En una tranquila tarde de domingo, el sol quemó como es costumbre en Santa Fe. Pero al menos, unas nubes fueron cómplices de todos aquellos que se hicieron presentes en la Plaza San Martín. El 17 de noviembre de 2019 fue la fecha en la que Santa Fe se manifestó por el amor, por la igualdad y por los derechos de la comunidad.
El azul y amarillo no fueron los únicos colores parte del paisaje. Había verde, violeta, naranja y rojo formando ese gran arcoiris en nuestra ciudad.
La llamada “Marcha del Orgullo” no es un movimiento más en el que, como dirían algunos, “los jóvenes son jóvenes y salen a experimentar”. Es más bien, la prueba irrefutable de que todos existen en el aquí y ahora. Es la prueba de un presente evolucionando y de un futuro de compresión. Más allá de la excentricidad del maquillaje y los atuendos, es celebrar algo tan lindo como el amor; fuera de casa, fuera del trabajo y fuera del closet.
La marcha tuvo espectadores ajenos que vieron pasar a estos “putos” empoderados. Fue tan genial que mostraron su apoyo y respeto, algo que nos hace gigante como sociedad.
Los colores inundaron las calles hasta culminar en la Plaza 25 de Mayo justo frente a la Casa de Gobierno de Santa Fe. El palacio gris fue inundado de colores y vida.
Pero no todo fue celebración. También hubo reclamos por el reconocimiento de derechos y justicia por aquellos que ya no tienen voz, estandartes en los que el colectivo LGTBIQ+ siempre se apoyó.
En el escenario principal se materializaron todas las intenciones de un pueblo diverso y libre en un documento que varios portavoces fueron recitando.
En síntesis, la marcha no fue el día para ser “más puto que nunca” sino que fue la oportunidad de gritar, pero no por sufrimiento sino por alegría, amor y aceptación. Lo que se vivió esa tarde nos demuestra que el futuro es libre y multicolor.
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