Las tormentas de esta semana, que acumularon más de 130 milímetros, expusieron los problemas de mantenimiento en la red de desagües, las estaciones de bombeo y las defensas de Santa Fe y Rincón. Confirmaron el riesgo que implica la intrusión -de toda clase social- sobre terraplenes, taludes y reservorios. Y también fueron un buen "testeo" de lo que puede suceder al final del verano y a comienzos del otoño si se apila esta triple secuencia: río en creciente, "napas" altas y lluvias significativas.
Un relevamiento de AIRE, que se realizó durante la última semana, detectó que hay estaciones con las bombas vandalizadas y rotas, viviendas en el talud del terraplén, montes de aromitos que crecieron en la pendiente de la defensa y cientos de familias que levantaron sus casas en medio de los reservorios y que ahora tienen dificultades por el agua que se filtra por debajo de un terraplén en el que hace años se “usurpó” el canal de guarda.
Es una enumeración repetida desde años, conocida por los funcionarios, denunciada por los vecinos y hasta publicada en los medios, pero que sigue castigando a los más de 100 kilómetros de terraplenes que defienden la ciudad y los barrios costeros de las crecientes en las cuencas de los ríos Paraná y Salado.
En la ciudad de Santa Fe, los funcionarios hídricos que asumieron con el intendente Juan Pablo Poletti -encabezados por Felipe Franco- tienen un diagnóstico de los trabajos de mantenimiento que necesitan y es una buena noticia la declaración de la emergencia hídrica -a nivel municipal y provincial- para contar con los fondos que permitan licitarlos rápidamente. También, las bombas y recursos que aportó el gobierno provincial para "recuperar" capacidad de bombeo en Santa Fe, Santo Tomé y otras localidades.
¿Cuáles son los problemas que enfrentan? Van sólo algunos ejemplos. En el límite norte de Santa Fe, es fundamental recuperar la instalación eléctrica de la estación de bombeo 6 en la Circunvalación Oeste, volver a limpiar el desagüe Roca y el reservorio de la estación de bombeo 10, que este jueves funcionaba el segundo sistema de bombas y custodia policial.
El desagüe Roca, al igual que el canal Las Mandarinas, es clave para contener los excedentes hídricos y conducirlos hacia los reservorios de la laguna Setúbal. Este desagüe necesita mantenimiento por la acumulación de vegetación y también el reservorio.
El mismo problema es mucho más grave en el canal Las Mandarinas, que está en jurisdicción de Monte Vera pero es estratégico para el norte de la ciudad de Santa Fe, porque cuando llueve con intensidad “ataja” los excedentes hídricos y los lleva a la Setúbal. El canal está tan tapado de malezas y árboles que por momentos es difícil verlo. Parece un monte. Y en la salida a la laguna, en el Chaquito, está a medio desmoronar uno de los laterales de la boca.
Un párrafo aparte merecen los nuevos terrenos que se levantan en pleno reservorio, a partir de rellenar con escombros, tirar tierra encima, poner unos postes y construir una vivienda. Lo mismo pasa a los costados de la calle de acceso a Alto Verde: Demetrio Gómez.
Colastiné Norte, Rincón y el riesgo del efecto palangana
Un punto especialmente vulnerable, frente a la probabilidad de lluvias intensas en febrero, marzo y abril, son los barrios de Santa Fe y Rincón que están dentro del anillo de defensas. El problema es el efecto palangana: aunque todos los terraplenes resistan una eventual crecida, el riesgo es que las precipitaciones no “escurran” en suelos con “napas freáticas” -acuíferos superficiales- saturadas de agua.
Es el escenario hídrico que enfrentaron los vecinos de Colastiné Norte y Rincón en abril del 2016, cuando no tuvieron más remedio que dejar sus autos cerca de la Ruta Provincial 1 y caminar hasta sus casas en el momento más crítico de los 22 días consecutivos de lluvia.
Al igual que en el canal Las Mandarinas, en los desagües de Colastiné Norte y Rincón hay tramos tapados de vegetación, bocas obstruidas con arena, malezas y hasta basura. El desagüe y canal Bonsembiante en Rincón, es un buen ejemplo del estado de una red que requiere mantenimiento frecuente porque hay mucho material suelto en estos barrios: arena, restos de poda y malezas. Pero en Colastiné Norte hasta en los desagües de cemento se acumularon malezas (Los Jazmines).
