Dos niñas de 10 y 11 años fueron protagonistas involuntarias de situaciones que las exceden y las exponen. Sus nombres —Francesca y Rufina—, se hicieron públicos.
Entre tantas lecturas posibles, la psicóloga María Crisalle, que trabaja con niños y adolescentes, señala el “morbo” que generan estas situaciones: se repitió al infinito el violento audio de Icardi que le grita a una niña sin escucharla y le termina hablando de “mirar la agenda” cuando ella le pregunta si irá a su cumpleaños.
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“Qué habituales nos resultan estas escenas, que nos llevan al lugar de total desprotección en el que quedan los niños. Está muy aceptada la idea de que los chicos van adónde van mamá y papá. Acá hay un conflicto, pero si no lo hubiera, hace dos meses que sus padres están en pareja y van con papá, con mamá, sin dar ningún tiempo para establecer el vínculo”, señala la especialista.
Wanda Nara, la China Suárez, audios y fotos
No hay actitudes de adultos cuidadores. Wanda Nara difundió un audio en el que mencionaba al hijo menor de la China. Ella se había sacado —antes— una foto con la hija de ella.
Crisalle se pregunta: “Por qué tendrían que conocerse, por qué los chicos tienen que participar de toda relación amorosa que tienen los adultos, por qué no podemos poner lo suficientemente en pausa un deseo, estar menos horas con esa persona y preservar a los chicos”.
Lo que dice la psicóloga es producto de su experiencia de trabajo en la clínica, donde estas situaciones se repiten. Así que lo primero para decir es que los padres disputan a través de sus hijos aun sin exposición mediática.
Fotos de la China Suárez con las hijas de Wanda Nara.png
La especialista ve en su consultorio cómo se "romantizan las parejas nuevas, que son maravillosas" y se demonizan las anteriores.
La viralización eterna agrava el cuadro: niños y adolescentes están expuestos a la mirada de mucha gente que opina sobre sus vidas. A esta altura, todo el mundo conoce los detalles del conflictivo fin del matrimonio entre Mauro Icardi y Wanda Nara. También hay publicaciones de Instagram en tiempo real del nuevo romance del jugador con la China Suárez. Y de sus "fuertes peleas".
¿Y los niños? ¿Será que su vida puede seguir girando sin rumbo al ritmo de los caprichos de sus padres?
Hay ocho niños y adolescentes que están involucrados, sin ningún tipo de cuidados, en esta historia: los tres hijos que Wanda concibió con Maxi López, las dos que tuvo con Icardi, la niña que Suárez tuvo con Nicolás Cabré, quien se ha esforzado por mantener a su hija al margen de tanto barullo mediático y los dos hijos de la China con Benjamín Vicuña.
Es verano, muchas personas tienen más tiempo y se entretienen en el devenir de esta novela que tiene el plus de ser real.
Tan real como los chicos. Y exponen algunas marcas de la época. “Tiene que ver con la no tolerancia de establecer relaciones en las que se comparte menos tiempo, porque se tienen hijos. Las personas adultas no se sustraen, no se plantean no mezclar todo ni supeditar la vida de los niños a las ganas que tienen de estar con otra persona”, dice la psicóloga.
La falta de límites empieza por casa
Y se pregunta: “¿Cómo les vamos a decir a los chicos que no, si nosotros no podemos decirnos que no a nosotros mismos?”.
En la clínica ha escuchado que se les pide a los chicos que le digan papá o mamá a la nueva pareja, sin dar tiempo a que ese vínculo se pueda tejer entre las dos personas.
El tiempo que requiere un vínculo nuevo desaparece y las infancias quedan atrapadas en el vértigo adulto.
Crisalle pone un eje que involucra a toda la sociedad, más allá de Wanda, la China e Icardi. “Los padres y las madres tenemos dificultades para atravesar nuestros duelos y nuestras pasiones sin involucrar a los pibes, sin preservarlos. Nos están haciendo de sostén todo el tiempo".
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El romance del futbolista con la China Suárez se convirtió en una telenovela.
Justamente, "no hay ningún respeto de los tiempos, no hay ningún tipo de cuidado, en términos de qué va a representar esa persona, que con el tiempo podría ser un buen vínculo, pero si es prematura no va a ser de ninguna manera una buena experiencia”, sigue la especialista, a partir de su trabajo en la clínica.
No se trata de generalizar, sino de marcar una conducta que se repite entre adultos que no pueden asumir su lugar de tales. “Una nueva pareja se constituye inmediatamente en una nueva familia, tienen que llamarse hermanos, y vivir como hermanos. Esto es enloquecedor para los pibes, sucede con mucha frecuencia y estamos habituados a que esto. No nos sorprende, estas son cosas que acompaño en el consultorio y en la vida cotidiana, que no están lo suficientemente cuestionadas”, sigue Crisalle.
Tampoco se trata de negar la posibilidad de armar una nueva familia ensamblada, sino de tener cuidado con los tiempos, las necesidades de los niños, la posibilidad de incorporar de forma paulatina nuevos afectos.
“Creo que en esta novela del verano hay algo de morbo, que nos toca porque lo vemos todo el tiempo, y en realidad no cuestionamos cuando hay altísimos niveles de conflictividad en los divorcios que tenemos cerca. No hay nadie en el contexto que pueda poner un límite”, sigue la especialista.
Lo pasado, pisado y lo nuevo es mejor
Considera que son situaciones cotidianas: “Me ha tocado acompañar situaciones tremendas".
La especialista ve en su consultorio cómo se "romantizan las parejas nuevas, que son maravillosas" y se demonizan las anteriores. Así, la madre (o el padre) que esa persona le dio al niño pasa a ser "un horror”.
Como psicóloga, asegura: “Tenemos que pensar en qué necesita ese niño y por qué tiene que verse obligado rápidamente a darle lugar a una persona nueva”.
Y se plantea otra dificultad de las personas (no tan) adultas en esta época de redes sociales, que es “no poder regular de ninguna manera los odios, y que los pibes queden como rehenes. No es novedad, es muy frecuente. En muchos vínculos, ningún adulto puede poner este límite de decir que es un horror lo que hace la otra parte, y parar, para no revictimizar a los niños”.
Sí señala que la exposición pública es “infernal, de una dimensión espantosa”, pero también asegura que “está muy aceptado, incluso suele pasar que se vuelven a armar núcleos familiares inmediatamente, como si fueran iguales a los anteriores”.
Crisalle considera es que “en términos de cuidado, las personas adultas están para acompañar a los pibes a atravesar lo que sucede en la vida, pero debería ser sin agregarles experiencias innecesarias”.