"Cuando me atacaron tenía una vela prendida con Mama Antula", le contó Schnell a Luis Mino, quien lo visitó en el negocio este jueves 6 de marzo.
El verdulero, que está por cumplir 81 años, aseguró que tiene dos cumpleaños: "El 29 de marzo, cuando nací; y el 10 de abril, cuando volví a nacer", sostuvo, haciendo referencia al brutal ataque ocurrido en 2024.
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"Me siento muy bien", celebró Hugo y afirmó: "El Cullen es un hospital maravilloso y lo más importante es que los médicos hicieron un trabajo de cirugía maravilloso, y un trabajo de resurrección".
Hugo Schnell y el milagro de Mama Antula
A los tres días de su internación, Hugo Schnell empezó a pensar que estaba vivo gracias a un milagro obrado por Mama Antula.
canonización mama antula
Fieles de todo el mundo, sobre todo de la Argentina, participaron de la ceremonia de canonización de Mama Antula.
Su contacto con la primera santa mujer del país fue dos meses antes del ataque a puñaladas. La esposa de Claudio Perusini (el santafesino cuya sanación fue señalada como el primer milagro de Mama Antula) se acercó a la verdulería y le dejó un folleto con la historia de la hoy canonizada.
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Hugo se aferró a la imagen y comenzó a prenderle velas rogándole por la salud de su esposa, que se deterioraba paulatinamente: "Tuvo neumonía, broncoespasmo, le hicieron una tomografía de los pulmones y estaban en muy mal estado".
Dos meses después, su fe se acrecentó: "Mi recuperación fue un milagro".
Cómo fue el ataque a puñaladas
El 10 de abril, el verdulero Hugo Schnell fue víctima de un brutal ataque en su comercio del barrio Guadalupe. Un delincuente le asestó 13 puntazos y seis puñaladas después de haberle robado el dinero de la caja registradora. A pesar de haberse hecho con el botín, el agresor no se detuvo y continuó con su violento accionar, hiriéndolo gravemente con el arma blanca.
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La imagen de Mama Antula acompaña al verdulero Hugo Schnell.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
Schnell intentó defenderse como pudo: sujetó el brazo del atacante para evitar que lo apuñalara en la vena yugular y luchó con todas sus fuerzas. Sin embargo, la pérdida de sangre lo debilitó y terminó resbalando en su propio charco de sangre antes de caer al suelo, mientras el agresor escapaba del lugar.
"El traslado al Cullen en ambulancia fue una carrera contra el tiempo. No respetaron ni un lomo de burro. El médico que me asistía le decía al conductor: 'Apurate que se me viene abajo'. Hasta que entré al quirófano estuve consciente, pero jamás imaginé que tenía el corazón perforado", relató en aquel entonces Hugo, con notable tranquilidad. Tras la cirugía de urgencia, una médica le explicó que había llegado con un coágulo que impedía que su corazón se expandiera correctamente, lo que agravó aún más su estado crítico.