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La historia de Mateo, un adolescente santafesino y sus dos batallas: de las secuelas por golpes en un jardín al cáncer de tejido blando

Mateo Mauri, de 15 años, enfrentó secuelas de presuntos maltratos en un jardín de infantes que años después fue clausurado. Hoy atraviesa una nueva lucha: un cáncer de tejido blando.

La vida del santafesino Mateo Mauri (15) parece dividida en dos grandes batallas. La primera comenzó cuando apenas era un niño y su familia denunció presuntos episodios de maltrato en un jardín de infantes de la ciudad de Santa Fe, que años más tarde terminaría cerrado.

La segunda, y actual, lo encuentra a sus 15 años enfrentando un diagnóstico de sarcoma de Ewing, un tipo de cáncer de tejido blando que lo llevó a iniciar un largo y exigente tratamiento oncológico.

La primera batalla de Mateo: la infancia marcada por el dolor

La historia se remonta a agosto de 2014. Mateo era apenas un niño cuando su madre, Belén Noriega, detectó señales que la alarmaron. Según denunció en ese momento, su hijo habría sufrido golpes y maltrato físico y verbal en un jardín de infantes ubicado sobre Aristóbulo del Valle al 6600, en la ciudad de Santa Fe.

“Fue el primer caso que yo denuncié y fue por golpes y maltrato, físico y verbal”, recordó por AIRE Belén Noriega, mamá de Mateo Mauri.

Belén acudió a la Justicia y realizó la denuncia correspondiente. Sin embargo, el caso fue archivado. Durante años, la situación quedó sin respuestas, mientras Mateo cargaba con las consecuencias. “Yo denuncié, fui a tribunales, mi caso se archivó”, lamentó.

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Las secuelas no fueron solo emocionales. El niño dejó de hablar por un tiempo y debió iniciar un largo proceso de terapias, entre ellas fonoaudiología durante más de una década.

“Con lo que le pasó por el maltrato, él dejó de hablar, entonces fue a fono más o menos 11 años”, contó su madre.

A eso se sumaban otras dificultades: Mateo había nacido prematuro, con apenas 1,300 kilos, y ya venía atravesando distintos tratamientos desde sus primeros años de vida.

“Mateo también fue prematuro, pesó un kilo 300 y tuvo muchos años con terapias”, agregó.

Mateo Mauri en la internación Hospital de Niños junto a su mamá
Una selfie tomada por Belén, junto a su hijo Mateo, mientras cuida de él en sus internaciones.

Una selfie tomada por Belén, junto a su hijo Mateo, mientras cuida de él en sus internaciones.

Un jardín bajo sospecha y el cierre definitivo

El caso volvió a tomar relevancia en 2022, cuando nuevas denuncias de padres y vecinos pusieron nuevamente bajo la lupa al mismo jardín. La Municipalidad de Santa Fe dispuso su clausura por tiempo indeterminado tras presentaciones por presuntos maltratos.

“Ahí me contactaron otra vez los padres del mismo jardín para preguntarme si podía firmar las denuncias judiciales que ellos habían iniciado”, relató Belén.

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Fue en ese contexto que su testimonio cobró especial relevancia. Decidió acompañar las nuevas presentaciones judiciales, aportando su experiencia para intentar que lo ocurrido no quedara impune.

“Mi caso también pesaba más que lo que ellos estaban denunciando y yo me presenté y firmé”, explicó.

El cierre del jardín significó, para muchas familias, una forma de reparación tardía. Para Mateo, en cambio, las huellas de aquella etapa ya formaban parte de su historia.

Crecer pese a todo

A lo largo de los años, Mateo logró salir adelante. Con esfuerzo y acompañamiento, continuó sus estudios y hoy cursa el nivel secundario bajo la modalidad domiciliaria y hospitalaria.

“Es un hombrecito muy bueno, dedicado a sus estudios, pasó a tercero de secundaria”, dijo con orgullo su mamá.

Pero cuando parecía que lo más difícil había quedado atrás, una nueva batalla apareció en su vida.

La segunda batalla: el diagnóstico que lo cambió todo

En abril del 2025, Belén notó algo extraño: una pequeña “pelotita” en la zona de las costillas de Mateo. Lo que en un principio parecía algo menor encendió las alarmas. “Yo lo llevé a una guardia porque se le palpaba una pelotita en las costillas”, recordó.

