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Sociedad

Adiós al pesebre del rock nacional: cierra La Perla del Once

Para explicar lo que significa el cierre de la esquina de Rivadavia y Jujuy, basta hacer un paralelismo y una placentera herejía e imaginar a nuestro querido rock nacional como un pesebre viviente: el niño Jesús, en este caso, sería la canción “La Balsa”, en la piel de San José y la Virgen María estarían Litto Nebbia y Tanguito y el establo donde se produjo el nacimiento sería nada más y nada menos que el baño de hombres de La Perla del Once, el mítico bar haciendo cruz a Plaza Miserere donde nuestros acordes rabiosos vieron la luz.

Tristemente, a poco de que se cumplan 50 años de esa magnífica concepción –cuenta la leyenda que Litto y Tanguito la compusieron el 2 de mayo de 1967– se conoció la noticia del cierre definitivo del reductorockero por excelencia.

El local fue vendido a la cadena de pizzerías La Americana, quién este fin de semana cerrará sus puertas para reabrirlas en un mes con su fachada, cara, nombre y espíritu totalmente reformado. Ya no será más La Perla del Once.

Aunque fue nombrado de Interés Cultural para la Ciudad en 1994, poco y nada se sabe qué pasará con esa cultura que, hasta el día de hoy, tanto interesaba al gobierno porteño: ¿Dónde irán  a parar esas innumerables fotos autografiadas por todas las luminarias de nuestro rock? ¿Dónde terminarán los recuerdos? ¿A dónde fue a parar la memoria?

En La Perla recaló un grupo de músicos jóvenes que venían de La Cueva, un reducto de jazz ubicado en la avenida Pueyrredón al 1700, donde se vivía el ambiente bohemio y musical de la época.

Además de Nebbia y de Tanguito, fueron figuritas habituales entre sus mesas Miguel Abuelo, Alejandro Medina, Javier Martínez, Pipo Lernoud,Moris, Ciro Fogliatta, Pajarito Zaguri, Hernán Pujó y Miguel Grimberg.

Y no sólo “La Balsa” fue compuesta en la mítica esquina de Rivadavia y Jujuy, también nacieron canciones como “Jugo de tomate frío” y “Todo el día me pregunto“, hechas por Javier Martínez de Manal; y “Madre escúchame“, “El vagabundo” y “El rey lloró” de Los Gatos.

“No sabemos nada, ni las causas ni cómo quedará el local después de las reformas. Nos enteramos cuando la venta ya estaba concretada, nos reunimos con los nuevos dueños y ellos aseguraron que mantendrán a todo el personal respetando la antigüedad”, contó una empleada del local a Clarín. Y agregó: “Ojalá conserven la identidad del lugar, pero es algo que nadie nos dijo. Tampoco sabemos si seguirá habiendo shows”.

Es que La Perla del Once antes de ser cuna del rock, fue refugio de grandes escritores y exponentes de nuestra literatura durante la década del ’20: hace casi 100 años atrás, figuras de la talla de Jorge Luis Borges,Xul Solar, Raúl Scalabrini Ortiz y Leopoldo Marechal frecuentaban ese cafetín no precisamente por la acústica de ese baño azulejado como años más tarde lo harían Nebbia y Tanguito sino por la figura mítica deMacedonio Fernández.

Este escritor y filósofo con espíritu y accionar vagabundo realizaba largas charlas y debates en el bar del Once, donde los temas recurrentes eran la metafísica, la filosofía y deber del Hombre ser humano.

Según Borges, bastaba saber que el sábado llegaría aquella reunión con Macedonio para justificar el resto de la semana.

Una década más tarde, fue otro gran literato de nuestras tierras el que engalanó las mesas de La Perla: un joven Julio Cortázar asistió en varias oportunidades luego de sus clases en la Escuela Normal Mariano Acosta, y cuenta la leyenda que casi siempre estuvo escribiendo algo, inmerso en el bullicio del lugar, adornando sus primeros textos con ese aroma a café.

Fuente Big Bang News

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