El 30 de septiembre de 1971, Santa Fe inauguraba su segundo puente sobre la Laguna Setúbal. Si bien la belleza no era igual a la del Puente Colgante Ingeniero Marcial Candioti, el Viaducto Oroño se presentaba como la solución a muchos -casi todos- los problemas viales y de servicios de ese momento.
En la crecida del río en 1966 hubo que dinamitar partes de la Ruta Nacional N°168 para evitar riesgos mayores en el Puente Colgante. En ese momento, se hizo aún más necesario el nuevo puente. En mayo de 1967 se licitó la obra, en febrero de 1968 comenzó la obra y en 1971 finalizó. En ese momento se realizó la inauguración oficial, aunque antes ya se había permitido el acceso de pocos vehículos.
La conexión vial mide en total 460 metros de largo, pero sobre el cauce del río -sin los enlaces a las rutas y calles- tiene 330 metros. De ancho tiene 22 metros, que están compuestos por un cantero central que tiene una vereda no habilitada para el paso peatonal y dos calzadas por mano cada una con una vereda peatonal a su costado.
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La marcada bajante del río de los últimos años dejó al descubierto la estructura que protege los pilares del choque de las embarcaciones y de los efectos de la vegetación y la basura.
El estado y el funcionamiento de la estructura
El mantenimiento del viaducto es responsabilidad de Vialidad Nacional. En 2017 se realizó un estudio completo de la estructura y en 2018 se repavimentó toda la calzada. Anteriormente, con la crecida de 1983 en la que se derrumbó la antena este del Puente Colgante, se reforzaron los pilotes.
Desde Vialidad aseguran que el puente “no tiene caducidad”. Afirman que si se le realiza el mantenimiento adecuado, como ocurrió en 2018, el viaducto no tiene todavía una fecha límite de vida útil.
De lo que si está cerca, es del límite para conducir los cada vez más congestionados flujos de tránsito, por el crecimiento demográfico de la costa santafesina. Según los registros de Vialidad Nacional, pasan 55.000 vehículos a diario, en promedio, y el ritmo de tránsito sigue creciendo.
Si bien la estructura puede soportar esta cantidad de vehículos, el problema son los embotellamientos en las horas pico, que provocan demoras -también accidentes- y un cuello de botella cada vez más angosto en uno de los principales accesos de la ciudad.
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