ACV en Santa Fe: cómo funciona la atención de urgencias en el Hospital Cullen y qué tratamientos están disponibles
AIRE presenta la última nota de una serie de publicaciones con relación a la semana mundial del Accidente Cerebrovascular. En este caso, con el trabajo desde el Hospital Cullen de un equipo especializado que articula la guardia, la tomografía, neurología, terapia intensiva y neurointervencionismo. Cómo se activa la atención ante un posible ACV y por qué cada minuto puede cambiar el pronóstico.
Ante sospechas de un ACV, la recomendación profesional es clara: ante síntomas neurológicos repentinos, hay que actuar sin demora.
Ante la sospecha de un accidente cerebrovascular (ACV), la rapidez con la que se activa la atención médica puede marcar la diferencia entre una recuperación favorable y secuelas permanentes. En Santa Fe, el Hospital José María Cullen cuenta con un servicio especializado para abordar estos cuadros, con profesionales y equipamiento que permiten diagnosticar el tipo de lesión y definir el tratamiento en pocos minutos.
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El doctor Alejandro Musacchio, neurocirujano y especialista en neurorradiología intervencionista y referente del equipo del Cullen, explicó cómo funciona el circuito de atención y destacó la capacidad del hospital público para tratar casos complejos. Según detalló, desde el ingreso a la guardia hasta la evaluación inicial y la realización de una tomografía pueden transcurrir menos de 20 a 30 minutos.
El Cullen cuenta desde hace aproximadamente cinco años con el servicio "Cerebrales vasculares agudos" organizado con apoyo del Ministerio de Salud provincial. Se trata del segundo servicio de estas características que se creó en el país, después del de Tucumán.
La atención requiere el trabajo coordinado de diferentes áreas: neurología, neurocirugía, terapia intensiva, guardia, enfermería, diagnóstico por imágenes, emergencias y especialistas en neurointervencionismo. La articulación permite evaluar rápidamente al paciente y resolver si necesita un tratamiento farmacológico, una internación o una intervención.
El especialista también remarcó una dificultad central: muchos pacientes no llegan dentro de la ventana de tiempo que permite aplicar determinados tratamientos. “Son pocos porque no llegan el tiempo”, advirtió al referirse a las trombectomías que se realizan para tratar algunos ACV isquémicos.
El médico destacó el nivel de preparación del hospital público y afirmó que cuenta con los recursos necesarios para abordar cuadros complejos.
Cómo se activa el protocolo ante la sospecha de un ACV
El recorrido comienza cuando una persona presenta síntomas neurológicos repentinos. Entre las señales que deben generar alarma aparecen la pérdida de fuerza o movilidad en una parte del cuerpo, la desviación de la cara, las dificultades para hablar, los problemas repentinos de visión y la confusión.
Cuando el paciente llega al Hospital Cullen, el equipo de la guardia evalúa su estado y da prioridad a esos síntomas. A partir de esa primera revisión, el médico responsable activa la evaluación correspondiente y solicita una tomografía para determinar qué tipo de ACV presenta.
“Se le evalúa hemodinámicamente, se le evalúa neurológicamente y se le hace una tomografía”, explicó Musacchio. En paralelo, se convoca a los equipos especializados para analizar el caso y decidir cómo continuar.
El circuito involucra a la guardia, neurología, terapia intensiva y neurointervencionismo. Con los resultados de los estudios y la evaluación clínica, los profesionales determinan si el paciente necesita internación, atención en terapia intensiva, un tratamiento farmacológico o una intervención para retirar un coágulo que obstruye una arteria.
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El objetivo es que la primera evaluación y la tomografía se completen en menos de 20 a 30 minutos. Si el caso requiere una intervención endovascular, el paciente puede pasar a la sala de hemodinamia. Según el especialista, el objetivo es que el procedimiento comience dentro de la primera hora desde el ingreso, mientras que la intervención puede durar alrededor de una hora como máximo.
Estos tiempos describen el circuito pero no constituyen una garantía de duración para todos los casos: el tratamiento depende del cuadro, de los estudios y de las condiciones de cada paciente.
Qué tratamientos se utilizan ante un ACV isquémico
El ACV isquémico se produce cuando un coágulo obstruye una arteria cerebral y una zona del cerebro deja de recibir sangre, oxígeno y nutrientes. La falta de circulación provoca la muerte de neuronas y puede comprometer también una región cercana que todavía tiene posibilidades de recuperarse.
Musacchio explicó que, cuando el coágulo es pequeño y obstruye una arteria de menor calibre, puede indicarse una trombólisis: un tratamiento farmacológico destinado a disolverlo. En otros pacientes, cuando la obstrucción compromete una arteria de mayor tamaño, se puede realizar una trombectomía mecánica, un procedimiento endovascular para extraer el coágulo.
La elección depende de las características de la obstrucción, del estado del paciente y del tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas. El especialista señaló que, en términos generales, se considera una ventana inicial de alrededor de cuatro a cinco horas para actuar, aunque las nuevas evaluaciones permiten contemplar otros factores, como la circulación colateral, que puede mantener irrigada parte del tejido cerebral.
El tiempo resulta crucial porque la falta de circulación puede dañar la barrera hematoencefálica. Si el tejido sufre un daño irreversible, restablecer el flujo sanguíneo puede provocar una hemorragia grave. Por eso, la evaluación rápida permite identificar quiénes pueden beneficiarse de un tratamiento y cuál es la alternativa más adecuada.
En cuanto al ACV hemorrágico, se produce por la ruptura de una arteria. Puede estar relacionado con la hipertensión o con alteraciones vasculares, como aneurismas y malformaciones. Estos cuadros requieren una evaluación específica y, según su gravedad, pueden necesitar tratamiento médico, neuroquirúrgico o endovascular.
La ley provincial y el desafío de llegar a tiempo
La atención especializada no depende únicamente de los recursos disponibles en los grandes hospitales. También requiere que los equipos de localidades más pequeñas puedan reconocer un posible ACV, activar la respuesta adecuada y coordinar la llegada del paciente a un centro que disponga de los tratamientos necesarios.
La ley provincial 14.485, que crea una red de detección, diagnóstico, control y tratamiento integral del ACV, busca fortalecer esa articulación. Entre sus objetivos están mejorar la difusión de los síntomas, capacitar a los profesionales y organizar los traslados desde los ámbitos públicos y privados.
El desarrollo de una red de atención permite que, cuando se detecte un posible ACV, el paciente sea trasladado rápidamente al efector correspondiente.
Para Musacchio, la aprobación de la ley representa un avance porque establece la obligación de informar sobre la enfermedad y garantizar que las personas reciban atención. Sin embargo, aclaró que aún resta completar su reglamentación por parte del Ministerio de Salud.
El especialista insistió en que es necesario ampliar el conocimiento de la población y la preparación de los profesionales que trabajan fuera de los grandes centros urbanos.
La recomendación profesional es clara: ante síntomas neurológicos repentinos, hay que actuar sin demora.






