El grupo de WhatsApp de los abuelos santafesinos de la Asociación Civil Fénix está activo durante todo el día hasta que alguien toma la decisión de decir que ya son muchos los mensajes que se acumularon en el chat de la red social y hay que descansar. Sin embargo, todos los días Graciela "Chela" Spizzo, Olga Spina, Carlos Ibañez, Analía Carranza y los demás adultos mayores se levantan con notificaciones en sus celulares que no les permitieron sentirse solos en ningún momento en lo que va de la cuarentena por la pandemia del coronavirus.
Hay un mensaje que nunca falta: es el video del tatengue Carlos que saluda a sus compañeros -varios amigos- cantándoles canciones que él mismo escribe. Tiene 71 años y forma parte de la asociación desde hace un año, cuando su esposa falleció. Antes de la cuarentena asistía tres veces por semana a los talleres de inglés, músicas, tecnología que se dictan en las instalaciones del Club Atlético Unión. "Te llena el alma hacer los talleres, los profes y la psicóloga son unos genios", aseguró en diálogo con Aire Digital. "Yo sólo tengo una afección simple que es una úlcera en la pierna izquierda, pero hay otros compañeros que pasaron por cosas peores y están solos", explicó.
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Toda su vida se dedicó a la gastronomía que ejerció en el club Unión. Cuando falleció su esposa, su hija, su yerno y sus tres nietos se fueron a vivir con él, por lo que en esta cuarentena no está solo. Además, gracias a la enseñanza de los talleres se conecta con sus compañeros del grupo y hace las tareas que los profesores les mandan por WhatsApp y por mail. "Siempre me llevé bien con la tecnología", resaltó. "Con mi familia somos vendedores de cosméticos naturales hace muchos años y eso hizo que aprendiera varias cosas", aseguró.
"Es un hermoso grupo de WhatsApp el que formamos", afirmó y contó que a los que no tienen la red social los llaman por teléfono, "sobre todo a los que sabemos que están solos y necesitan unas palabras", destacó. De esta manera, entre los abuelos y los profesores de los talleres se dan ánimos para combatir la cuarentena. Carlos lee, escribe letras de canciones y las graba para compartirlas con sus compañeros del grupo Fénix. "También colaboro con todas las cosas de la casa porque, gracias a Dios, todavía puedo", explicó.
Para Carlos, la pandemia "va a enseñar muchas cosas que en el fragor de la lucha del día a día se pierden". Destacó que "ahora a los abuelos se nos va a dar el reconocimiento que antes no, parece que se dieron cuenta que nos tienen que cuidar y escuchar".
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A diferencia de Carlos, Analía vive la cuarentena de otra forma. "No estoy tan fuera de lo habitual porque como tuve un ACV hace 13 años se me dificulta deambular por problemas de equilibrio, entonces suelo estar mucho tiempo quieta en un mismo lugar", explicó en diálogo con Aire Digital. La mujer de 63 años, que forma parte del grupo de los abuelos hace tres, indicó que armó su "vida adentro" y siempre utilizó la tecnología para comunicarse con el mundo. "Para mí es como una ventana al mundo y a la sociabilización", afirmó. Además, contó que fue empleada de un farmacia hasta antes del accidente, desarrolló siempre muchas habilidades tecnológicas.
Su hijo siempre vivió con ella, pero ahora lo ve con más frecuencia. Su encuentros durante el almuerzo y la cena se tornaron una convivencia constante. "Ya debe estar cansado de ver tanto a su madre", bromeó Analía y contó que, a pesar de que se llevan bien, todavía no se acostumbran a estar tanto tiempo juntos. Mientras su hijo trabaja desde la casa, ella limpia y ordena, tareas que hasta que empezó la cuarentena no realizaba con frecuencia, sino que se encargaba una empleada a quien extraña: "es como de la familia porque trabaja en casa desde hace 20 años, pero como está dentro de la población de riesgo por la edad, tuvo que dejar de venir", aclaró Analía.
Para Carlos, la pandemia "va a enseñar muchas cosas que en el fragor de la lucha del día a día se pierden", dijo. Destacó que "ahora a los abuelos se nos va a dar el reconocimiento que antes no, parece que se dieron cuenta que nos tienen que cuidar y escuchar".
A quienes también espera ver pronto, son a sus compañeros del grupo Fénix, al cual describió como "una bendición". Narró que en los días sin cuarentena suelen salir a pasear, asistir a bingos e ir todos juntos a tomar lisos a algún bar de la ciudad. "Por suerte ahora tenemos muchas charlas por WhatsApp y con los ejercicios que nos pasan los profes nos mantenemos activos física y mentalmente", dijo. "Cuando me levanto tengo como 15 o 20 mensajes y así siguen a full todo el día", precisó. Contó que las charlas por chat se prolongan a lo largo de todo el día hasta que alguien escribe: "ya está, ya fueron muchos mensajes".
