Pasaron dieciséis años desde que el Gobierno nacional comenzara a quedarse ilegalmente con dinero de la coparticipación que pertenecía a Santa Fe. Transcurrieron doce años desde que el entonces gobernador Hermes Binner, acompañado por los exgobernadores Carlos Reutemann y Jorge Obeid, llevara el reclamo de la Provincia ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Cosas del destino: fue tanto el tiempo transcurrido desde que se inició el reclamo, que ninguno de los tres exgobernadores que estuvieron presentes aquel día de 2010 ante los miembros de la Corte Suprema vive en la actualidad como para saber que, de alguna manera, aquella muestra de unidad valió la pena.
Santa Fe y la Nación terminaron firmando un acuerdo sobre el modo en que los fondos serán devueltos, cumpliendo con la sentencia de la Corte. Fue el pasado miércoles, cuando el gobernador Omar Perotti, y el exministro de Economía, Martín Guzmán, hicieron el anuncio de manera oficial.
Lo que seguramente Binner, Reutemann y Obeid jamás imaginaron, es que el pago de aquella deuda histórica, injusta e ilegal; terminaría generando una verdadera grieta en esta Santa Fe de mediados de 2022.
Las imágenes lo dicen todo: por un lado, Perotti y Guzmán -antes de la renuncia- anunciando el acuerdo desde Buenos Aires; por el otro, dirigentes de prácticamente todo el arco opositor en una foto tomada en el aula Vélez Sarsfield, de la Universidad del Litoral, expresando su malestar.
¿Qué es lo que pasó?, ¿cómo pudo ser posible que aquella muestra de unidad de Binner, Reutemann y Obeid; mutara tanto como para terminar en semejante fractura en Santa Fe?
La política y los argumentos enfrentados
Cada una de las partes tiene su mirada. Y no está mal que así sea.
Nadie puede negar que, en estas circunstancias, el juego de la política se hizo inevitablemente presente: a la foto de Perotti y Guzmán, rápidamente le siguió la foto de la oposición en pleno. Nadie está dispuesto a regalar un milímetro en un tablero en el que las fichas comienzan a moverse con las miradas puestas en las elecciones de 2023.
En este caso lo hizo la oposición. Pero es muy probable que lo mismo hubiese hecho el peronismo si en estos momentos no gobernara la provincia.
Pero lo cierto es que, más allá de las fotos, de los gestos políticos, los réditos personales/partidarios o del clima electoral que desde hace tiempo se respira, cada una de las parte esgrime distintos argumentos para sostener sus posiciones.
Es verdad lo que dicen los opositores cuando plantean que, a valores del costo de la construcción, aquella deuda histórica de Nación ya no representa 150.000 millones de pesos, sino que oscila en 500.000 millones. Dicho en otras palabras: si hoy se intentara construir las obras que se hubiesen podido realizar en su momento con el dinero retenido por Nación, habría que multiplicar por tres los recursos que recibirá la Provincia a través de bonos.
Desde el Gobierno responden que, con esta lógica, habría que decir que en 2016, durante la gestión de Miguel Lifschitz, la Provincia se endeudó en 500 millones de dólares a una cotización de 1 dólar = 15 pesos (el crédito representaba 7.500.000.000 de pesos) y, en estos momentos, aquella deuda representa 65.000.000.000 de pesos porque la cotización oficial es 1 dólar = 130 pesos.
Los opositores rechazan que Omar Perotti acordara con la Nación, sin ninguna consulta previa, que Santa Fe vuelva permitir que la Afip se quede con el 1,9% de los fondos que la Provincia recibe de coparticipación -son aproximadamente 8.000 millones de pesos al año-.
Pero desde el Gobierno dicen que Santa Fe es la única provincia que no realiza este aporte y que, por ese motivo, se ve privada de información crucial que maneja la Afip sobre los contribuyentes santafesinos. Según los cálculos del oficialismo, contar con estos datos permitirá elevar la recaudación y cubrir con creces los 8.000 millones con los que se quedará la Afip. Además, se espera que esta decisión sea evaluada por la Legislatura provincial.
