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Sociedad violencia de género | Carlos Monzón | femicidio

Carlos Monzón, un símbolo de la sociedad que queremos dejar atrás

El femicidio de Alicia Muñiz, perpetrado por el excampeón mundial de boxeo en 1988, significó un punto de inflexión en la lucha feminista en Argentina: el revuelo social que generó permitió avanzar hacia la comprensión de que la violencia de género, lejos de ser un tema privado, es una problemática de índole pública a la que el Estado debe dar respuesta.

La serie de ficción televisiva que aborda la vida del exboxeador Carlos Monzón ha generado comentarios, polémicas y cientos de minutos de conversación en la pantalla chica y en las redes sociales. Días atrás, y con motivo del estreno del capítulo que relata el femicidio de Alicia Muñiz, crimen por el que el púgil fue condenado, el periodista deportivo “Tití” Fernández contó una anécdota estremecedora: “El día de la muerte de Alicia Muñiz, yo estaba con mi señora y con Julio Ricardo. Estábamos en el hotel Rívoli, en la avenida Luro, donde Monzón paraba porque le gustaba estar en el centro. A las 4 y media o 5 de la tarde estábamos haciendo el check-in cuando Monzón llegó de la playa con Alicia, y se notaba que estaba bastante tomado. Entonces, Monzón le grita al ‘Gallego’ del hotel Rívoli, ‘¡Gallego, dame whisky!’. En ese momento, Alicia le dice ‘Carlitos, ¿por qué no nos vamos a dormir, así descansás un poco, que esta noche tenemos otra cena con amigos? Después seguís tomando’. Monzón le pegó una trompada tremenda en la panza… Estábamos al lado, y nos asustamos mucho porque el tipo ya tenía fama de violento. Esa misma noche fue cuando se produce la muerte de Alicia Muñiz“, confesó “Tití” en Bendita TV, ciclo de Canal 9.

¿Alguien se imagina hoy en día a Leo Messi golpeando a Antonela Rocuzzo en público, sin que nadie se digne a intervenir y sin que el hecho trascienda mediáticamente hasta el último rincón de Indonesia? Claramente, no. Por supuesto que Messi es sólo un ejemplo para invitar a la reflexión, estableciendo un paralelo entre un ídolo deportivo y otro, ambos argentinos y mundialmente famosos: el ídolo del Barça tiene un historial impecable y jamás demostró ni un atisbo de agresión hacia su esposa ni a cualquier otro miembro de su familia.

Que hoy una escena como la propuesta en el párrafo anterior resulte impensable es resultado de más de tres décadas de lucha feminista en Argentina, y el femicidio de Alicia Muñiz por parte de Carlos Monzón fue uno de los puntos de inflexión en este proceso. Fue el primer femicidio que se discutió públicamente, la primera vez que socialmente se reconoció que las mujeres son víctimas de una modalidad especial de violencia, aquella amparada y motivada por una cultura patriarcal y machista, que considera al hombre -particularmente al hombre occidental, cisgénero y heterosexual- superior a las identidades femeninas y feminizadas. Una cultura que, en pos de la igualdad entre seres humanos, debe ser superada y desterrada.

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Carlos Monzón junto a Alicia Muñiz

Carlos Monzón junto a Alicia Muñiz

Carlos Monzón era campeón mundial de boxeo, sí, pero también era un hombre violento. Esa violencia era vox populi pero se ocultaba, se perdonaba o se justificaba con tal de mantener en alto la figura del ídolo deportivo. No son pocos los testimonios que dan cuenta de esa realidad.

Susana Giménez, quien fue pareja del púgil durante cuatro años, fue entrevistada para el documental “Furia: las peleas de Carlos Monzón”, publicado por Space días antes de la serie. “Era muy, muy celoso, y eso era un problema. Yo trataba de no mirar nunca nada, iba por la calle así – N. de R.: cierra los ojos al hablar- porque a él no le gustaba nada que yo mire. Si había un alcohol de por medio le salía la furia. Cuando se retiró, empezamos a llevarnos mal. Él estaba cambiando y yo me dije ‘esto hay que terminarlo acá’. No lo tomó muy bien, pero lo tuvo que aceptar”, recordó Susana. Segundos después, interrogada sobre el crimen de Muñiz, respondió: “Fue un femicidio, como se dice ahora”.

