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Sociedad Akamasoa |

Akamasoa: la historia del santafesino que lo dejó todo para ayudar a otros a vivir con dignidad

En una charla familiar de sobremesa llega esta historia a mis oídos. Un joven santafesino, nacido en una familia donde nunca faltó nada, decide dejar la empresa familiar y dedicarse a ayudar a los más necesitados. Inmediatamente, quise saber de él.

Gastón Vigo Gasparotti es el fundador de Akamasoa Argentina, una obra humanitaria con más de 500 voluntarios que trabajan en pos de poner de pie a los más débiles de la sociedad con trabajo, educación y disciplina.

En sus cortos 36 años, Gastón lleva un largo camino recorrido. Es autor de seis libros, licenciado en Administración de Empresas, doctor en Economía y magíster en Economía Política. Más allá de los títulos prefiere definirse a sí mismo como una persona que elige vivir sin ignorar el dolor del otro, haciendo las cosas como tienen que ser, de acuerdo a sus valores e ideas.

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Gastón Vigo Gasparotti, es autor de seis libros, licenciado en Administración de Empresas, doctor en Economía y magíster en Economía Política.

Gastón Vigo Gasparotti, es autor de seis libros, licenciado en Administración de Empresas, doctor en Economía y magíster en Economía Política.

“Busco todos los días ser íntegro, lo cual implica hacer lo correcto cuando nadie me ve. Gasto mi vida por los demás, no distingo entre lo personal y lo profesional o vocacional. Vivo feliz entregado a mi tarea, teniendo también que pasar muchos dolores en esta lucha sin tregua”.

Un hombre para los demás

Nació en la ciudad de Santa Fe y se formó en el Colegio de la Inmaculada Concepción, donde el papa Francisco fue maestro. El lema de la escuela es: “Ser hombres para los demás”; y eso es lo que Vigo Gasparotti trata de ser. En la vida fue pasando por diferentes etapas. De chico era introvertido; luego se refugió en los libros y el deporte. El colegio lo llevó a misionar y eso le mostró otra realidad.

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“En casa mis viejos me dieron dos ejemplos que me marcaron a fuego, por un lado, mi madre, quien cuando tocaban la puerta para pedir limosna, siempre nos decía: «Le llevas algo para comer, pero lo invitás a hacer la tarea con vos». Eso rompe barreras. Y mi padre que cuando nos quejábamos de tonterías respondía: «¡Cómo se nota que han tenido mucho y no les ha faltado nada!». Él aspiraba a la excelencia, no quería escusas sino resultados. Nos incentivaba a poner los ideales por encima de los intereses. Gracias a ellos me fue más fácil dejarlo todo y vivir entre los pobres”, contó a AIRE.

Akamasoa significa buenos amigos

Gastón fundó una comunidad en Lima, Zárate, provincia de Buenos Aires, donde están construyendo casas, huertas, escuelas y hospitales. “Elegí Lima porque el 40 % de la pobreza del país se concentra ahí. Son las mismas familias y voluntarios quienes con sus manos edifican hogares dignos que son repartidos de acuerdo al mérito”.

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Desde los 16 años Gastón sentía la necesidad de comunicar sus ideas a través de cartas a los diarios, y más tarde en los libros que escribió sobre San Martín, desnutrición y la pobreza. La desnutrición infantil lo sublevó, ya que si un chico no es nutrido y estimulado en su primera infancia puede tener múltiples problemas de toda índole. Ahí dejó todo y se dispuso a trabajar. “Una vez recuperado el niño de la desnutrición, me fueron surgiendo preguntas encadenadas: ¿a qué escuela va a ir?, ¿sus padres trabajan?, ¿en qué condiciones viven? Es muy difícil salir de un entorno que parece de la edad de piedra, y entonces me topé con la obra del padre Pedro Opeka en Madagascar”.

Gastón viajó a África para aprender y trabajó al lado de un hombre ejemplar que marcó su vida para siempre. Para el padre Pedro cualquier tema es de su incumbencia, sirve hasta el final. Con un entusiasmo contagioso trajo Akamasoa a la Argentina. “En enero próximo serán 5 años desde que arrancamos la obra”, agregó.

Aprendizajes del alma

La lucha contra la pobreza tiene momentos muy complejos, pero a Gastón lo gratifica saber que hace todo lo que está a su alcance para mejorar la situación. “Debemos ponernos en manos de Dios y fluir con la vida sabiendo que hay un plan mayor. Ahí es cuando la fe se manifiesta mejor, donde uno siente que no lo puede controlar todo”, afirma.

Del diario trabajo de servir al prójimo, ha obtenido grandes aprendizajes que desea compartir: “Que el pasado de un ser humano no es su destino. Que ninguna herida es tan profunda como para predestinarte a un presente y a un futuro ineludible. Que siempre hay posibilidad de revancha”.

“Puedo asegurar que cuando a una persona le prendes los motores de la dignidad, le haces abrazar el trabajo, la educación y la disciplina. Cuando le enseñas a poner límites y cuáles son sus derechos y obligaciones; se enciende y es dinamita. Ahora, cuando le das todo lo contrario, lo haces dependiente”.

La pobreza le ha enseñado que la resistencia del ser humano es infinita. “Veo gente de pie todos los días y no sé cómo lo hacen. Atraviesan el dolor y encuentran un sentido en su interior y no tanto en el afuera. Ese fuego lo veo cuando uno se compromete con la tarea hasta el final y no los abandona”.

En lo personal Gastón logró llegar a un estadio superior a la felicidad, que es la paz. “Trato de buscar una combinación entre sacar lecciones del pasado, no angustiarme por el futuro y disfrutar del presente sabiendo que todo es transitorio, nada es definitivo, ni los dolores ni las alegrías”.

Consejos de un servidor

A quien quiera dedicar su vida a los demás, Vigo Gasparotti recomienda que sepa que va a “servir, no va a servirse; que servir es incomodarse. Debe tener disciplina para hacer todos los días lo necesario, aunque no tenga ganas. Hay que tener fuerza, coraje y alegría. Aprender a perdonar, olvidar y continuar”.

“A quienes tienen en sus manos las posibilidades de cambiar las cosas para bien, les digo que habrá un tiempo en que la sociedad va a empezar a evaluar los resultados y no las intenciones. El pedido de dignidad ya está emergiendo de los sectores más empobrecidos hacia los sectores más elevados. Cuando a tu país le va mal y la cosa se vuelve crónica, tenemos que entender que esto no lo soluciona un grupo de personas, lo soluciona la sociedad toda, discutiendo maduramente los temas hasta el final. Estudiando y ejecutando prácticas que sirvan. Vamos a evolucionar como sociedad si cada uno en donde esté, da lo mejor de sí mismo para los demás”, cerró Vigo Gasparotti.

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