Durante meses, entre abril y junio, se sucedieron estudios y consultas médicas sin un diagnóstico claro. “Estuve de abril a junio con estudios y análisis, no sabían bien lo que tenía”, contó.

La masa crecía y la incertidumbre aumentaba. Finalmente, tras cambiar de cirujano, se tomó la decisión de intervenir. “Me dijeron que había una opción de hacerle biopsia o abrirlo y sacársela porque ya era demasiado grande”, explicó.

El 26 de junio del 2025 fue operado y le extirparon la masa. Días después, la biopsia confirmó lo que nadie quería escuchar.

“A la semana cuando le sacan los puntos me dicen que la biopsia había dado que era un sarcoma de Ewing, cáncer de tejido blando”, relató.

El tratamiento y una lucha diaria

Desde agosto, Mateo inició tratamiento oncológico en el Hospital de Niños, en el área de oncología. El protocolo contempla 14 sesiones de quimioterapia. Actualmente, está transitando la última etapa: le resta solo una.

“Estamos desde agosto haciendo tratamiento oncológico, son catorce quimios y le falta una sola”, detalló Belén.

Mateo Mauri junto al personal de salud del hospital de niños
Mateo junto al personal de salud del área de oncohematología del Hospital de Niños Orlando Alassia.

Mateo junto al personal de salud del área de oncohematología del Hospital de Niños Orlando Alassia.

El camino no fue fácil. Durante el tratamiento necesitó múltiples transfusiones de plaquetas y glóbulos rojos. “Durante el tratamiento tuvo muchas transfusiones, siete u ocho de glóbulos rojos y varias de plaquetas”, precisó.

Su cuerpo, afectado por la toxicidad acumulada de las quimioterapias, responde cada vez con más dificultad. “Como ya son las últimas, tiene mucha toxicidad en el cuerpo y le cuesta recuperarse”, explicó su mamá.

En los últimos días, además, debió ser internado por una infección en el catéter. “El catéter se infectó y por eso tuvimos que internarnos”, señaló.

Hoy, sin embargo, Mateo no se encuentra internado. El pasado jueves 25 regresó para un control y, si todo evoluciona favorablemente, iniciará el lunes siguiente su última quimioterapia.

La importancia de donar sangre: un mensaje para toda la comunidad

A partir de todo lo vivido, la familia decidió transformar la experiencia en un mensaje de concientización. Aunque Mateo no requiere donaciones en este momento puntual, su madre remarca la necesidad permanente de sangre en el Hospital de Niños, especialmente en el área de oncohematología.

“Quiero que esto sirva para que la gente tome conciencia. No es solo por Mateo, son muchos los chicos que están acá en oncología y necesitan donaciones todo el tiempo”, expresó Belén Noriega.

En ese sentido, remarcó que las transfusiones son una parte fundamental de los tratamientos oncológicos pediátricos y que los bancos de sangre requieren un flujo constante de donantes.

“Si no es para uno, es para otro. Siempre hay chicos que lo necesitan”, agregó.

Donar sangre es un acto solidario, simple y seguro, que puede salvar vidas y acompañar a familias que atraviesan situaciones complejas.

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Hospital de Niños Orlando Alassia de la ciudad de Santa Fe.

Hospital de Niños Orlando Alassia de la ciudad de Santa Fe.

Una familia que no se rinde

Detrás de Mateo hay una historia familiar atravesada por el amor y la lucha. Belén, de 35 años, fue madre soltera y hoy, junto a su pareja Jorge, sostiene un hogar donde también crían a un bebé de dos años con encefalopatía crónica no evolutiva.

“Vivo por y para ellos”, resumió.

Con el acompañamiento de abuelos y padrinos, la familia sigue adelante, enfrentando cada obstáculo con una fortaleza admirable.

Mateo, aquel niño que supo atravesar el dolor y el silencio, hoy vuelve a pelear. Esta vez, contra una enfermedad que puso su vida en pausa, pero no sus ganas de seguir adelante. Su historia es, ante todo, una muestra de resistencia, esperanza y la importancia de una comunidad que acompañe.