No fue la primera vez que la “Diva de los Teléfonos” habló de la violencia que marcó su relación con el exboxeador: en octubre de 2018 dio una entrevista a la revista Caras en la que reconoció que él la había golpeado en Nápoles, en medio de un ataque de celos. “Carlos Monzón fue una pasión muy importante. Dio paso al amor, pero me tuve que abrir de su vida para no terminar como Alicia Muñiz“, sostuvo Susana en aquella oportunidad.

También Mirtha Legrand hizo público recientemente el relato de un episodio de violencia protagonizado por Monzón. “Era bravo cuando tomaba unos tragos de más. Todo esto que cuento es verdad, es histórico. Yo iba atrás con Susana y pasamos por un restaurante y Susana me dice despacito ‘aquí venía a comer con Sandro’, y él escuchó. Se puso muy violento. Empezó a pelear, a discutir y Daniel tuvo que calmarlo”.

Pero Susana y Mirtha no son las únicas que hablaron. En el documental referido, personas allegadas al exboxeador admiten sus reacciones agresivas. Roberto Paladino, quien fuera médico personal de Monzón, incluso afirma que “los boxeadores en general son mano larga, entrenan con las mujeres”, reproduciendo una vez más la estrategia de usar la costumbre como excusa para justificar la violencia.

En el contexto de una sociedad que normalizaba la violencia de género y que a sus ídolos les “perdonaba” todo, no fue fácil avanzar en el esclarecimiento y la condena del femicidio de Muñiz. Alicia Ramos Fondeville, la jueza que presidió el Tribunal que condenó al exboxeador, habló con Aire de Santa Fe el 14 de febrero de 2018, al cumplirse 30 años del crimen. La presión social que pugnaba por la impunidad de Monzón era enorme. “Pensaban que tenía que ser absuelto por su condición de deportista. Pero otros creían que había que sentenciarlo como a un ciudadano común”, contó la exmagistrada y agregó: “Fue condenado por unanimidad. El juicio fue clarísimo. Cuando desfilaron los peritos y mostraron los daños que había hecho Monzón sobre el cuerpo de Alicia, quedó claro lo que había ocurrido”.

El púgil fue sentenciado a 11 años de prisión, una pena que cumplió a medias. Rufino Cabrera, sparring y amigo del deportista, confiesa en el documental que “Monzón tenía salida libre de Las Flores. Salía lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo. Tenía su auto en la cárcel y salía cuando quería“. En una de esas salidas fue que encontró la muerte, manejando alcoholizado a alta velocidad por la Ruta Provincial N° 1 el 8 de enero de 1995.

Para entonces, algo había empezado a cambiar en la sociedad argentina. “Tras el juicio, las mujeres se animaron a denunciar más. La misma Alicia Muñiz, había hecho denuncias, pero no había recibido respuestas. Después este caso, se crearon las comisarías de la Mujer, que reciben todos los casos de violencia de género. En Mar del Plata han sido muy efectivas”, destacó Ramos Fondeville.

Tras el crimen de Muñiz y la condena a Monzón, los femicidios y la violencia de género ya no volvieron más al closet de la “vida privada”, sino que poco a poco se asumieron como lo que realmente son: una problemática de índole pública a la que el Estado debe dar respuesta. No fue un camino fácil para las mujeres que lideraron esa lucha. A menudo fueron hostigadas, ridiculizadas o perseguidas.

En Santa Fe, desde 2005 las agrupaciones feministas cada 25 de noviembre -Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer- marchan hasta la estatua de Carlos Monzón ubicada al final de la Costanera para homenajear a Muñiz, para recordar que las personas somos únicas e indivisibles -que no se puede “separar” al deportista del femicida-, para que ya no idolatremos criminales y para que nunca más miremos para otro lado frente a la violencia de género. La figura, la historia y la estatua de Monzón son un símbolo de la sociedad que queremos -y debemos- dejar atrás.

Primera “Marcha de las Novias” frente al monumento a Monzón, 25 de noviembre de 2005

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