"No se despegó del vidrio": la emotiva reacción del pez Gordo al ver de nuevo a su familia después de meses
Después de meses, Gordo volvió a ver a Julio, Gladys y Joel en Temaikén. El pez se acercó al vidrio y permaneció junto a ellos durante varios minutos.
La historia del pez Gordo.
El pez Gordo, el ejemplar de cola roja que se convirtió en protagonista de una historia que conmovió a Santa Fe, protagonizó este martes un reencuentro cargado de emoción con Julio, Gladys y Joel, la familia que lo cuidó durante más de un año y medio. El encuentro ocurrió en Temaikén, donde el animal vive desde fines de marzo, luego de haber sido trasladado desde Santa Fe.
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AIRE acompañó en exclusiva a la familia durante la visita al bioparque. El objetivo era volver a ver a Gordo después de meses de separación y comprobar cómo se había adaptado a su nuevo hogar.
Julio llegó al acuario con una emoción que no pudo ocultar. "Es el momento que yo quería. Yo, mi familia, queríamos este momento: que él esté, que lo podamos ver", contó antes de ingresar.
Y el encuentro terminó siendo mucho más conmovedor de lo que cualquiera esperaba.
AIRE junto a la familia de Gordo visitan el bioparque Temaikén
Gordo apareció frente a su familia y no se despegó del vidrio
Cuando Julio, Gladys y Joel llegaron hasta el sector donde está el acuario, Gordo se acercó al vidrio que separaba a su familia del agua.
El animal permaneció durante varios minutos prácticamente pegado a la vidriera. Julio apoyó su mano sobre el vidrio y Gordo volvió a acercarse. Gladys hizo lo mismo y la escena se repitió una y otra vez.
La particularidad que permitió a la familia identificarlo rápidamente fue su característico bigote bífido, con forma de "T". Según explicaron durante el móvil, ese rasgo lo diferencia de otros ejemplares de su misma especie que también viven en el acuario.
"Es mi bebé", alcanzó a decir Julio mientras observaba cómo el pez permanecía frente a él.
La escena generó una enorme emoción entre la familia y el equipo de AIRE. "Verlo es lo que uno soñaba", expresó Julio, que no podía dejar de mirar al animal.
Durante casi media hora, Gordo volvió repetidamente hacia el vidrio, incluso mientras decenas de otros peces se desplazaban por el acuario.
¿Gordo reconoció a Julio y a Gladys? Qué dicen los especialistas
La escena abrió inmediatamente una pregunta: ¿el pez realmente reconoció a la familia que lo cuidó durante tanto tiempo?
Los especialistas de Temaikén fueron cautos. Belén Safarian, acuarista del bioparque, explicó que no está científicamente comprobado que Gordo pueda reconocerlos a través del vidrio.
"Los animales tienen personalidad también. La realidad es que no sabemos qué tanto nos reconocen", explicó. En el caso de los peces, además, es más difícil establecer este tipo de reconocimiento.
También descartó que pudiera reconocer sus voces: el vidrio y la cantidad de agua del acuario hacen que esa posibilidad sea muy difícil.
Sin embargo, lo que ocurrió frente a las cámaras fue difícil de ignorar: Gordo permaneció durante un largo rato junto al vidrio, precisamente en el lugar donde estaban Julio y Gladys.
"Casualidad o no, realmente fue un momento muy mágico", describieron durante la transmisión.
La salud del pez Gordo tras ser trasladado a Temaikèn
Antes del encuentro, Gordo había atravesado dos meses de cuarentena
El reencuentro fue el punto final de un largo proceso de adaptación.
Cuando llegó a Temaikén desde Santa Fe, Gordo pasó los primeros dos meses en cuarentena, un procedimiento habitual para los animales que ingresan al bioparque. Durante ese período se controla su alimentación, su estado sanitario y su adaptación antes de incorporarlo al acuario principal.
El traslado había sido estresante para el animal y durante los primeros días no comió. El equipo insistió hasta que ingresó otro pez de su misma especie, algo que ayudó a Gordo a comenzar a alimentarse nuevamente.
