"¿Se imaginan un alfajor Gayali transgénico o un Merengo con trigo hb4?", es la pregunta expresada en el proyecto de declaración presentado en el Concejo de la ciudad de Santa Fe que busca repudiar el acuerdo entre las empresas Bioceres y Havanna para la elaboración de productos comestibles con trigo transgénico HB4. Para los autores de la iniciativa es preocupante que "este tipo de manipulación inescrupulosa sobre la industria alimenticia" forme parte algún día de la producción local. El proyecto se votará este jueves.
Esta semana, la unión de la empresa rosarina Bioceres y la reconocida firma de dulces, Havanna, generó revuelo en redes sociales bajo el hashtag #ChauHavanna con el que activistas, organizaciones ambientalistas, científicos, famosos y usuarios en general rechazaron el consumo de alfajores hechos con harina del trigo transgénico anunciado.
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En este marco, el texto presentado por la concejal Valeria López Delzar, recuerda al recinto la resistencia que despiertan en la sociedad los modos y paquetes tecnológicos utilizados en la producción agrícola en el marco de una pandemia cuyas causas más profundas se vinculan con la pérdida de biodiversidad por destrucción de ecosistemas, cambios en el uso del suelo y degradación del ambiente, uno de cuyos mayores responsables es el agronegocio, según los más de 1.000 científicos que firmaron la carta abierta al gobierno nacional.
"Es indudable que el actual modelo productivo hegemónico de la agroindustria, concentra capital, profundiza la desigualdad económica y social, genera el deterioro de la salud de las comunidades y de los ecosistemas y acelera la pérdida de biodiversidad, amenazando la seguridad alimentaria y dejando a su paso territorios devastados ambiental y socialmente", destaca el proyecto ingresado este miércoles al Concejo de Santa Fe.
Además, la iniciativa destaca que algunos de los principales daños que está produciendo este modelo se deben al uso intensivo de agrotóxicos. "Lejos de reducirse, como anunciaban hace más dos décadas los promotores del paquete tecnológico soja-glifosato, el uso de agrotóxicos se ha incrementado exponencialmente ya que la práctica de la siembra directa con semillas transgénicas y barbecho químico actualmente está concentrando la mayor demanda de glifosato y otros agrotóxicos".
Tal como explican los científicos y expertos que se oponen a la inclusión del trigo transgénico en alimentos tan básicos para los argentinos como el pan, la agricultura basada en el uso de organismos genéticamente modificados, tolerantes a diversos herbicidas, "selecciona a las malezas resistentes que proliferan, lo cual obliga a aumentar las dosis, a realizar mezclas de múltiples activos y a su vez recurrir al consumo de nuevos herbicidas más potentes".
Esto es posible, en parte, porque en Argentina no hay registros oficiales de uso de estas sustancias y, en función de las proyecciones, actualmente se usan más de 525 millones de kg/litros de formulados de agrotóxicos por año -alrededor de 12 litros por habitante, la tasa más alta del mundo-, esparcidos en miles de millones de litros de caldos de aplicación.
"Entendemos que este cuerpo debe repudiar toda práctica de alteración de genética en materia de producción de alimentos, que puedan afectar nuestra salud, la calidad de nuestra alimentación y en definitiva, nuestra soberanía alimentaria", finaliza el proyecto que será tratado este jueves.
La concejal López Delzar aclaró a Aire Digital que la aprobación del repudio no implica sanciones o consecuencias, sino que se trata de una manifestación política del cuerpo legislativo local contra el acuerdo.
El proyecto que se tratará este jueves
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