De una pecera chica en Santa Fe a Temaikén: la conmovedora historia de pez Gordo que dio vuelta el mundo

Conocé cómo fueron los primeros días de pez Gordo en Temaikén: su adaptación, la timidez inicial y el reencuentro con su familia de Santa Fe.

El pez gordo en Temaikén (derecha) en comparación con el pez gordo en una pecera en la ciudad de Santa Fe (izquierda).

El pez gordo en Temaikén (derecha) en comparación con el pez gordo en una pecera en la ciudad de Santa Fe (izquierda).

La historia de pez Gordo, el ejemplar de pez gato de cola roja que conmovió a la provincia de Santa Fe tras haber crecido de forma desmedida en una pecera doméstica, sumó un capítulo inolvidable. Su familia y un equipo de AIRE viajaron hasta el bioparque Temaikén para ser testigos directos de su adaptación y presenciar un reencuentro marcado por la emoción pura junto al vidrio del estanque principal.

El emotivo reencuentro del pez Gordo con su familia en Temaikén

El impacto del traslado de Gordo y la llegada al bioparque Temaikén

El camino que condujo al pez Gordo hasta su nuevo hogar no fue sencillo ni inmediato. La familia debió afrontar una realidad ineludible cuando el animal superó las dimensiones permitidas para un hábitat casero, al punto de no poder moverse con comodidad e incluso comerse a otras especies más pequeñas que compartían el espacio original.

Ante esta situación crítica, el bioparque Temaikén se convirtió en el único establecimiento del país en condiciones óptimas para recibirlo. El operativo exigió una logística rigurosa que contempló:

  • Permisos especiales de traslado.
  • Un tanque diseñado a medida con agua totalmente libre de cloro.
  • Monitoreo constante de la temperatura ambiental y del agua.
  • Un sistema de oxígeno doble para garantizar la supervivencia durante el viaje.

Así vivía el Pez Gordo en Santa Fe antes de ser trasladado a Temaikén

¿Cómo fueron las primeras semanas del pez Gordo en su nuevo hogar?

La acuarista María Belén Safarian, profesional con años de trayectoria en la institución, reveló detalles íntimos sobre el proceso de ambientación que atravesó el animal durante sus primeras jornadas en el predio ubicado en Buenos Aires. Según detalló la especialista, el pez Gordo ingresó sumamente tímido tras el extenso viaje y optó por mantenerse aislado, al punto de rechazar el alimento durante los primeros días de convivencia.

El punto de inflexión en su comportamiento ocurrió cuando los cuidadores decidieron incorporar a otro ejemplar de su misma especie dentro del mismo sector. Esta compañía estratégica funcionó como un estímulo clave para que el ejemplar lograra integrarse paulatinamente hasta alcanzar el acuario principal, un ecosistema compartido con más de veinte especies características de los ríos latinoamericanos.

Así está el pez Gordo en Temaikén.

Así está el pez Gordo en Temaikén.

El emotivo reencuentro con la familia que lo crió

Durante la visita organizada por AIRE, se vivió un silencio cargado de expectativas cuando Julio dobló la esquina del sector de acuarios y se reencontró con el pez Gordo. De manera llamativa, el animal se despegó inmediatamente del grupo y nadó en línea recta hacia el vidrio donde se encontraba su familia humana.

Si bien las biólogas del establecimiento aclaran que científicamente no está comprobado el reconocimiento visual de los dueños a través de gruesos cristales y miles de litros de agua, la actitud del animal desafió cualquier lógica convencional. El ejemplar permaneció inmóvil durante media hora, apoyando su boca contra la superficie vidriada, exactamente en el mismo sitio donde Gladys apoyaba su mano del otro lado.

  • Marca distintiva: el pez Gordo posee un bigote bífido partido en dos con forma de T, un detalle anatómico único que facilitó su identificación inmediata entre el cardumen.

  • Espacio actual: reside en un predio general de 34 hectáreas que protege a cerca de 280 especies globales, destinando los fondos de las entradas al mantenimiento y al hospital veterinario.

Así fue la adaptación del pez Gordo en Temaikén

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