De desengaño en desengaño, de la ilusión del Frente de Todos a la revolución libertaria de Javier Milei que no fue ni será. Pero no conviene meterse con el mito bimilenario de Papá Noel, o Santa Claus, o Nicolás de Bari, el nacido en Turquía a principios del Siglo III y obispo milagrero que parece haber sido el precedente real del personaje que millones de niños y niñas suelen utilizar para defender la alegría y por qué no, también la fantasía.
Utilicemos a nuestro favor (navideño) una frase del reconocido Rubén Enrique Brieva: "Somos los que más sabemos de la Navidad y de Santa Claus porque son lo que nosotros queremos que sean".
Es decir, reales y mitológicos a la vez e indicadores directos de dos variables claves e íntimamente relacionadas: el espíritu navideño (que puede relevarse en la cantidad de adornos, tamaño del arbolito o el pesebre, entre otros arreglos) y el precio de la canasta con que se sirve una de las mesas más alegóricas del año.
Veamos algunas cifras económicas que preocupan a Santa y a las familias que pretenden cerrar -con cierta dignidad- un año en el que no fuimos campeones de nada, pero nos propinamos el primer gobierno liberal libertario de nuestra accidentada historia.
Sidra y pan dulce a la canasta, ¿colecta para el vitel toné?
La primera variable a considerar -después de la tercera devaluación más importante de la historia argentina: el dólar oficial subió 118% (solo Alfonsín superó esa brutalidad un par de veces) y en términos reales se ubica en el nivel más alto desde la salida de la convertibilidad-, es el salario.
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Aquí hay que diferenciar entre el "empleo formal" y el que queda por afuera del sistema, considerado "informal" (que no cuentan con el aguinaldo y depende en parte de que los registrados gasten el suyo).
El primero -según datos actualizados a septiembre 2023 por la consultora santafesina MATE- sigue en caída libre desde 2015, de $568.435 a $407.858 en 2023; es decir que en 8 años perdieron más de $160.000.
El salario registrado cayó 7 de los 15 trimestres que gobernó el FDT valorados por MATE, registrando la peor caída (-7,7%) en el tercero de este año, previo a las elecciones PASO. De enero a setiembre de 2023 perdieron 9,3% de su poder de compra.
En el caso de los jefes y jefas de hogar que trabajan en el sector informal, muchos de los cuales proveen de cartas y fondos al citado Noel para felicidad de sus hijes, la pérdida es del 21,4% para los primeros 8 meses del año y el promedio salarial según datos del SIPA, es de $81.736, con solo un 10% de trabajadores cuentapropistas y precarizados por encima de los $120.000.
Para unificar cifras, el 50% de los y las asalariadas en Argentina percibió menos de $120.000 a setiembre 2023 y el 80% ganó menos de $200.000. El dato sobre el piso, sobre la referencia para justar programas sociales y salarios precarizados, el Salario Mínimo, Vital y muy poco Móvil, alcanzó los $156.000 recién en este último mes.
Entonces, si situamos la canasta de consumos mínimos de ATE Indec para una pareja adulta con dos niños en edad escolar en $343.670 para el segundo trimestre del año, podemos decir que pese a la baja desocupación existente (6,2%) los salarios son dignos en un porcentaje absolutamente minoritario y mayormente de subsistencia o de hambre.
A esto habrá que sumarle los efectos devastadores de la última devaluación de la alianza Libertario-Macrista, que pulverizó el poder de compra de los salarios aludidos con incrementos de precios que oscilan entre el 50% y el 100%.
Solo en la primera quincena de diciembre el IPC GBA se incrementó en un 18,1%, impulsado por los rubros Salud (38,4%), esparcimiento (28,2%) y un ítem carísimo para la mesa cotidiana y particularmente navideña: alimentos y bebidas (16,2%).
Un informe de la consultora Equilibra estima que la caída del salario real de diciembre (de los sectores formalizados) podría estar entre el 8% y el 11,6% si la inflación trepa al 25% o al 30%. Para la consultora Eco Go, y considerando una inflación semanal de entre el 4% y el 5%, la “inflación alimentaria” llegaría al 33,2% mensual.
Con este panorama habrá que enfrentar la adquisición de juguetes, comida y bebidas con sueldos que actualmente pueden comprar un 50% menos que antes del balotaje.
Regalos libertarios: ¿quién pidió una bicicleta?
El ex Director del FMI, Alejandro Werner, (hijo de perseguidos políticos durante la última dictadura militar y promotor trasnacional de sus políticas), ya había aclarado que “la renuncia de Luis Caputo como presidente del Banco Central durante el gobierno de Macri fue una exigencia del FMI, no tenía la capacidad para administrar la política monetaria y cambiaria”.
¿Cuáles son las dos medidas que el trader que hoy es ministro de Economía impulsa luego de ese y otros cuestionamientos? Pues bien, relanzar un ciclo de endeudamiento y generar un juguete altamente valorado por quienes tienen la posibilidad de acceder a él (y que es un regalazo navideño): una bicicleta.
La bicicleta que diseñó Sturzenegger durante el macrismo (y Caputo continuó) era traer dólares, cambiarlos a pesos, invertir en LEBACs, ganar 2,2% en un mes, reconvertirlo a dólares a la misma tasa original y luego volver a sacar el dinero.
En los meses top de aquella operatoria, la rentabilidad de capitales especulativos llegó al 20% mensual en dólares, que no se podía conseguir en ningún lugar del mundo.
La bici 2023 que unos pocos podrán lucir en sus arbolitos navideños y puede sostenerse casi sin riesgo por unos 3 meses, se puso en marcha al poner un dólar recontra-alto, el más alto desde la salida de la convertibilidad, aclarar que va a ajustarse a un 2% mensual, poner una tasa de interés del plazo fijo al 10% y luego licitar 2 billones de pesos en Letras del Tesoro que los bancos podrán cambiar por las benditas LELIQs.
La invitación es a vender dólares, comprar Letras del Tesoro que garantizan entre un 10 y un 15% mensual en dólares y volver al dólar a la espera de una nueva devaluación (de magnitudes inferiores al 100%, pero muy por encima del crawling peg del 2% mensual definido para el primer trimestre 2023), que algunos estiman en abril o mayo del año que viene.
La buena noticia, porque debe haberla para preservar el espíritu navideño, es que si bien las ventas de jugueterías, supermercados y bazares multirubro se proyecta con una caída a nivel nacional del 36,6% (10% solo en juguetes, según Indecom), se espera que las mesas familiares revaloricen los encuentros y la posibilidad de compartir lo que cada uno pueda aportar; para que el ajuste no empañe una de las dos últimas y más importantes celebraciones del año.
Eso sí, los y las que votaron este programa de gobierno, engañados o no, votantes naturales o no de Milei y sobre todo beneficiarios de la desregulación brutal de la economía y las relaciones laborales que acaba de anunciar el Presidente, deberían costear la mesa de tragos y el vitel toné. Ensaladas y jugos aportamos todos y todas.
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