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Política Jair Bolsonaro | Coronda | Brasil

Sóstenes Cavalcante, el pastor y congresista evangélico que volvió a Coronda y le llevó alfajores a Bolsonaro

Sóstenes Cavalcante llegó a Coronda en los 90' como misionero evangélico, se quedó varios años y tuvo dos hijos. Volvió a Brasil y desde 2015 es diputado nacional de Río de Janeiro. El fin de semana pasado visitó a una familia corondina y les llevó sus alfajores a Bolsonaro. Una anécdota para explorar un sector de creciente poder político en Brasil: el bloque evangélico.

En 1995, el misionero evangélico de la Assembleia de Deus Heraldo Cavalcante entendió que su tiempo en Coronda había terminado y que su destino inminente sería Alemania. Decidió entonces que su reemplazante sería su veinteañero hijo Sóstenes, quien estaba concluyendo su preparación como pastor en Brasil. El joven terminó rápidamente el proceso, se casó con Isleia y desembarcó en la capital de la frutilla.

Ya instalado, empezó a trabar relación con la gente de su nueva casa, más allá de sus fieles. Con los vecinos del local de su iglesia, sin ir más lejos. La familia Peralta-Mandar fue uno de esos casos, cuyo hogar estaba apenas cruzando la calle.

Esa amistad no estaba exenta de política ni mucho menos: Luis Norberto “Beto” Peralta era en aquel entonces un activo dirigente del PJ, que fue concejal y funcionario municipal en reiteradas oportunidades. Su esposa María Eva también militaba activamente. Así, entre visitas a las unidades básicas e invitaciones a su amigo a las reuniones sociales de sus feligreses, Cavalcante empezó a recorrer el camino que lo llevaría al Congreso Nacional Brasileño.

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El pastor y congresista Sóstenes Cavalcante compartió un asado con la familia Peralta-Mandar.

El pastor y congresista Sóstenes Cavalcante compartió un asado con la familia Peralta-Mandar.

Tras 9 años de su llegada a Coronda, durante los cuales nacieron sus dos hijos, Junior y Jennifer, el pastor y su familia retornaron a su país de origen. En el hermano mayor de Latinoamérica, como quedó visualizado fuertemente en los últimos años, la participación política de figuras religiosas se asume sin remilgos. De esta manera, en 2015, fue electo diputado federal por su nuevo territorio, Río de Janeiro, y desde esa banca aportó uno de los votos para la destitución de Dilma Roussef, un año después, como todo el bloque evangélico.

El fin de semana pasado, Cavalcante y su familia volvieron a Coronda. El motivo: un encuentro de iglesias evangélicas de la zona. Los acompañó el también religioso y senador nacional por Ceará, Luis Eduardo Grangeiro Girao, ex presidente del club Fortaleza, quien aprovechó el viaje para ver a su equipo, unos días antes, contra River en el Monumental. Paradoja: es un poderoso empresario hotelero y no encontró lugar de alojamiento por el boom turístico de Semana Santa. Se tuvo que quedar en la casa de una feligresa.

Con los Peralta-Mandar no se cortó nunca la relación. Y la visita se celebró con un asado, previsiblemente. Desde allí, Cavalcante se comunicó por videollamada con uno de los hijos de Beto y María Eva, Norberto, que hoy vive en Ushuaia. En medio de la amistosa charla, desde el sur del mundo llega la aclaración: “Sóstenes, vos tenés en claro como pienso yo...”. “No vamos a discutir por eso. A ver cuándo me vas a visitar”, le contestó el pastor. Valga la precisión: su casa está sobre la playa en Río de Janeiro.

El reencuentro incluyó alfajores santafesinos “Genaro”, fabricados por la propia familia, de larga tradición en el negocio gastronómico. El pastor les avisó: en estos días, que uno de estos paquetes le va a llegar a una persona muy conocida. A mediados de esta semana, la foto principal que ilustra esta nota entró al celular de Beto.

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El pastor y diputado nacional brasileño Sóstenes Cavalcante estuvo en Coronda durante Semana Santa.

El pastor y diputado nacional brasileño Sóstenes Cavalcante estuvo en Coronda durante Semana Santa.

El Bloque Evangélico, un núcleo de poder con peso político propio en Brasil

Más allá del colorido anecdotario, el episodio permite observar que los trayectos políticos y las relaciones humanas no obedecen a la linealidad que se suele utilizar para analizarlas.

No es ninguna novedad el poderío de las múltiples y diversas iglesias evangélicas y de su abierta inserción en la disputa política en Brasil. Tampoco lo es que allí se puede encontrar buena parte del sustento social, y en algunos casos económico, de la explosiva figura del presidente brasileño. Sin embargo, está bastante olvidado que importantísimos segmentos religiosos que hoy celebran a Bolsonaro antes estuvieron asociados a Luiz Inácio Lula da Silva. Y que ahora mismo, en la carrera hacia las decisivas elecciones de octubre, en las que Cavalcante y Girao van por la reelección, el líder del PT trata de reconstruir, aunque más no sea parcialmente, algunas de aquellas alianzas.

En Argentina, el avance de estos sectores sobre las capas más humildes de la sociedad y el sistema político no adquiere ni de cerca aún el volumen del gigante sudamericano. Eso no implica debilidad: las multitudinarias movilizaciones que derrotaron al proyecto de Interrupción Legal del Embarazo en 2018 estuvieron fuertemente protagonizadas por los fieles evangélicos.

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El Bloque Evangélico tiene coincidencias importantes con el gobierno del presidente Jair Bolsonaro en Brasil.

El Bloque Evangélico tiene coincidencias importantes con el gobierno del presidente Jair Bolsonaro en Brasil.

Consciente de que su base electoral coincide, en una porción no menor, con la feligresía popular de diferentes creencias, la actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner advirtió, tres meses luego de votar como senadora a favor del aborto legal, que en su frente político no debía “haber una división entre los que rezan y los que no rezan” y que existía allí espacio para “los pañuelos verdes y los pañuelos celestes”.

Ese gesto de amplitud fue una involuntaria devolución de gentilezas. En pleno conflicto por las retenciones móviles, el famoso programa televisivo “Pare de Sufrir”, de la evangélica Iglesia Universal del Reino de Dios, dedicaba buena parte de sus medianoches a reproducir la opinión de sus fieles sobre la disputa que conmovía al país.

Los conductores, todos ellos pastores, preguntaban con su inocultable tono brasileño: “¿Usted está a favor de Cristina? ¿Usted está a favor del campo? Llámenos”. Se podía encontrar allí un termómetro alternativo a las propuestas mediáticas tradicionales, en las cuales los sectores populares estaban claramente subrepresentados.

En efecto, las miradas estaban bastante más repartidas. E incluso algunos, que manifestaban contrariedad con las posiciones oficiales, señalaban con disgusto las descalificaciones hacia la entonces presidenta: “No puede ser que la traten así, que le digan que es la señora del caballo (sic)”.

Los caminos del Señor son inescrutables.