Vacunación y salud: una decisión individual que tiene impacto colectivo

La caída de la vacunación en Argentina pone en riesgo la salud pública. Desconfianza y dificultades alejan a la población de las vacunas. Lo que hace Santa Fe.

Hasta hace poco tiempo, las vacunas del calendario estaban disponibles y la mayoría de las familias confiaban en ellas.

Hasta hace poco tiempo, las vacunas del calendario estaban disponibles y la mayoría de las familias confiaban en ellas.

Vacunar, vacunarse, es mucho más que un acto de responsabilidad individual: es una forma de cuidar la salud de la comunidad. Y Argentina supo ser modelo por la extensión y cobertura de su calendario. Ese escenario cambió. La caída sostenida de las coberturas encendió las alarmas sanitarias.

Hasta hace poco tiempo, las vacunas del calendario estaban disponibles, las familias confiaban en ellas y enfermedades que habían provocado cuadros graves y muertes durante décadas dejaron de formar parte de las preocupaciones cotidianas.

“Lo alarmante es que habíamos tenido siempre un alto nivel de aceptación de la vacunación y eso empezó a caer. Nos está llevando a quedar desprotegidos contra un montón de enfermedades contra las que antes teníamos protección garantizada”, explicó a AIRE Natalia Santucci, investigadora del Instituto de Inmunología Clínica y Experimental de Rosario (Idicer), que funciona en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario.

Santa Fe es coherente con su tradición sanitaria y promueve la vacunación.

Santa Fe es coherente con su tradición sanitaria y promueve la vacunación.

Los últimos datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef volvieron a poner el problema sobre la mesa. Se estima que unos 101.000 niños y niñas de Argentina no recibieron siquiera una primera dosis de la vacuna contra difteria, tétanos y tos convulsa, uno de los indicadores que se utilizan internacionalmente para medir el acceso a la inmunización infantil.

Más de la mitad de los chicos y chicas “cero dosis” de América Latina y el Caribe se concentran en cuatro países, entre ellos Argentina.

Santucci observa que, mientras las coberturas se mantenían altas, la aparición de un caso aislado no necesariamente generaba un brote porque buena parte de la comunidad estaba protegida. Cuando esa proporción disminuye, cambia el escenario.

LEER MÁS ► Varicela: qué síntomas provoca y por qué es importante completar las dos dosis de la vacuna

“Podías tener un caso esporádico que no pasaba a mayores. Ahora empezás a tener más riesgos cuando aparece un caso porque tenés mayor cantidad de población no vacunada. Se puede infiltrar una enfermedad que estaba controlada y empezar a generar casos”, explicó.

La tos convulsa es un ejemplo concreto. Durante 2025 volvieron a crecer los casos confirmados en Argentina en un contexto de disminución sostenida de las coberturas. El Boletín Epidemiológico Nacional advirtió entonces que el incremento acompañaba una tendencia registrada en toda la región y recordó que la enfermedad puede ser particularmente grave en bebés y niños pequeños.

“Había gente que prácticamente se había olvidado de la existencia de la tos convulsa y reapareció como un problema sanitario que había que atender”, señaló Santucci.

Un punto de inflexión en salud

La investigadora ubica un punto de inflexión en la pandemia. “La baja de la adherencia a la vacunación empezó, o en todo caso se acentuó, con la pandemia. Fueron las vacunas contra el COVID las que pusieron en duda todo el sistema de vacunas”, sostuvo.

El efecto no fue igual para toda la población. Algunas personas decidieron no aplicarse las vacunas contra el coronavirus pero mantuvieron el resto de sus esquemas. Otras extendieron aquella desconfianza hacia vacunas utilizadas durante décadas y dejaron de vacunar también a sus hijos e hijas.

Las vacunas no sólo protegen la salud individual, también a toda la comunidad.

Las vacunas no sólo protegen la salud individual, también a toda la comunidad.

Pero reducir el fenómeno a la existencia de un movimiento antivacunas sería insuficiente. A la desconfianza se suman barreras mucho más concretas: conseguir un turno, encontrar una dosis disponible o poder volver una, dos o tres veces a un centro de salud.

Santucci lo vivió en su propia familia. Durante meses buscó una vacuna del calendario para su hija sin conseguirla. Su madre, que debía recibir la antigripal, terminó comprándola en una farmacia.

