Sobrevivir para salvar: el refugio santafesino que rescata a mujeres de la prostitución y la violencia
Hoy la Asociación Civil “Mujeres por los Derechos” funciona en una casita propia. Entre mates y charlas, aprenden una labor de la que pueden vivir.
La Asociación Civil “Mujeres por los Derechos” es una organización social ubicada en la ciudad de Santa Fe.
Elena Moncada transitó durante mucho tiempo en el mundo de la prostitución y pudo salir de esa oscuridad. Se considera una mujer resiliente de lo que vivió y no eligió. Escribió libros con su historia que luego se llevó al teatro. Fundó una Asociación de ayuda a víctimas de violencia y da charlas en las escuelas.
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Es sin duda nuestra heroína y la acompañan en este desafío otras valientes mujeres. Sobre ellas se trata esta nota que pretende poner una luz de esperanza y mostrar que con decisión y firmeza, se puede salir adelante.
Elena vivió en Buenos Aires, ejerciendo la prostitución y naturalizando la violencia. “Cuando estás siendo explotada sexualmente, tu cabeza se centra en conseguir dinero para que el fiolo no te pegue. Por otro lado, tu familia te dice que te escapes, pero a la hora de pedir plata, la piden, y una siente que ayuda con el cuerpo”.
Pero un día decidió parar. “Me ayudó mucho el nacimiento de mi nieto, ahí fue cuando dije: ‘basta para mí’; entendí que como persona tenía derechos y podía decir que no. Siempre vi la luz al final del túnel porque sabía que algo bueno iba a pasar”.
En el año 2009 funda en su casa la Asociación Civil “Mujeres por los derechos”, con el objetivo de rescatar a las personas de esa trata que está en la psiquis.
Al principio hacían recorridas nocturnas, pero los peligros de la calle las hicieron dejar. “Es complicado concientizar a las compañeras. Ellas exigen una política pública que no está. Nosotras lo único que podemos hacer es escuchar, abrazar y acompañar. Nos queremos mucho y tenemos la esperanza de que en el futuro, no haya gente que se prostituya”.
Hoy la Asociación funciona en una casita propia. Entre mates y charlas aprenden una labor de la que pueden vivir. “Hacemos textil, manualidades, reciclaje, neceser, almohadones que luego vendemos. Recibimos también a víctimas de violencia y las ayudamos, dándoles contención y apoyo. En estos años, más de 30 mujeres dejaron la prostitución”, afirma orgullosa Elena.
Ellas hablan: mujeres, violencia y prostitución
Roxana Soledad Barragán tenía 17 años cuando comenzó a prostituirse. “Era normal tener a alguien que te mande a trabajar y te saque todo el dinero”, relata. Luego, fue víctima de una red de trata. “Me soltaron porque mi familia tenía la ubicación de donde estaba. Tuve suerte, ya que me tenían vendida a España. Estando amenazada, pude irme de Santa Fe a Gualeguaychú, Entre Ríos. Ahí seguí prostituyéndome sola”.
“Me había acostumbrado al dinero que entraba todas las noches, pero el riesgo al que me exponía era muy alto. Lo más difícil de trabajar en la calle es tener que aceptar cualquier clase de situaciones perturbadoras que te piden. Ni hablar de las enfermedades que podés contraer. Hacerlo por necesidad es lo peor; según expertos, el nivel de trauma que te genera es similar a quienes estuvieron en una guerra”, explicó.
Con el deseo de dejar atrás esa vida, Roxana regresó a Santa Fe y buscó ayuda en la Asociación. “No fue fácil dejar, fue un camino duro ya que tenía que criar a mis hijos sola. Debí sortear barreras psicológicas, emocionales y económicas para correrme de ese lugar tan oscuro”.
“Con el grupo aprendí de derechos, a valorarme y cuidarme. Abrí la mente y pude desconectarme de la cruda realidad en la que estaba. Encontré un gran apoyo en este espacio y hace trece años que estoy aquí”, contó con orgullo.
Buscando ayuda, Roxana ha transitado tratamientos psicológicos y psiquiátricos. Es voluntaria de una Fundación de niños y está comprometida en la difusión de personas desaparecidas, víctimas de trata. “Siempre trato de ayudar a otras mujeres. Para salir de situaciones de violencia deben amarse a sí mismas, mirarse al espejo, abrazarse y decirse que no están solas, que hay otros caminos”.
Educar es la esperanza
Stella Maris Chalita es otra integrante del grupo. Su hijita fue abusada por su progenitor. “Acá nos escuchamos y tenemos un espacio único donde nos animamos cada una a exponer lo que vivió. Somos 15 mujeres que nos queremos mucho”.
Stella Maris hace hincapié en la educación en el hogar y en las escuelas. “Es necesario que alumnos y docentes reciban herramientas psicológicas. Los directivos deben atender al alumno que la está pasando mal con situaciones inapropiadas y tomar cartas en el asunto”.
Guadalupe Espíndola es viuda y tiene 7 hijos, uno de ellos en consumo y dos discapacitados. “Llegué colapsada a la Asociación por recomendación de una doctora, buscando un tiempo para mí. Encontré cariño, charlas y amigas; hoy puedo decir que este es mi lugar”.
Amarse a sí mismas
Elena insiste en que las mujeres sepan que son importantes. “Nos tenemos que reconquistar porque hemos atravesado mucho dolor. Nos enfocamos en que no somos nadie. Vamos al médico solamente a parir o a llevar a nuestros niños. Quiero que las mujeres se comprometan a trabajar en su autoestima y cuidado personal. Los procesos son personales, largos y dolorosos. Más de una vez pensamos: ‘volvemos a la esquina, total una mancha más al tigre que le hace’, pero ahí nos decimos basta, se acabó”.
Víctimas del consumo
Marcela Vallone integra la Asociación y afirma que en Santa Fe se ven cada vez más chicas y varones de distintas realidades sociales, prostituyéndose para drogarse. “El Estado no está presente para ellos, no hay políticas públicas concretas. Deberían evitar que esto pase y controlar la edad de las mujeres. Asistir en todo momento a las víctimas de violencia, pero no sucede así”.
La Asociación tiene su sede en calle José Díaz 3865 del barrio Villa del Parque. Necesitan voluntarios que hagan un acompañamiento en distintas situaciones. Con la venta de lo que producen, algunas donaciones, un bolsón y la tarjeta institucional, pueden subsistir y todo lo comparten.
A pesar de lo que han vivido, estas valientes mujeres quieren dejar un mensaje esperanzador a los santafesinos.
“Tengan fe en que se puede salir de la violencia y la prostitución, ya somos muchas las sobrevivientes. Esto tiene que terminar, debemos enseñar a nuestros hijos a respetar al otro, a no ver programas donde se denigre a las personas. Hay que hablar en el hogar de explotación sexual y consumo problemático, porque no sabemos a quién le puede tocar”.






