Salud mental adolescente en Europa: los datos que alertan sobre una crisis creciente

Un informe que recopila los datos de 38 países, advierte un deterioro sostenido de la salud mental juvenil, con más ansiedad, depresión y autolesiones entre adolescentes desde hace más de una década.

Las adolescentes presentan los peores indicadores de bienestar, con mayores niveles de ansiedad, depresión y autolesiones.

Las adolescentes presentan los peores indicadores de bienestar, con mayores niveles de ansiedad, depresión y autolesiones.

La salud mental de niños, niñas, adolescentes y jóvenes atraviesa un deterioro sostenido en la mayoría de los países desarrollados. Ansiedad, depresión, malestar psicológico y autolesiones muestran una tendencia ascendente desde hace más de una década, mientras que los especialistas advierten que las respuestas de los sistemas de salud siguen siendo insuficientes frente a una problemática cada vez más compleja.

El diagnóstico surge del informe Child, Adolescent and Youth Mental Health in the 21st Century, publicado en 2026 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que reúne evidencia científica, estadísticas nacionales e internacionales y entrevistas realizadas a 29 expertos clínicos y responsables de políticas públicas de distintos países.

La OCDE, integrada por 38 países miembros, concluye que el empeoramiento de la salud mental juvenil ya era visible antes de la pandemia de COVID-19 y que la emergencia sanitaria no hizo más que acelerar una tendencia que venía desarrollándose desde mediados de la década pasada.

Uno de cada cinco jóvenes convive con un trastorno mental

El informe sostiene que aproximadamente uno de cada cinco jóvenes de entre 10 y 25 años vive con algún trastorno mental o neurológico, una prevalencia incluso superior a la estimada para la población general, que alcanza a una de cada seis personas. Además, la mayoría de los trastornos mentales comienza entre los 12 y los 25 años y la edad promedio de aparición se ubica en los 14,5 años.

Los trastornos de ansiedad son los más frecuentes durante la infancia y la adolescencia temprana. En cambio, la depresión, los trastornos alimentarios y los problemas vinculados al consumo de sustancias aumentan con la edad y alcanzan sus niveles más altos durante la adolescencia tardía y el comienzo de la adultez. También crecen en esa etapa los diagnósticos de esquizofrenia y trastorno bipolar.

El estudio también incorpora nuevos riesgos asociados al entorno digital. Entre ellos menciona el trastorno por uso de videojuegos y el incremento del juego online entre adolescentes. Según los datos internacionales citados, el 22% de los adolescentes juega videojuegos digitales durante al menos cuatro horas los días en que juega y un 12% presenta riesgo de desarrollar un uso problemático. Entre los varones, esa proporción asciende al 16%, frente al 7% registrado entre las mujeres.

La ansiedad y la depresión aumentan en casi todos los países

De los once países que cuentan con series estadísticas comparables entre 2012 y 2022, nueve registraron un deterioro anual de la salud mental juvenil de entre el 3% y el 16%. Solo Japón y Corea mostraron leves mejoras.

Además, los datos nacionales muestran aumentos del malestar psicológico, los síntomas depresivos y los cuadros de ansiedad en numerosos países como Australia, Canadá, Francia, Países Bajos, Nueva Zelanda y Suecia, donde el deterioro fue significativamente mayor entre los jóvenes que en la población adulta.

La evidencia científica recopilada coincide con investigaciones internacionales que identifican un crecimiento de los trastornos mentales entre los jóvenes de 15 a 19 años desde comienzos de la década del 2000, mientras que en otros grupos etarios las tasas permanecieron estables o incluso descendieron.

Las adolescentes son las más afectadas

Uno de los hallazgos más consistentes del informe es la fuerte diferencia entre varones y mujeres. Los datos de la encuesta internacional Health Behaviour in School-aged Children (HBSC), que releva información en 27 países del organismo, muestran que el bienestar disminuye con la edad y que las adolescentes presentan indicadores considerablemente peores.

En 2022, el 68% de las chicas de 15 años declaró sufrir múltiples problemas de salud, frente al 36% de los varones de la misma edad. Además, el porcentaje de adolescentes que afirmaron sentirse "decaídas" al menos una vez por semana pasó del 20,5% en 2014 al 32,5% en 2022, con un incremento mucho más pronunciado entre las mujeres.

El bienestar también cae de forma sostenida a medida que avanza la adolescencia. El puntaje promedio medido mediante el índice de bienestar de la Organización Mundial de la Salud descendió de 65,3 puntos a los 11 años a 57,4 a los 13 y a 53,7 a los 15 años.

Crecen las autolesiones

Aunque las tasas de suicidio juvenil permanecieron relativamente estables en la mayoría de los países, se advierte un aumento de las hospitalizaciones por autolesiones, especialmente entre las adolescentes.

En los trece países que aportaron datos comparables, las internaciones por autolesiones entre niñas y adolescentes de hasta 17 años aumentaron un 29% entre 2015 y 2023.

Francia representa uno de los casos más preocupantes. En 2024, las hospitalizaciones por autolesiones crecieron un 22% entre niñas de 10 a 14 años respecto del año anterior y un 14% entre adolescentes de 15 a 19 años. Además, las mujeres presentan el doble de probabilidades de ser hospitalizadas por intentos de suicidio o autolesiones que los hombres y también tienen mayores tasas de reinternación.

Una crisis con múltiples causas

El informe rechaza la idea de una única explicación para este deterioro y sostiene que la salud mental juvenil está siendo afectada por una acumulación de factores.

Frente a este escenario, ampliar la oferta de servicios especializados no alcanza.

Frente a este escenario, ampliar la oferta de servicios especializados no alcanza.

Entre ellos aparecen la digitalización, el uso intensivo de redes sociales, el ciberacoso, la exposición permanente a noticias negativas, las presiones escolares, la incertidumbre económica, el aumento de las desigualdades, las dificultades habitacionales, la ansiedad climática y los conflictos internacionales. Todos estos elementos interactúan entre sí y generan una sensación persistente de presión e incertidumbre sobre el futuro.

Los especialistas entrevistados también coinciden en que el mayor conocimiento sobre salud mental y la reducción del estigma pueden haber favorecido que más jóvenes expresen sus problemas. Sin embargo, consideran que existe un deterioro real de la salud mental y no únicamente un aumento en la disposición a reportar síntomas.

La respuesta sigue siendo insuficiente

Frente a este escenario, ampliar la oferta de servicios especializados no alcanza. El organismo plantea la necesidad de fortalecer la prevención desde la infancia, incorporar programas de educación socioemocional en las escuelas, mejorar la alfabetización en salud mental, apoyar a las familias y ampliar el acceso a dispositivos comunitarios de atención temprana y de baja complejidad.

El informe también advierte que menos de un tercio de los países miembros recopila datos nacionales periódicos sobre salud mental juvenil, una limitación que dificulta evaluar políticas públicas y comprender la evolución del problema.

La conclusión del estudio es contundente: frenar el deterioro de la salud mental de las nuevas generaciones requerirá políticas coordinadas entre los sistemas de salud, educación y protección social, junto con intervenciones preventivas capaces de actuar antes de que los problemas se agraven.

Las más leídas