"Segundo cerebro": qué función cumplen las neuronas del intestino y cómo influyen en el organismo

El neurólogo Hugo Valderrama explicó por qué el intestino fue bautizado como el "segundo cerebro", cuál es su verdadera función y cómo se relaciona con el estrés, la alimentación y el sistema inmune.

Un especialista explicó por qué el intestino fue bautizado como el segundo cerebro, cuál es su verdadera función y cómo se relaciona con el estrés, la alimentación y el sistema inmune.

Un especialista explicó por qué el intestino fue bautizado como el "segundo cerebro", cuál es su verdadera función y cómo se relaciona con el estrés, la alimentación y el sistema inmune.

Cada vez es más frecuente escuchar hablar del "segundo cerebro" para referirse al intestino. Sin embargo, el neurólogo y máster en neurociencias Hugo Valderrama aclaró que el concepto suele prestarse a confusión. En una entrevista con el programa Creo, explicó que el nombre surgió por la enorme cantidad de neuronas presentes en el sistema digestivo, pero remarcó que no se trata de un cerebro capaz de pensar o razonar.

"Se le llamó así porque un neurocientífico que estudió este sistema hace unas tres décadas tituló su libro 'El segundo cerebro', por la cantidad de millones de neuronas propias que hay desde el esófago hasta el colon", explicó.

El intestino mide, en promedio, unos ocho metros de longitud y coordinar su funcionamiento requiere un sistema extremadamente complejo.

El intestino mide, en promedio, unos ocho metros de longitud y coordinar su funcionamiento requiere un sistema extremadamente complejo.

No obstante, aclaró que esas neuronas cumplen funciones completamente distintas a las del cerebro. "No es que tenemos una cosa que razona. Son neuronas con otras funciones totalmente distintas", afirmó.

Qué hacen las neuronas del intestino

Valderrama explicó que el intestino cuenta con una extensa red neuronal cuya principal tarea es coordinar el funcionamiento del sistema digestivo.

Entre sus funciones se encuentran:

  • regular la movilidad intestinal;

  • modificar la permeabilidad del intestino para absorber más o menos nutrientes;

  • controlar el flujo sanguíneo que llega al aparato digestivo.

El especialista recordó que el intestino mide, en promedio, unos ocho metros de longitud y que coordinar su funcionamiento requiere un sistema extremadamente complejo.

Como ejemplo, mencionó la recomendación de no hacer actividad física inmediatamente después de comer.

Según explicó, durante la digestión el organismo dirige una mayor cantidad de sangre hacia el intestino. Si esa sangre debe redistribuirse hacia los músculos por un esfuerzo físico intenso, puede producirse una alteración importante del funcionamiento intestinal.

La relación entre el intestino, la serotonina y la microbiota

Durante la entrevista también se abordó el papel del intestino en la producción de sustancias vinculadas con el funcionamiento del sistema nervioso. Valderrama señaló que en el intestino se genera serotonina y otros neurotransmisores a partir de procesos en los que intervienen las bacterias que forman parte de la microbiota.

"Depende del alimento que ingerís y de otras cuestiones, como el nivel de estrés que uno tenga. Todo eso altera la movilidad intestinal, altera esa flora bacteriana y puede producir alteraciones en la secreción de esos neurotransmisores", explicó.

Una alimentación inadecuada puede alterar tanto la flora bacteriana como las sustancias que regulan las defensas del organismo.

Una alimentación inadecuada puede alterar tanto la flora bacteriana como las sustancias que regulan las defensas del organismo.

El neurólogo remarcó que la alimentación influye sobre la composición de la microbiota. "Cuando nosotros nos alimentamos mal, alimentamos mal esas bacterias. Crecen las que no son beneficiosas y las que sí lo son disminuyen", indicó.

El estrés también afecta al intestino

El especialista explicó que la comunicación entre el cerebro y el intestino es permanente. Ese intercambio se produce a través de distintos mecanismos, entre ellos el nervio vago, que conecta el tronco encefálico con el intestino y otros órganos.

"Hay un ida y vuelta continuo", resumió. Sin embargo, aclaró que no puede afirmarse que una depresión o un trastorno emocional tengan como origen exclusivo el intestino.

"No es que estoy depresivo porque seguramente estoy comiendo mal. Todo influye porque somos un organismo biológico hipercomplejo, pero en general no es el origen. Puede agravar la cuestión", sostuvo.

El sistema inmune también entra en juego

Además de intervenir en la producción de neurotransmisores, la microbiota participa en procesos relacionados con el sistema inmune. Valderrama explicó que una alimentación inadecuada puede alterar tanto la flora bacteriana como las sustancias que regulan las defensas del organismo.

"Si uno se alimenta mal, también se altera el sistema inmune", señaló.

Cuando los nervios llegan al intestino

El neurólogo también se refirió a uno de los ejemplos más comunes de la conexión entre el cerebro y el sistema digestivo: los trastornos intestinales provocados por situaciones de estrés.

Explicó que, cuando el cerebro percibe una amenaza, modifica la regulación intestinal como parte de la respuesta del organismo. Por eso, situaciones de ansiedad pueden desencadenar episodios de diarrea o estreñimiento y agravar cuadros como el intestino irritable.

Para ilustrarlo recordó una expresión muy conocida entre estudiantes universitarios.

"En las universidades, antes de los exámenes orales, era muy frecuente que todos los baños estuvieran ocupados. A eso le decían 'caprex', una forma coloquial de describir esa reacción del intestino frente al estrés", contó.

El especialista aclaró que esos síntomas siempre deben ser evaluados por un profesional para descartar otras causas, aunque reconoció que el estrés constituye uno de los factores que con mayor frecuencia altera el funcionamiento intestinal.

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