Veinte años atrás, un tercio de la ciudad de Santa Fe quedó bajo agua. El río Salado ingresó por el cordón noroeste, fue ganando metros y arrolló con todo lo que encontró a su paso. El feroz ingreso, que dos días antes había sido en la localidad de Recreo y que las autoridades locales repetían que no afectaría a la capital provincial, se originó a partir de un sector inconcluso de la obra de defensa de la Circunvalación Oeste y que puso en evidencia a una ciudad y una clase dirigente que no estuvo preparada antes, durante y después del evento.
En números, la inundación del río Salado significó 23 muertes oficiales y otras tantas no reconocidas que según las organizaciones sociales fueron 158, miles de personas que quedaron afectadas psicológicamente, con depresión y que nunca más se pudieron recuperar, 130.000 personas afectadas y daños materiales incalculables. Desde lo sentimental, representa una marca para siempre en cientos de familias que vieron cómo en cuestión de segundos la ferocidad del agua arrastró con absolutamente todo.
Dos décadas después, y sin olvidar la inundación de 2007, nadie puede decir públicamente que un suceso de estas características no volverá a ocurrir, pero sí señalar que esa dolorosa experiencia colectiva sirvió para plantear políticas a largo plazo en materia hídrica.
La historia enseñó cruelmente que las obras deben empezar y terminar. Pero a su vez que no se trata solo de eso sino también de planificación, regulación del uso del suelo, preparación del Estado, sistemas de alertas temprana, educación y cuidado ambiental a partir de políticas sustentables con una actividad productiva que conviva con la naturaleza.
En ese sentido, un tiempo después, Santa Fe fue premiada y reconocida internacionalmente. A partir del desastre hídrico pudo recuperarse y convertirse en resiliente. En 2019, la ciudad fue destacada por el Observatorio de la Universidad estadounidense The New School y el Banco de Desarrollo de América Latina, como pionera en el desarrollo de "Estrategias para prevenir el cambio climático".
Cuatro obras fundamentales para prevenir inundaciones
1. Ampliación del puente sobre el río Salado: La obra fue inaugurada el 24 de noviembre del 2006, tres años después de que sucumbiera por la fuerza del Río Salado. La escasa luz que tenía funcionó a modo de dique cuando las aguas del Salado invadieron la ciudad. Tenía solo 150 metros de luz y con las modificaciones fue llevado a 600.
Esta obra fue licitada pocos meses después de la inundación bajo el gobierno de Carlos Reutemann y la inauguró su sucesor, Jorge Obeid, con un presupuesto total de 31 millones de pesos. "Esto, junto con el tercer tramo de la defensa, garantiza la no inundabilidad de la ciudad de Santa Fe, porque va a permitir el escurrimiento del río Salado en el caso de inundaciones como las que tuvimos, y evitar que embalse el río y que pueda reventar en algún otro lugar, como fue en la crecida de 2003 que afectó a toda la ciudad", explicó el entonces ministro de Obras Públicas, Alberto Hammerly, durante la inauguración.
En diálogo con AIRE, la secretaria de Infraestructura y Gestión Hídrica de la Municipalidad de Santa Fe, Silvina Serra, indicó que ese puente "está diseñado para una crecida de 100 años y verificado para 500. Eso significa que puede soportar una crecida del río que ocurra una vez cada 500 años, algo extremo". Al tener más luz el puente, el nivel del río aguas arriba no va a llegar como lo hizo en el 2003.
2. Defensa Avenida Circunvalación, tercer tramo: Durante la gestión de Hermes Binner finalizó la obra inconclusa en Avenida Circunvalación y por donde ingresó el agua en el 2003. Se completó el anillo de 22,5 kilómetros, entre el hipódromo de Las Flores y el empalme con la Ruta Nacional Nº 11, al norte de la localidad de Recreo.
La obra, además de facilitar y aliviar el tránsito pesado en el interior de la ciudad y la Ruta 11, permitió finalizar el anillo de contención y defensa ante posibles desbordes del río Salado. Las obras principales consistieron en la construcción de los terraplenes de defensa, los lagos reservorios, las estaciones de bombeo y las obras de arte relacionadas con el manejo de la evacuación de las aguas de lluvia, o del impedimento por medio de compuertas de la entrada de agua a las zonas pobladas en caso de crecientes extraordinarias.