Una de lo integrantes con más experiencia en el grupo y en la vida, es Olga Spina que tiene 82 años de edad y siete dentro de la Asociación Civil Fénix. Valiente, tomó la decisión de pasar el aislamiento sola: "Cuando empezó la cuarentena mis hijos me preguntaron si quería que vinieran pero les dije que no, que quería quedarme sola porque tengo que acostumbrarme", manifestó a Aire Digital. Pianista de profesión, ahora sus días transcurren entre prácticas, tareas de los talleres del grupo, tejidos, pinturas y, por supuesto, charlas con sus compañeros en el grupo. "Las que venimos desde hace mucho tiempo ya somos muy amigas", aclaró. Eso sí, "las que quedamos, porque varias se fueron de gira", dijo con una voz pícara. Ella entró al grupo invitada por una vecina. "Somos muy unidos y me gusta ir porque tenemos talleres de baile, computación, historia, salimos, viajamos, organizamos peñas", opinó.
Olga aseguró que nunca antes habló tanto por teléfono. "Desde que empezó la cuarentena no los veo más, pero charlamos siempre por mensajes", remarcó. Ella sabe hacer videollamadas y además de chatear por WhatsApp, en sus días de cuarentena, también habla con sus conocidos por Facebook. Entiende perfectamente cómo usar el celular, pero la computadora no le agrada. "Me gusta leer del papel, por eso copio todas las tareas que nos mandan los profesores a una carpeta especial que tengo", explicó. Estos últimos días encontró un gran pasatiempo: antes de que empiece la cuarentena había desarmado un rompecabezas de 1.500 piezas que ahora retomó. Además, "Cecilia (Nelli), la psicóloga que coordina el grupo, me trajo elementos para que haga más de 200 barbijos, así que tengo para entretenerme", sostuvo.
Chela, de 74 años, vive sola en un departamento, que es parte del hogar de su hija, su yerno y sus dos nietos. Todos los días comparte almuerzos y cenas con sus familiares, sobre todo, en épocas de cuarentena por la pandemia del coronavirus. "Me asombra la capacidad que tiene los chicos para entender lo que pasa y cuidarse", contó y, entre risas traviesas, agregó: "yo quiero salir a barrer la vereda y no me dejan".
Integra el grupo Fénix desde hace dos años, el mismo tiempo que pasó desde que se murió su esposo a quien cuidó durante mucho tiempo. "Yo estaba muy estresada y no quería salir porque había pasado años cuidando a mi esposo que tenía alzheimer", relató. "El grupo me sacó, me hizo renacer", aseguró y contó que haciendo los talleres de danza, canto, historia, tecnología, arpaterapia junto a sus compañeros, se siente como una niña". Para Chela, es su lugar en el mundo, donde ya tiene amigas con las que se divierte mucho.
Como a sus compañeros, el grupo de WhatsApp la mantiene entretenida y también le brinda el material para hacer sus tareas de los talleres. "De ahí me descargo las instrucciones de los profesores y mi hija me imprime los archivos que son más largos", explicó. Durante la cuarentena, encontró otro hobbie muy interesante: "decidí escribir las historias de amor de toda mi familia, de mis padres que vinieron de Italia, mis abuelos, mis tíos", contó. Si bien extraña a sus amigos, se distrae con las tareas y las charlas por WhatsApp. Cuando ya no tiene nada que hacer, pone música y baila con el escobillón.
Olga tomó la decisión de pasar el aislamiento sola: "Cuando empezó la cuarentena mis hijos me preguntaron si quería que vinieran pero les dije que no, que quería quedarme sola, porque tengo que acostumbrarme".
La tecnología es su gran aliada en esta cuarentena. "Nos costó mucho pero en los talleres aprendimos a usar el celular y la netbook", confesó. Al igual que Analía, para Chela Internet "es una ventana al mundo, más en una situación como esta en la que todos se comunican con la tecnología para acompañarse". A Chela le gusta mucho hacer videollamadas y les son útiles para comunicarse con dos de sus hijos que no viven en la ciudad.
"Me gusta leer del papel, por eso copio todas las tareas que nos mandan los profesores a una carpeta especial que tengo", explicó Olga.
A los cuatro abuelos, la tecnología los mantiene conectados con sus familiares y, sobre todo, entre ellos. Su grupo de WhatsApp no es como el de cualquiera de los adolescentes o adultos. En ese chat comparten su día a día y se contienen en los momentos difíciles y en las alegrías. Si bien varios viven acompañados de sus seres queridos, no hay nadie mejor que un compañero de aventura con la misma experiencia para saber qué palabras necesitan escuchar o leer, porque ni la cuarentena les impide apoyarse y superarse juntos. Al contrario, los abuelitos del grupo Fénix parecen tener la fuerza y alegría necesaria para sobrevivir a esta y muchas pandemias más con una calma que inspira y alienta a combatir los problemas con una sonrisa.
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