Las fuertes lluvias registradas el miércoles pasado en la ciudad de Quito, Ecuador, provocaron el desbordamiento del río Pita, en el valle de los Chillos. Con una fuerza imponente, el agua ingresó a más de 40 viviendas y las dejó bajo agua en pocos minutos. Una de estas viviendas pertenece a Matías Correia, un joven que nació en Tierra del Fuego, pero que estudió y vivió durante 12 años en la ciudad de Santa Fe. El relato de la catástrofe en primera persona.
Matías llegó a Ecuador hace unos cuatro años y medio y en marzo obtuvo la visa definitiva. Se dedica al marketing digital y su pareja es profesora de danza. Hace ocho meses viven en el Valle de los Chillos y hacía poco tiempo habían acondicionado un salón para que ella pudiera dar clases.
“Ese miércoles, como todos los días, estaba trabajando en la cocina con la computadora cuando escuché un ruido. Me vine para otro espacio de la casa y vi que salía agua de la rejilla, pero como días antes habíamos tenido problemas con las cloacas pensé que se trataba de lo mismo”, contó Correia a AIRE.
Pero no era eso. El joven continuó recorriendo los espacios de la casa porque advirtió que algo estaba mal. “Empecé a ver agua en el dormitorio, el baño, y cuando me di cuenta ya me llegaba a los tobillos. El perro comenzó a ladrar y cuando miro para afuera había muchísima agua. Lo agarré para salir, pero la puerta de enfrente estaba a punto de explotar, así como el ventanal de vidrio que da al patio”.
Matías Correia vivió uno de los peores momentos de su viva. “El agua entró a los pocos minutos, con mucha fuerza y me pude agarrar de la columna. En un segundo había subido dos metros. Pensé que iba a seguir subiendo y que me iba a ahogar. Miré para afuera y me acordé de un cantero con una planta de la que me podía agarrar. Me tiré nadando con el perro. Me agarré, me paré y cuando pasó un pedazo de puerta lo puse arriba para que pudiera sobrevivir”.
Recién en ese momento pudo gritar y pedir ayuda. “Estaba desesperado. El río estaba tan alto que tenía miedo que la pared del tapial se desmorone y me lleve el agua. Por suerte no sucedió. Estuve más de una hora en el agua helada hasta que llegaron los bomberos y nos rescataron”, expresó.
Un llamado a la solidaridad
Correia y su pareja perdieron todo. La mayoría de sus pertenencias que estuvieron bajo el agua ya no sirven. “Ahora estamos bien, pero no quedó nada. Está todo hecho pedazos y ya no sirve”, dijo desesperado. “Esto es mi casa, así quedó, un pantano”.
El joven apeló a la solidaridad de todos para poder salir adelante. Este sábado, bomberos y gendarmería continuaban ayudando para limpiar el caos que quedó luego del desastre. Quienes quieran colaborar pueden hacerlo a la cuenta de Correia al CBU 0720273788000036678536 o alias matiasCSC (Banco Santander) y su teléfono de WhatsApp es 593 99 886 1174.
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