Mitigar los anegamientos con árboles nativos: el proyecto ambiental que transforma una plaza en Rincón
Un equipo de investigación de la UNL y el CONICET trabaja junto a vecinos para reducir el impacto de las lluvias intensas en una zona vulnerable. Utilizan forestación inteligente y monitoreo del suelo para mejorar la retención y el escurrimiento del agua.
Especies nativas funcionan como "bombas de agua".
Desde 2021, un proyecto interdisciplinario busca reducir los anegamientos por lluvias en el barrio Rincón Norte, en San José del Rincón. La iniciativa se basa en lo que científicamente se conoce como “soluciones basadas en la naturaleza”: en este caso, el uso de vegetación autóctona adaptada a zonas de humedal para mejorar la absorción y el drenaje del agua de lluvia.
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Virginia Venturini, docente e investigadora del CONICET y de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la UNL, explicó en diálogo con el programa 6 AM de AIRE que el trabajo se centra en una plaza del barrio, ubicada en una hondonada natural que actúa como reservorio cuando llueve. “El problema es que se inunda una parte importante del espacio y queda inutilizable. Entonces decidimos intervenir con forestación inteligente para acelerar el escurrimiento del agua y mejorar el estado del suelo”, detalló.
El equipo plantó especies como ceibos, sauces, álamos y aromitos, todos árboles nativos de la zona costera, que funcionan como verdaderas “bombas de agua” gracias a su capacidad de absorber humedad a través de las raíces y liberarla mediante el proceso de evapotranspiración.
Además, se realizó un relevamiento topográfico para modelar digitalmente el terreno y se instaló una perforación para monitorear los niveles de agua subterránea. “Con esto podemos observar cómo influye el crecimiento de los árboles en la retención del agua. No es algo inmediato, requiere tiempo, pero ya vemos avances”, explicó Venturini.
El proyecto también tiene una fuerte dimensión comunitaria. “Trabajamos codo a codo con los vecinos, hicimos talleres en sus casas y charlamos sobre el riesgo hídrico y la importancia de que no todo dependa del Estado. Hay un rol activo que podemos asumir desde lo local”, remarcó.
La experiencia ya está en su etapa final y apunta a convertirse en un modelo replicable para otros barrios suburbanos. “Esto es simple y económico. Solo requiere planificación y conocimiento. No se trata de plantar al azar, sino de pensar una forestación que funcione”, concluyó Venturini.