Después de completar la cuarentena, ingresó al acuario principal, donde convive con otras especies de los ríos de Latinoamérica. Al principio también se mostró tímido, pero con el tiempo comenzó a interactuar y a desplazarse con normalidad.
Actualmente, pesa siete kilos y tiene casi dos años. En Temaikén señalaron que ejemplares de su misma especie pueden llegar a vivir 12 años.
El cambio de vida de Gordo: de una pecera doméstica a un acuario enorme
La historia de Gordo comenzó cuando Joel compró el pez junto con otros ejemplares para incorporarlos a una pecera doméstica.
Era muy pequeño. La familia incluso recuerda que podía esconderse dentro del ojo de una pequeña calavera que habían colocado como decoración en el acuario. Joel le daba pequeños trozos de pollo y el pez salía a comer antes de volver a esconderse.
Pero Gordo comenzó a crecer rápidamente.
Con el paso del tiempo, el espacio de la pecera quedó chico. La familia descubrió entonces que se trataba de una especie que podía alcanzar dimensiones enormes y comprendió que necesitaba otro tipo de hábitat.
Ese fue el punto de inflexión de la historia: Julio y su familia entendieron que, por más cariño que le tuvieran, Gordo necesitaba vivir en un lugar acorde a sus necesidades.
"Él vivía en una pensión y ahora vive en un hotel cinco estrellas", resumió Julio durante la visita a Temaikén.
Temaikén: el lugar donde Gordo encontró su nuevo hábitat
Desde su llegada, el equipo del bioparque trabajó para que Gordo pudiera adaptarse a su nueva vida.
Belén Safarian contó que el trabajo fue progresivo y que, una vez superada la cuarentena, el pez comenzó a integrarse al acuario. Allí convive actualmente con distintas especies y tiene un espacio mucho mayor al que tenía en su antigua pecera.
El equipo de Temaikén también explicó que reciben animales cuando cuentan con el espacio y las condiciones necesarias para garantizarles bienestar. En el caso de Gordo, su llegada fue posible como parte de una donación.
Julieta Jañez, responsable técnica del acuario y con 24 años de trayectoria en Temaikén, destacó que el objetivo principal fue trabajar sobre el bienestar del animal y acompañar su readaptación.
La historia de Gordo, además, terminó convirtiéndose en una de las más conocidas del lugar. "Es muy famoso Gordo ya", reconocieron desde el acuario durante la visita de AIRE.
Reencuentro emocionante: la familia del pez Gordo lo visitó en Temaikén tras su traslado desde Santa Fe
El gesto de amor detrás de la historia de Gordo
Más allá del reencuentro y de la curiosa reacción del pez frente al vidrio, la historia de Gordo dejó una enseñanza central: querer a un animal también implica reconocer cuándo necesita algo diferente.
La propia familia entendió que la mejor decisión era desprenderse de Gordo para que pudiera vivir en un ambiente adecuado para su especie.
Durante el móvil, desde AIRE remarcaron que ese fue uno de los gestos más importantes de toda la historia: dejar de lado el vínculo afectivo para priorizar las necesidades del animal.
Por eso, el viaje a Temaikén tuvo un significado especial para Julio, Gladys y Joel. No se trataba solamente de volver a ver a la mascota que habían tenido en su casa. Era comprobar que la decisión tomada meses atrás había valido la pena.
Y cuando Gordo apareció frente a ellos y permaneció junto al vidrio, la emoción terminó de cerrar el círculo.
"No se va", repetían desde el móvil mientras el pez volvía una y otra vez al mismo lugar.
La ciencia todavía no puede determinar si Gordo reconoció realmente a su familia. Pero para Julio, Gladys y Joel, ese momento tuvo un significado propio: después de meses, volvieron a estar frente a frente con el pez que alguna vez fue diminuto y que hoy vive entre otras especies, en un acuario preparado para él.
La historia que comenzó en una pecera de Santa Fe terminó, al menos por ahora, en un enorme acuario de Temaikén. Y con Gordo pegado al vidrio, del otro lado de su familia.







