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No es sólo tu problema: redes sociales y adicción, un diseño para que no puedas parar

Gabriel llegó a pasar 16 horas por día frente a la computadora. Hoy entiende cómo las redes sociales retienen y por qué cada vez son más adictivas.

¿Cuántas veces decimos “un video más y me duermo”? Las redes sociales son como una aspiradora de tiempo, y eso no es inocente. Están creadas para generar adicción. Lo sabe Gabriel, que forma parte del grupo de ayuda mutua Adictos a Internet y la Tecnología Anónimos (ITAA). “No podía parar”, cuenta.

Y todo empeoró en la pandemia, cuando pasaba 16 horas diarias frente a las pantallas.

“Encontré ayuda después de buscar mucho tiempo. Yo ya sabía que tenía un problema hace como 15 años, empecé a notar que tenía un problema de ciertos comportamientos en la computadora que no podía parar”, rememora Gabriel. Ese no es su nombre real, pero una de las condiciones de ITAA es, justamente, el anonimato.

“Llegué a ITAA porque venía buscando sucesivamente ayuda, pero no encontraba, o los profesionales no sabían o no era suficiente, porque esta es una adicción muy compleja, con muchos trucos y muchas formas”, sigue Gabriel.

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Dejar de usar la computadora no es una opción. “¿Y cómo hago para no usarla?”, es la pregunta.

Adictos a Internet y la Tecnología Anónimos es un grupo de 12 pasos inspirado en Alcohólicos Anónimos. “Busca que entre los adictos nos ayudemos a salir de estos comportamientos compulsivos, y al principio también sirve mucho para la vergüenza”, sigue el relato.

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La adicción a redes sociales se puede enmascarar porque todo el tiempo necesitamos usar la tecnología.

La adicción a redes sociales se puede enmascarar porque todo el tiempo necesitamos usar la tecnología.

Antes de encontrar el grupo, cada quien siente que es un problema personal. “Sentía que lo mío era lo peor del mundo y que yo era el peor, descontrolado. Y no se lo podía decir a nadie, porque cualquiera te dice que no tenés autocontrol”.

En una adicción, agrega, “lo que se enferma es la voluntad y uno pierde la libertad y la voluntad. Entonces, eso es una cuestión grave y en la que uno se puede engañar a sí mismo, porque siempre está la ilusión de control”.

Adicción y control

La idea de control es, justamente, una de las trampas más persistentes. Gabriel empezó con un problema con los sitios para adultos. “Básicamente es lo mismo, todos están diseñados alrededor de los mismos procesos de adicción”, dice.

—¿Cuándo notaste que era un problema y no algo cotidiano?

—Me di cuenta de que era un problema cuando no podía parar. Se manifestaba cuando me ponía a leer muchas cosas en internet o pasaba mucho tiempo en Facebook, en ese momento. Antes de eso era con los videojuegos, pero eso no había sido tan problemático.

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Gabriel tiene 40 años. Desde que surgió el acceso a internet por banda ancha, supo que había un problema. “Empecé a buscar información, a ver cómo lo podía controlar, y ya había en ese momento ciertos estudios de que, por ejemplo, los sitios para adultos eran adictivos, que era el mismo proceso que las adicciones a las drogas o como la ludopatía”.

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La adicción a redes sociales es considerada la más importante del siglo XXI.

La adicción a redes sociales es considerada la más importante del siglo XXI.

Esa es la comparación que mejor lo explica. “Esto es lo más parecido a la ludopatía, porque es una adicción que no es una sustancia, sino una adicción a un comportamiento que da mucho placer”.

—¿Qué cosas dejabas de hacer por estar ahí?

—Y… muchas cosas, desde comer, hacer mis obligaciones, posponer, posponer y decir, “Bueno, ahora hago esto, esto, después lo pateo”. Y era como un agujero negro que se chupaba un montón de tiempo de mi día. Y no avanzaba con mis cosas.

Para Gabriel, una de las trampas era creer que estaba haciendo algo “productivo”, como leer. Pero eso lo mantenía más horas frente a las pantallas.

