lunes 1 de marzo de 2021
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Las muertes por covid se aceleraron en Rosario: el 60% ocurrió en las últimas tres semanas

En la provincia de Santa Fe, la curva de contagios se amesetó en un nivel alto, que oscila cerca de los 2.500 casos diarios. Pero preocupa la evolución del índice de letalidad en Rosario.

El reporte provincial de covid-19 alcanzó 1.000 muertos el último sábado. Y Rosario se aproxima a los 600. Da pavor abrir esos números: el 25% de las muertes en Rosario ocurrieron esta semana. Y el 60% en los primeros 22 días de octubre. Septiembre había sido el mes más duro. Octubre lo superó. ¿Qué nos espera en noviembre? O mejor dicho: ¿hay que esperar a ver qué nos depara noviembre? ¿O es posible intervenir, hacer algo que tuerza el rumbo?

La situación es dramática. Según los informes semanales de la Municipalidad de Rosario hay dos indicios positivos: la tasa de duplicación de casos, que el 2 de octubre era de 16 días y ahora es 26. Y el RT, que es el promedio de casos secundarios a partir de un caso primario, en el mismo lapso bajó de 1,17 a 1,03.

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El presidente de la Nación habló de un “amesetamiento alto” en Santa Fe en torno a los 2.500 casos diarios. Autoridades sanitarias de la provincia coincidieron. ¿Puede haber un amesetamiento siendo que el índice de letalidad viene escalando semana a semana? El 2 de octubre era 1; el 16 era 1,15 y este viernes 23 trepó a 1,29. Es un índice relativamente bajo, pero está en ascenso, a razón de un 30% en 23 días. Es difícil pensar que se estancan los casos pero se siguen moviendo las muertes.

¿Qué hacer? ¿Seguir igual con un aislamiento al que sólo le está quedando el nombre, o apretar el botón rojo intermitente?

Y todo esto si nos atenemos a los informes oficiales y sin tener en cuenta la creciente cantidad de voces que señalan el problema del retraso en la carga de datos. El investigador y docente de la UNR y el Conicet, Ernesto Kofman, integrante de la Asamblea de Trabajadores de la Salud, sostuvo que el sistema de carga de datos de fallecidos viene con demoras y que por tanto la letalidad que se informa resulta menor a la real, que según sus cálculos en el departamento Rosario es del 1,8% y de 2,1% en la provincia. Hasta ahora, en las estimaciones de crecimiento de casos no le han errado, al contrario todas sus proyecciones avisaron con tiempo los números que hoy “están naturalizados” pero que en agosto o principio de septiembre parecían imposibles.

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Un dato positivo es que la tasa de duplicación de casos se redujo en Rosario.

Un dato positivo es que la tasa de duplicación de casos se redujo en Rosario.

¿Qué hacer? ¿Seguir igual con un aislamiento al que sólo le está quedando el nombre, o apretar el botón rojo intermitente como expresó la Asamblea de Trabajadores de la Salud Colectiva con sus cruces negras en el Monumento a la Bandera?

No son los únicos, hace tiempo que el secretario de Salud de la ciudad, Leonardo Caruana, sugiere el botón rojo intermitente como forma de congeniar la necesidad de trabajar y mover la economía con el resguardo del sistema sanitario y, ahora lo comprobamos, cientos de vidas que se pierden por semana.

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También los intendentes y el gobernador resaltaban que las autorizaciones que daban para abrir las actividades podían ser revocadas si la situación se agravaba. Abrieron, pero ahora comprueban que no pueden volver.

El dilema es brutal. La política, que es la que tiene la obligación de mirar la película completa y tomar las decisiones, quedó atrapada en una película de terror, en la que se conjugan un sistema sanitario que pone todo el esfuerzo pero no encuentra los resultados esperados; una economía diezmada en términos micro y macroeconómicos; hartazgo social; anomia y rebeldía.

En ese contexto, la voz de funcionarios de salud, sanitaristas y epidemiólogos perdió peso en la agenda de quienes toman decisiones, de forma proporcional a la atención que ganaron otras urgencias. El gobernador Omar Perotti expuso ese dilema en público: "Que nadie salga de su casa por 15 días sería el mejor consejo, pero eso no puede darse ahora". Le siguió el intendente Javkin: “No es apretar un botón rojo y la aplicación de un decreto que pueda disponer un gobernante”.

Los gobernantes toman, o no, decisiones en función del pulso social. ¿Y la sociedad? ¿Cómo está haciendo las cosas ese entramado de pertenencias culturales, económicas, de clase, geográficas, que unificamos bajo el concepto de sociedad? Claramente de forma muy dispar. Asombra cómo se borran las diferencias educativas y culturales cuando se trata de incumplir restricciones. Las motivaciones y razones son diferentes en el centro que en los barrios, pero el resultado es el mismo en este caso: los casos se multiplican y se desbordan las camas por igual en hospitales y sanatorios privados.