El peso de no estar bien: por qué la salud mental de los jóvenes argentinos está en alerta roja
Un estudio de la UBA relevó el estado psicológico de más de dos mil personas en todo el país. Los jóvenes, los más afectados. El sueño, la actividad física y el uso de inteligencia artificial, en el centro del análisis.
La salud mental de la población no es un tema secundario, sino un factor que golpea de lleno en el tejido social y productivo.
La ansiedad y la depresión se instalan despacio, mimetizadas en una tristeza que se vuelve parte del paisaje cotidiano, en una preocupación que nos desvela de madrugada o en un cansancio sordo que ningún domingo de descanso logra aliviar.
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A veces, en el ritmo frenético de los días, lleva a las personas a seguir adelante como sea, a "tirar", pero los problemas de salud mental se consolidan cuando el malestar deja de ser una reacción natural a un mal momento y pasa a ser un estado prolongado que traba la rutina.
En una Argentina atravesada por la incertidumbre, la procesión va por dentro. Si bien el abuso de sustancias o las apuestas online en los adolescentes generan preocupación, los trastornos ansiosos y depresivos operan desde el silencio, erosionando profundamente la capacidad de trabajar, estudiar, relacionarse y proyectar. De hecho, la depresión ya se posiciona como la primera causa de carga global de enfermedad a nivel mundial.
Los padecimientos que atraviesan a los argentinos se reflejan en el último estudio del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA, que aborda el estado psicológico de la población argentina.
El relevamiento, que alcanzó a más de 2.200 participantes de todo el país, nos devuelve una radiografía sumamente preocupante: el 6,5% de los encuestados, es decir, uno de cada quince argentinos, se encuentra en riesgo de padecer un trastorno mental. Si bien la cifra muestra una leve baja respecto a los picos de la pandemia, enciende alertas urgentes.
Los jóvenes, en el centro de la tormenta
El informe revela que el malestar psicológico, la sintomatología ansiosa y los indicadores más altos de riesgo suicida se concentran con fuerza en las franjas más jóvenes.
La brecha generacional es abismal, ya que mientras los mayores de 60 años registraron de manera consistente los niveles más bajos de angustia, los chicos de entre 18 y 29 años se ubican en el sector de mayor vulnerabilidad.
Esta situación se agudiza entre quienes pertenecen a sectores socioeconómicos bajos, lo que demuestra que a menor edad y menor ingreso, la ansiedad y la depresión se disparan al doble. El estrés crónico derivado de la inestabilidad económica, las deudas y la falta de un horizonte laboral previsible destruye la capacidad de regulación emocional de las nuevas generaciones, en un contexto país donde la pobreza golpea de forma desproporcionada a los más jóvenes.
La rutina del malestar: dormir mal, moverse poco y vivir en crisis
El bienestar emocional no flota en el aire, sino que se apoya directamente en la calidad de la vida diaria, y la realidad es que los indicadores cotidianos muestran un marcado deterioro.
Por un lado, los argentinos duermen cada vez peor. El 58,69% de los encuestados reportó tener dificultades frecuentes u ocasionales para conciliar el sueño, frente a un escaso 22,29% que afirmó no tener problemas. El insomnio, que afecta al 10% de la población general, altera la salud cognitiva y emocional, y multiplica el riesgo de sufrir hipertensión, problemas cardíacos y diabetes. El porcentaje de personas que reportan dormir poco se cuadruplicó en el último tiempo.
A la falta de descanso se le suma el sedentarismo, ya que el 39% de los participantes admitió que no realiza ningún tipo de actividad física. Moverse funciona como un remedio natural, y el informe confirma que quienes hacen un espacio para el deporte registran niveles de ansiedad notablemente más bajos, mientras que la inactividad física global ya se vincula directamente a enfermedades no transmisibles en 500 millones de personas en el mundo.
Todo este cuadro se da en un entorno donde el 35,85% de la gente afirma estar atravesando una crisis profunda en este momento. Al indagar en los motivos, el impacto en el bolsillo es innegable: el 55,91% señala dificultades económicas por deudas o bajos ingresos, el 52,40% pasa por una crisis vital y el 36,37% acusa crisis de origen familiar.
El refugio en la pantalla y la paradoja de la IA
Este año, el estudio de la UBA incorporó un análisis novedoso sobre cómo se interactúa con la tecnología y las emociones. Mientras el uso de redes sociales es casi total alcanzando al 97,19% de la población, más de la mitad de los argentinos, concretamente el 58,98%, ya convive con herramientas de Inteligencia Artificial en su día a día. Los datos muestran que el uso frecuente de la IA se asocia a mayores niveles de ansiedad y malestar psicológico global.
Sin embargo, el dato más impactante es que un 7,37% de los encuestados admitió que preferiría hablar con una Inteligencia Artificial antes que con un psicólogo o profesional de la salud humana.
Los investigadores aclaran de forma tajante que este grupo minoritario presenta los niveles más severos de sufrimiento psicológico, depresión y riesgo suicida. No se trata de una relación de causa directa donde la máquina genere el trastorno, sino de una dolorosa asociación: quienes peor la están pasando y se topan con mayores barreras de acceso en el mundo real, terminan buscando un refugio inmediato, rápido y sin costo en la tecnología ante la falta de contención humana.
Querer sanar y encontrarse con la pared del bolsillo
Históricamente, la Argentina cuenta con una enorme ventaja cultural, ya que valora la psicoterapia, esto se traduce en que el país cuenta con una de las tasas más altas de profesionales por habitante y no estigmatiza la consulta de salud mental. De hecho, actualmente el 29,15% de los participantes se encuentra bajo tratamiento psicológico. Cuando nos sentimos mal, el 40,87% recurre a hablar con amigos, el 28,80% busca un psicólogo y el 21,28% utiliza el deporte como vía de escape.
Sin embargo, el sistema cruje gravemente por el lado de la accesibilidad. Entre el universo de personas que hoy no asisten a terapia, la mitad exacta, el 50,05%, asegura que percibe la necesidad urgente de tener atención pero no puede acceder. Al indagar en los motivos, el 43,44% declara abiertamente que la principal traba es económica porque no puede pagarlo. El porcentaje restante choca contra la dificultad para encontrar horarios compatibles, la falta de cobertura por parte de obras sociales y prepagas, o la preocupante ausencia de servicios gratuitos en los efectores públicos.
Escuchar lo que los números piden
La salud mental de la población no es un tema secundario, sino un factor que golpea de lleno en el tejido social y productivo. Los resultados del informe del OPSA demuestran que se necesitan de manera apremiante estrategias de monitoreo en los barrios, programas de detección temprana en las escuelas, fomento de conductas saludables y reformas reales que faciliten el acceso de la comunidad a los tratamientos.
Cuidar la cabeza en tiempos de crisis e incertidumbre no puede ser un privilegio de pocos porque, tal como concluye de forma contundente el informe, sin salud mental simplemente no hay salud.
FUENTE: Relevamiento del estado psicológico de la población argentina 2025, Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.