“Si vos vas una vez a vacunarte y no tienen la vacuna, vas dos, vas tres, ¿después qué hacés? Bueno, no me vacuno. Es una forma de desalentar la vacunación también”, planteó. Y agregó otra dimensión: “Tenés que tener el dinero para pagarla. Entre los grupos de riesgo para la gripe están precisamente las personas mayores y, con los niveles de las jubilaciones, pensar en pagarte una vacuna no es tan sencillo”.

LEER MÁS ► Santa Fe: profesionales de la salud rechazan evento antivacunas en el Congreso de la Nación

Durante este año hubo, de hecho, demoras en la distribución nacional de algunas vacunas. En abril, el Ministerio de Salud de la Nación y la OPS informaron que habían debido reprogramar entregas a las provincias por retrasos en el transporte internacional y establecieron un nuevo cronograma para regularizar el abastecimiento.

Para Santucci, aunque no exista una política explícita contra las vacunas, las dificultades de acceso se incorporan a un escenario que ya era complejo.

Decisiones con impacto colectivo

La otra transformación que Santucci identifica es cultural. La decisión de vacunarse aparece cada vez como una elección estrictamente individual: cada persona evaluaría el riesgo que está dispuesta a correr y resolvería en consecuencia.

El problema es que las vacunas no funcionan solamente de esa manera.

“Me han dicho: ‘Al final yo a mis hijos no los vacuné y nunca se enfermaron’. Y en un punto la respuesta es: no se enfermaron gracias a la inmunidad de rebaño, porque yo sí vacuné a mis hijos y un montón de personas vacunaron a los suyos”, explicó.

La discusión se vuelve todavía más delicada cuando quienes quedan sin vacunar son niños y niñas.

La discusión se vuelve todavía más delicada cuando quienes quedan sin vacunar son niños y niñas.

Una persona no vacunada puede permanecer protegida mientras vive en una comunidad con coberturas muy altas. Pero si muchas toman la misma decisión, la situación cambia.

“Tu hijo puede no vacunarse y no enfermarse en una comunidad que tiene un 90 por ciento de vacunación, pero no sería lo mismo en una comunidad con un 40 por ciento vacunado. Cambia por completo el escenario”, remarcó.

Por eso, para la investigadora, comprender la vacunación requiere recuperar una dimensión colectiva de la salud: “No hace falta que todo el mundo sea especialista en circulación viral. Pero si tuviéramos herramientas mínimas para comprender estos procesos sería mucho más fácil explicar qué hace una vacuna y por qué, cuando vivimos en comunidad, tenemos que entenderla no solo como una protección para nuestra propia vida sino como una forma de proteger la salud de toda la comunidad”.

La discusión se vuelve todavía más delicada cuando quienes quedan sin vacunar son niños y niñas. “Hay algo de ‘mi hijo es mío y yo decido sobre él’. Pero también está el derecho de los niños a acceder a una salud de calidad y la vacuna es una herramienta para garantizarlo”, sostuvo.

Ciencia y creencia

Hay otra pregunta detrás de la caída de las coberturas: ¿por qué la evidencia científica pasó a ser presentada, en determinadas conversaciones, como una creencia entre otras posibles?

“Yo no creo”, escuchó decir Santucci más de una vez frente a información científica sobre vacunas. La frase le interesa porque revela un fenómeno que excede ampliamente la inmunización.

“La ciencia como institución está crujiendo, no hay duda”, afirmó. “Estamos en un momento a nivel mundial donde las democracias y muchas instituciones están puestas en cuestión. La ciencia forma parte de esas instituciones que están siendo cuestionadas”.

LEER MÁS ► Campaña antigripal: la Provincia de Santa Fe ya vacunó a más de 430.000 personas

Por eso, prefiere no reducir el problema a una supuesta ignorancia de quienes desconfían. También dirige la mirada hacia la propia comunidad científica.

“Desde quienes hacemos ciencia tenemos muchas cosas para hablar sobre por qué estamos donde estamos y qué hemos hecho para llegar a este lugar. La ciencia se ha transformado en algo bastante oscurantista para gran parte de la sociedad”, reconoció.

El conocimiento se volvió tan especializado que una persona ajena a determinada disciplina muchas veces no tiene herramientas para comprender cómo se llegó a una conclusión. Y allí aparece una dificultad adicional: la ciencia no promete certezas absolutas.