"La obra de Circunvalación terminada está diseñada para los niveles que ocurrieron en ese momento, o sea que tiene una revancha importante", destacó Serra y agregó: "Ante una crecida del río de esa magnitud tenemos las obras que nos van a proteger".
3. Obras de Drenaje: Se avanzó en obras de drenaje de acuerdo al Plan Director de Desagües que presentó el Instituto Nacional del Agua en el año 2000. Se trata de las obras que se necesitan para evitar anegamientos y divide a la ciudad en cuencas y propone cuáles son las obras que se requieren y cómo ejecutarlas. En materia hídrica, las ciudades no están divididas por barrios sino por cuencas, esto es, todas las calles que aportan y que cuando llueve escurre a un determinado lugar y allí se coloca una estación de bombeo, que constituye otro factor determinante que Santa Fe avanzó para evitar inundaciones.
"Las obras de drenaje se fueron ejecutando de forma progresiva atento a que son de gran envergadura, de mucho costo y que cuando llegamos a los barrios generan muchos problemas, por eso debe estar muy bien planificado el durante", explicó Serra.
En ese sentido, una de las más grandes es la del desagüe Espora, que después de varios problemas durante la gestión municipal anterior, pudo ser finalizada durante la administración del intendente Emilio Jatón. Junto con Camino Viejo a Esperanza son las dos obras más importantes para el desagüe pluvial de Santa Fe que confluyen en el extremo noroeste.
Desde el Plan Director pasaron 23 años y con ello cambiaron los paradigmas de la ciencia, urbanizaciones, hidrología, entre otras cuestiones. A partir de más herramientas, tecnologías y nuevas miradas, se tiende a pensar las ciudades de otra manera y se busca que sean más amigables con el medio ambiente y con muchos más espacios verdes.
Tal es así que desde la ciencia de la hidrología se vienen desarrollando estos conceptos que contemplen los cambios urbanos, desarrollando no solo los segmentos rígidos conocidos sino otros dispositivos que permiten almacenar el agua y no hacerla escurrir. "Hoy se puede pensar que un gran conducto como el Espora que generó tantos cambios en el barrio pueda ir reemplazándose por conductos más pequeños y otros dispositivos que permitan retardar la salida del agua y que salga lentamente", explicó la funcionaria municipal, Silvina Serra.
En ese sentido, destacó que desde la llegada a la Municipalidad desarrollaron el Sistema de Gestión Avanzada del Drenaje Urbano que se logró mediante un convenio entre el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Consiste en la implementación de un software que permite monitorear el sistema de drenaje para control de anegamientos/inundaciones, la generación de mapas y la evaluación de la capacidad de descarga de la red de drenaje ante eventos de lluvias intensas, entre otros.
"Podemos ver el escenario instantáneo de cómo está la ciudad completa y su infraestructura ante un evento de lluvias. El software nos permite la simulación del sistema de drenaje urbano, podemos tener una maqueta de todas las obras de la ciudad y ver su respuesta", comentó Serra a AIRE.
4 - Estaciones de bombeo: se trata de obras clave para prevenir eventuales crecientes de los ríos y permiten desagotar. Toman el agua directa o indirectamente de la fuente de abastecimiento y la impulsan a un reservorio de almacenamiento o directamente a la red de distribución. De acuerdo a la Comisión Investigadora.
En la capital provincial hay siete casas bomba ubicadas sobre la Circunvalación Oeste, a lo largo del terraplén de defensa del río Salado. En toda la ciudad son 50 estaciones en 60 puntos de operaciones. En todos los casos se trata de estaciones importantes respecto a su capacidad y de acuerdo a las estimaciones, pueden quitar 4 metros cúbicos por segundo.
La número 1 se encuentra a la altura de barrio Chalet; la 2 está ubicada a la altura de los barrios Santa Rosa y 12 de Octubre, mientras que la 3 se encuentra a la altura de Villa del Parque y Barranquitas. Por su parte, la número 4 se emplazó a la altura de Barranquitas Sur; la 5 es la que se encuentra a la altura del Hipódromo de Las Flores, y la 6 a la altura de Teniente Loza.
La última estación es la O, que permite evacuar los excedentes del agua de lluvia de la cuenca Centenario, beneficia directamente a los habitantes de los barrios Centenario, Chalet, San Lorenzo y San Jerónimo, en donde residen aproximadamente 60 mil personas e indirectamente a los barrios 12 de Octubre, Roque Sáenz Peña, Santa Rosa de Lima y barrio Roma Sur, donde habitan 30 mil vecinos.
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