre de 1998 y está ubicada en el norte de la ciudad.

“Está en todos lados su nombre. Es un homenaje bellísimo de la sociedad”, reflexiona Vargas. Solo le falta una calle en su ciudad natal. “Hay una calle que remite a su apellido pero que claramente no es por él sino al enigmático “P. Fontanarrosa”, casualmente en barrio La Florida. Hay otra calle que se llama “Fontana”, pero no es un homenaje implícito a él, que en tiempos de dibujante de una agencia de publicidad así lo llamaban sus compañeros y jefes. Ese Fontana remite a un coronel y naturalista, pacificador de indios del Chaco. Un personaje del Inodoro Pereyra, tranquilamente”, ríe.

Dejá tu comentario