Con más de 20 años de experiencia, Lovisa trabaja en el acompañamiento de personas con autismo y sus familias, además de dirigir un centro interdisciplinario en el norte santafesino. Desde ese lugar, sostuvo que el concepto de “trastorno” está en revisión: “Se está encaminando a considerarlo una condición de vida. Las barreras más importantes hoy son sociales, no están en la persona”, explicó en diálogo con Ahora Vengo, por AIRE.
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Autismo: avances y deudas pendientes
La especialista reconoció que en los últimos años hubo avances significativos en materia de visibilización, impulsados principalmente por familias y medios de comunicación. Sin embargo, advirtió que aún queda mucho por hacer.
“Se ha progresado mucho en la integración escolar y en iniciativas como la hora silenciosa en supermercados, pero eso está enfocado en niños y adolescentes. La deuda más grande sigue siendo la inclusión en la vida adulta, especialmente en lo laboral”, señaló.
En ese sentido, remarcó que en Argentina todavía falta desarrollo de políticas y herramientas que permitan a las personas con autismo insertarse en el mercado de trabajo. “No está instalada, por ejemplo, la figura del acompañante laboral, que en otros países ya existe”, indicó.
Cómo vincularse: evitar estigmas y prejuicios
Lovisa también hizo foco en la forma en que la sociedad se relaciona con las personas dentro del espectro autista. En ese punto, alertó sobre prácticas comunes que hoy se consideran inapropiadas.
“Los chistes, las ironías o el trato desde la lástima no ayudan. Tampoco prácticas como besar o invadir el espacio personal sin consentimiento. Las personas con autismo suelen ser muy literales en la comunicación, por lo que es clave ser claros y respetuosos”, explicó.
Además, cuestionó la infantilización: “Son niños, adolescentes o adultos con ciertas condiciones, pero ante todo son personas. Hay que dejar de pensar en lo que no pueden y enfocarse en sus capacidades”.
Diagnóstico y acompañamiento familiar
Respecto al diagnóstico, la psicóloga detalló que se basa en tres ejes principales: dificultades en la comunicación, en la interacción social y la presencia de intereses restringidos.
“La reacción de las familias depende mucho de la edad. Cuando el diagnóstico llega en la infancia, suele haber un duelo vinculado a expectativas y miedos. En cambio, en adolescentes o adultos puede generar alivio, porque le pone nombre a lo que les pasa”, explicó.
Un cambio cultural necesario
Finalmente, Lovisa insistió en que el principal desafío es cultural: construir una sociedad más accesible y empática.
“Tenemos que preparar a la sociedad para convivir con esta condición. No se trata solo de incluir en la escuela, sino de garantizar oportunidades a lo largo de toda la vida”, concluyó.