Este jueves, el Concejo Municipal de la ciudad de Santa Fe aprobó una ordenanza a través de la cual se designarán una serie de calles y pasajes con nombres elegidos por sus vecinos. La iniciativa es del edil Guillermo Jerez quien recuperó sus voces y el deseo de formalizar los nombres de sus calles y reforzar la identidad del barrio.
En diálogo con AIRE, el concejal Jerez explicó que después de dos años, la iniciativa pudo ser tratada en el Concejo, ya que “este año se reunió la Comisión de Calles y evaluó el tema". Asimismo indicó que "que las calles no tengan identificación ya sea con nombre o numeración, impide el acceso a servicios básicos".
La identificación de las calles es de suma importancia para la provisión de servicios como agua, luz, internet y el correo, entre otros. Cabe destacar que desde hace tiempo, de manera informal, los vecinos del barrio nombraban las calles y sus pasajes, sin embargo, se requería una formalización de ello para, por un lado, fortalecer la identidad del barrio y, por otro, la accesibilidad a servicios al tener cada vivienda una nomenclatura.
Estos son los nombres elegidos para las calles:
- Padre Atilio Rosso (57.25)
- Los Alisales (PLCA S/N 92.85)
- Fe (PLCA S/N 61.20)
- Las Piedras (PLCA S/N 61.70)
- La Palmera (PLCA S/N 63.20)
- Jorge Moncada (PLCA S/N 63.50 B)
- J. B. Azopardo (96.00)
- Padre Quiroga (94.00 A)
- A. Aguado (92.00)
Estos son los nombres elegidos para los Pasajes:
- Giacchino (PLCA S/N 67.50)
- Liberación (PLCA S/N)
- Don Nono (PLCA S/N 65.50)
La historia de Villa Oculta
El barrio, también conocido como “Padre Atilio Rosso”, fue creado hace 80 años, con la llegada de un pequeño grupo de familias que se dedicaban a la ganadería y cría de animales. Al tiempo, se fue poblando de más familias, por lo que el espacio para el criadero se fue reduciendo, lo que implicó que muchas familias comiencen a trabajar del cirujeo.
En 1990 se comenzó a trabajar en la “casita Padre Catena”, que se encontraba en la entrada principal, al lado de la vía. En ese momento vivían 30 familias, las cuales no tenían los servicios básicos garantizados. Para el año 1994, con el movimiento Los Sin Techo, comenzó una labor comunitaria que ayudó a las familias con sus viviendas.
Desde entonces la organización de los vecinas fue cada vez más constante, logrando así el reconocimiento de distintos derechos.
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