Es cierto lo que plantea el Gobierno de Santa Fe, cuando afirma que el mecanismo aplicado para la actualización de la deuda fue el que la Corte dispuso en su sentencia de diciembre de 2021, y recuerda que todos sabían que el pago se realizaría con bonos -tal como sucedió con la provincia de San Luis-, pero nadie de la oposición levantó su voz para rechazarlo en el momento indicado.
Los opositores responden que no siempre el Gobierno nacional paga sus deudas con bonos. Y recuerdan que, en el primer cuatrimestre de 2022, se transfirieron 29.996 millones de pesos por el pago de una "deuda social" a la provincia de Buenos Aires, que terminará recibiendo más de 90.000 millones en efectivo.
Cómo transformar un logro en una nueva grieta
Así como hace 12 años un gobernador y dos exgobernadores de distintos signos políticos compartieron el escenario para reclamar ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación por esta deuda, la actual administración provincial manejó el tema del acuerdo con suma reserva. De hecho, fue el presidente Alberto Fernández quien, en su reciente paso por esta capital, contó que en cuestión de días se estamparían las firmas para convenir montos y formas de pago.
Los dichos del Presidente desencadenaron lógicos interrogantes: ¿sabía el Gobierno de Santa Fe que el acuerdo se firmaría pocos días después y no lo había comunicado? Desde la Casa Gris aseguran que el gobernador se sorprendió y que no estaba al tanto de que Alberto Fernández realizaría este anuncio.
Desde aquel 15 de junio -día de la visita de Alberto Fernández a Santa Fe-, no trascendió información alguna sobre los detalles del acuerdo. Incluso, funcionarios de áreas clave del Poder Ejecutivo provincial que fueron consultados al respecto por AIRE, dijeron no estar al tanto de la letra fina del convenio que se estaba a punto de firmar.
El martes 28 por la tarde, el Gobierno decidió invitar a referentes de la oposición a una reunión programada para el día siguiente, con el objetivo de explicar las condiciones del acuerdo. Sin embargo, ese miércoles el gobernador ya se encontraba en Buenos Aires con la posibilidad de anunciar la firma del convenio.
Esa mañana, el faltazo opositor en la Casa Gris fue generalizado. Es que, si el acuerdo podía firmarse ese mismo miércoles en Buenos Aires, cualquier observación que realizaran los opositores ese día no tendría ningún impacto en la letra del convenio.
Es verdad que la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación ordenaba que fueran los gobiernos de Nación y de Santa Fe los que discutieran los términos del acuerdo, y que esto no implicaba necesariamente la consulta del Poder Ejecutivo de la Provincia a los partidos opositores.
Sin embargo, teniendo en cuenta la trascendencia de los acontecimientos y cómo se inició este proceso en 2010 -con Binner, Reutemann y Obeid unidos ante los miembros de la Corte-, tal vez hubiese sido saludable para todos que el Gobierno de Santa Fe manejara el último tramo de las negociaciones con mayor diálogo con la oposición y apertura con la ciudadanía.
En definitiva, si los opositores colocaban trabas innecesarias por mezquindades electorales, hubiesen quedado en evidencia. Y si realmente tenían aportes para reforzar la posición de la Provincia, todos hubieran salido fortalecidos.
Tal como se dieron los hechos, todos parecen haber perdido. El ciudadano común está confundido y no entiende con claridad si lo que acaba de suceder fue un logro o una derrota para la provincia. En parte, porque hubo quizá cierta sobreactuación de los opositores. Y en alguna medida, por la escasa información que brindó el Gobierno durante los momentos finales de las negociaciones.
La satisfacción que debió generar el anuncio del acuerdo, terminó opacada por esta división reflejada en dos fotos, tomadas en distintos escenarios y con diferentes protagonistas.
Al fin y luego de tantos años de espera, la Nación y la Provincia de Santa Fe llegaron a un acuerdo sobre una deuda histórica, injusta e ilegal. Hermes Binner, Carlos Reutemann y Jorge Obeid, ya no están para ser testigos del complejo final de esta historia que se inició con una muestra de unidad, y terminó con una nueva grieta.
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