“La ciencia no puede dar certezas. Da evidencia. Da teorías que pueden ser más o menos sólidas, que son perfectibles y representan lo que sabemos hoy sobre determinados fenómenos”, explicó Santucci.

Redes sociales: cuando todo parece opinable

En esa trama aparecen inevitablemente las redes sociales. Basta mirar algunos videos sobre vacunación para que los algoritmos comiencen a ofrecer contenido similar y terminen reforzando las ideas previas de quien los consume.

“Está lleno de opinólogos en Instagram y de gente que cree que porque leyó o vio tres reels de cuentas antivacunas tiene el mismo nivel de formación que un infectólogo, alguien que trabaja en el desarrollo de una vacuna o un médico que está haciendo consultorio todo el día”, describió Santucci.

LEER MÁS ► Santa Fe atraviesa un invierno con menos internaciones pediátricas críticas gracias a la vacunación de embarazadas

El problema se vuelve más complejo cuando quienes difunden información falsa o engañosa cuentan con un título profesional que les otorga una apariencia de autoridad.

“Parece que todo es opinable. No todo es opinable y no todo el mundo puede opinar de todo. A veces uno tiene que entender el límite y decir: ‘De esto, la verdad, no sé’”, afirmó.

Santa Fe busca recuperar las coberturas

Mientras las tasas de vacunación caen, Santa Fe puso en marcha una estrategia específica para intentar recuperar los esquemas infantiles. Vax Team, un programa conjunto de los ministerios provinciales de Salud, Educación y Cultura, apunta a más de 400.000 niños y niñas de entre 4 y 11 años.

La iniciativa combina el control de carnets y la aplicación de vacunas con una serie animada, obras teatrales y un álbum de figuritas que se completa a medida que chicos y chicas tienen sus dosis al día. La campaña comenzó a desplegarse este año en escuelas y centros de salud de distintas localidades de la provincia.

Para Santucci, Santa Fe conserva una tradición sanitaria que permite sostener algunas políticas incluso en un escenario nacional adverso. “La provincia siempre tuvo como una de sus banderas su sistema de salud. Hay mucha gente que viene trabajando en gestión con una tradición muy fuerte e intenta seguir sosteniendo eso”, consideró.

Sin embargo, para Santucci una política sanitaria no puede depender exclusivamente de las decisiones que adopte cada jurisdicción.

“Cuando no tenés un Estado nacional que lo ponga como prioritario y después cada provincia y cada municipio hace lo que considera, no tenés una política de Estado en salud”, afirmó.

Una enfermedad transmisible no respeta fronteras provinciales. Una jurisdicción puede alcanzar buenas coberturas, pero un brote en otra parte del país modifica el riesgo para todas.

Recuperar las explicaciones

El desafío, entonces, no se limita a conseguir que las personas vuelvan a los vacunatorios. También supone reconstruir una confianza que se fue deteriorando y ofrecer herramientas para comprender por qué una política de vacunación es necesaria.

Para Santucci, ese trabajo debería comenzar mucho antes de que aparezca un brote.

LEER MÁS ► Vax Team: el gobernador Pullaro encabezó una nueva jornada de la campaña de vacunación infantil que es única en todo el país

“No es salir con una campaña de propaganda cuando ya tenés el problema instalado. Podés trabajar en los colegios, dar herramientas de formación y hacer que esos conceptos después se vean reflejados en las políticas que vas tomando. Así es mucho más fácil entender por qué es necesario vacunarse cuando hay alta circulación de una enfermedad o por qué hay que vacunarse todos los años contra la gripe”, ejemplificó.

Porque limitar el mensaje a “hay que vacunarse porque es obligatorio” puede resultar cada vez menos eficaz en una sociedad que desconfía de las instituciones, exige explicaciones y tiene a disposición un universo prácticamente infinito de respuestas en internet.

“Como no nos dan las explicaciones que queremos o no tenemos herramientas para entender las que nos dan, vamos a buscar explicaciones donde sea”, resumió Santucci.

La disputa por recuperar las coberturas de vacunación también se juega allí: en volver a explicar por qué una decisión que parece individual tiene consecuencias colectivas. Vacunarse protege la salud propia, pero también la de quienes viven alrededor. Y garantizar que eso pueda comprenderse —además de asegurar que las vacunas estén disponibles— también es responsabilidad del Estado.

Las más leídas