“Lo más peligroso era que a veces lo podías justificar, porque si alguien se la pasaba jugando videojuegos, vos decías: tenés un problema. Pero si estás en redes sociales, leyendo distinta información, uno se puede engañar a sí mismo”, continúa Gabriel.

Un diseño deliberado

Por eso, y por los usos sociales que hoy tienen los dispositivos tecnológicos, es una adicción que puede pasar desapercibida. “Alguien puede decir que está leyendo mucho, que está con amigos en las redes sociales, que está descansando, que está aprendiendo y el contenido puede ser bueno, pero está metido dentro de una plataforma adictiva y el objetivo de la plataforma es que vos pases el mayor tiempo posible”, sigue desde su experiencia.

Ese diseño no es casual. Las colas de video que ofrece YouTube y los videos cortos que comenzaron en TikTok y se extendieron a todas las redes son formas de enganchar a las personas usuarias. Con toda la información disponible de cada perfil, el algoritmo ofrece exactamente lo necesario para que sigan allí.

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Una paradoja es que Gabriel encontró también esa información en internet. Así supo cómo están diseñadas las plataformas, qué patrones usan y que copian mecanismos de los casinos.

Supo también del refuerzo impredecible intermitente, un descubrimiento del psicólogo conductista estadounidense Burrhus Frederic Skinner.

“Se usa, por ejemplo, en las máquinas tragamonedas. Vos tirás la palanca, no sabés si vas a ganar o no. Y ese mismo comportamiento es el que usan las redes sociales, para que vos escrolees, no sabés si te va a salir algo interesante o no”.

La conclusión es clara: “El objetivo de diseño de YouTube y de las redes sociales es que vos pases la mayor cantidad de tiempo posible”.

Para eso, usan gran cantidad de recursos. “Hay mucha plata para pagar investigaciones, psicólogos, expertos en marketing para que esto esté cada vez más perfeccionado”, afirma.

La responsabilidad judicial

Ese modelo empieza también a ser cuestionado en la Justicia. El 25 de marzo, el Tribunal Supremo de Los Ángeles condenó a Meta (propietaria de Instagram, Facebook y WhatsApp) y a YouTube a pagar 3 millones de dólares por haber perjudicado a una joven, hoy de 20 años, con el diseño adictivo de sus plataformas.

—La condena en Estados Unidos es importante porque deja de manifiesto la responsabilidad de las plataformas, porque se tiende a poner toda la responsabilidad en el individuo.

—Actualmente, se hace un paralelismo con lo que pasó con el tabaco en los años 90. O sea, las empresas tabacaleras ya sabían desde los años 60 que la nicotina era adictiva. Y buscaban cómo hacerla más adictiva todavía. Eso salió a la luz en juicios muy importantes y las empresas cambiaron completamente cómo funcionaba la industria. Se pusieron prohibiciones de anuncios a los jóvenes, de fumar en espacios cerrados, cambió todo el mundo. Fue como un punto de inflexión.

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—¿Y cómo llegaste a Adictos a Internet y la Tecnología Anónimos?

—Llegué en la pandemia, cuando vi que ya se había salido completamente de control, porque antes las rutinas externas que yo tenía me hacían frenar un poco, porque salía de mi casa, tenía otras actividades. Pero, cuando llegó la pandemia, ahí se hizo evidente que estaba 16 horas por día y creció exponencialmente, porque muchas cosas que antes se hacían en persona ahora se hacían con la computadora. Entonces, es como una espada de doble filo que tenía que usar para todo.

Cualquier persona que se sienta identificada con este relato puede buscar ayuda. Porque, aunque muchas veces se naturalice, se trata de una adicción atravesada por diseños pensados para capturar tiempo y atención. Hay reuniones presenciales en algunas ciudades, pero también está la posibilidad de participar de encuentros online a través de Adictos a Internet y la Tecnología Anónimos (ITAA) y compartir la experiencia para recuperar autonomía y capacidad de decisión.