Carlos Seimandi tiene 67 años y fue baleado en el abdomen durante un violento asalto dentro de su negocio de barrio Barranquitas. El jueves por la noche recibió el alta médica del hospital Cullen y ya se instaló detrás del mostrador para seguir vendiendo carne. Pero se tomó unos instantes, se paró detrás de un cartel que escribieron sus nietos y contó por Aire de Santa Fe cómo ocurrió el violento asalto.
Carlos está acostumbrado a trabajar pero también está habituado a convivir con los delincuentes, porque relata un asalto con la misma naturalidad con que atiende al público. Ayer estaba atendiendo a un cliente casi en el horario de cierre cuando llegó otro que le contó que venía de Buenos Aires al cumpleaños de su madre y que quería llevar una cantidad importante de asado de ternera. Pero Carlos con su ojo clínico desconfió y pensó que ese cliente le iba a pagar con dinero falso. Entonces preparó el pedido y lo dejó detrás del mostrador esperando cobrar. Fue en ese momento en que el delincuente enloqueció.
"Dame la plata o te tiro" le dijo el ladrón. Carlos se negó y el delincuente pasó detrás del mostrador y a quemarropa le disparó con un arma de fuego. Sintió una quemazón, pero supo que la bala había rebotado.
Después disparó otra vez, sacó la plata de la caja -menos de $50.000, el equivalente a seis kilos de carne- y se fue. Allí quedó el carnicero herido que posteriormente fue trasladado al Hospital Cullen. Carlos está casado hace 42 años con Mirtha, quien también fue testigo del asalto. Tienen cuatro hijos y siete nietos. Carlos volvió a trabajar esta mañana pero Mirtha se quedó en su casa porque no se sentía bien. El carnicero, que trabajó toda su vida, sabe que con la jubilación no alcanza para subsistir y que la carne que tiene en el comercio se echa a perder así que hoy llegó a trabajar, se puso delantal y barbijo y empezó la jornada como un día más.
"Zafé de otra peor de esta, en 2007 me apuñalaron en la pierna y me cortaron el nervio ciático. Hay que seguir trabajando, no queda otra porque con la jubilación no alcanza", agregó resignado.
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La carnicería de Carlos está en avenida López y Planes y Juan del Campillo, a una cuadra y media de la Comisaría Sexta. El comerciante conoce el barrio Barranquitas como la palma de su mano y tiene en claro que los dueños de los negocios tienen que cuidarse a sí mismos de los delincuentes. "Acá cuando andaba la policía Comunitaria era mejor pero ahora pasa el patrullero cada tanto y eso no alcanza para nada", cerró.
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