El anillo de la costa santafesina
El tramo de la defensa de Rincón que va desde calle Saavedra, sobre la costa del río Ubajay, hasta el callejón Acería es un buen ejemplo de todo lo que no hay que hacer en un terraplén.
En la primera parte, circulando desde el norte y antes de la estación de bombeo 3 (La Boca), hace años que creció un bosque de aromitos en el talud húmedo de la defensa (el lado que da al río). Es un claro indicador de que hace años que nadie desmaleza. Cuando hay creciente, los árboles suelen ser arrastrados -o se caen- y con las raíces pueden dañar la defensa. Del otro lado hay viviendas que se radicaron en el talud seco del terraplén y en el reservorio.
Hace diez días que las filtraciones son una realidad para los vecinos que viven en el barrio Los Espinillos, una de las zonas con cota más baja de Rincón. Con la arena que les trajo el Municipio, colocaron bolsas para poder caminar entre las viviendas.
En todo el tramo que va hasta la vieja acería, el canal de guarda del terraplén, que tiene la función de captar las filtraciones que se producen por debajo de la defensa cuando hay crecida, hace años que se “evaporó” entre las cercas, corrales, chapas y hasta algunas piletas.
En la última parte, una vez que se deja atrás la vieja acería, las casas que están sobre el talud húmedo ya están inundadas. A los dos lados del terraplén, que hace años que se usa como una calle, hay viviendas y cada vez más familias viven en el reservorio del Garello.
En Rincón, también lo saben
A mediados de noviembre, un informe que realizaron los técnicos de la Secretaría de Obras Públicas, Servicios Públicos, Asuntos Hídricos y Ambiente de la Municipalidad de Rincón reconoció cada uno de estos problemas y sumó otros: los daños a las instalaciones eléctricas de las estaciones de bombeo (colocaron bombas suplementarias), la pérdida de nivel en el coronamiento del terraplén -la altura de la defensa- en distintos tramos, la presencia de cárcavas -son como grietas- y la acumulación de sedimentos y vegetación en los canales de guarda, entre muchas otras dificultades.
El Municipio envió el informe al gobierno provincial bajo el argumento de que “las posibilidades económicas y financieras” del gobierno local son escasas para afrontar las inversiones necesarias para solucionar estos problemas, pero también hay mucho trabajo por hacer en la red municipal de desagües, que parece “olvidada” en tramos importantes.
Las obras de mantenimiento comenzaron con El Niño encima
¿Qué obras de mantenimiento están en marcha? Hay dos importantes. En noviembre, empezó la primera etapa de la obra de reparación del sistema de defensas del Gran Santa Fe, con un presupuesto de $3.000 millones. La gestión Perotti le adjudicó la obra a la Unión Transitoria de Empresas (UTE) que conforman Coemyc, Cocyar y Angel Boscarino Construcciones. El plazo de ejecución es de seis meses.
En el otoño, la provincia puso en marcha la obra de recuperación del terraplén Garello, junto a la toma de agua de Santa Fe en el río Colastiné. Está a cargo de la UTE conformada por Mundo Construcciones y Pentamar. Es una obra relevante, porque es un punto de alta erosión hídrica, pero está en plena ejecución. Comenzó en mayo y el plazo de obra es de 12 meses.
Lo que preocupa es que las obras de mantenimiento empezaron con el fenómeno de El Niño encima, con el río en creciente y con un escenario climático de riesgo en el mediano plazo. Los próximos dos meses serán decisivos para profundizar los trabajos y llegar al comienzo del otoño con las defensas y los desagües mejor preparados.
“La obra hídrica es muy cara para dejarla venir abajo. Tiene que ser una política de Estado”, advirtió el ingeniero Héctor Bianchi, que recorrió una parte de las defensas y los desagües junto a AIRE. Es el exdirector del plan de desagües de la Costa, que elaboró el Instituto Nacional del Agua (INA), durante la gestión de Mario Barletta en la Municipalidad de Santa Fe.
Ese es el desafío, pero la realidad es que los distintos gobiernos -provinciales y municipales- hace décadas que tienen dificultades presupuestarias, de planificación y de gestión para mantener los más de 100 kilómetros de defensas, que sobre todo se construyeron entre 1994 y 1998, y la extensa red de desagües, reservorios y estaciones de bombeo.
Después de un largo ciclo de sequía, ahora la vara vuelve a estar muy alta y se vienen meses de mucho trabajo.
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