No cabe duda de que las 12 medidas compensatorias anunciadas por el ministro-candidato Sergio Massa, alteraron el sentido y el clima de una campaña dominada por una inexplicable y poco encantador punto de cruce (que produjo 13 millones de votos castigo, entre ausentes y blancos): quién iba a ajustar más o menos, quién iba a aplicar la mayor o menor dosis de sufrimiento a los estratos más empobrecidos, los mismos que en diciembre de 2019 el presidente aseguraba que “no van a pagar el costo de la deuda irresponsable tomada por Macri”.
Los anuncios son combustible esencial aunque no suficiente para lo que hasta hace algunos días era una “campaña seca” de promesas y repleta de amenazas sin codificar por parte una oposición dueña del 60% de los votos válidamente emitidos y que -como anticipamos hace meses- cabalga sobre un coyuntura tramada por el odio ideológico y social y tienen como slogan principal “exterminar al kirchnerismo”. Pero para analizar la verdadera magnitud de los anuncios –y siempre considerando las fenomenales restricciones de un acuerdo con el FMI que desde siempre se propuso crear las condiciones para una derrota de la coalición gobernante- veamos algunas cifras comparadas.
En principio, dos que reflejan lo derechizado del espectro ideológico y la oferta electoral: alimentar mal a los pobres de la patria (a través del planes sociales) solo insume el 0,75 del PBI y la totalidad de los recursos que se vuelcan a los sectores públicos y privados para compensar la inflación exigida por el FMI es del 0,53% del PBI, de los cuales el Estado asume un costo fiscal del 0,4%. Sin embargo, los estamos discutiendo, la oposición anuncia que va a terminar con los planeros para “sacarlos de la esclavitud a la que los somete el Estado” (desopilante razonamiento de “la Julio Argentino”) y renovó la chicana previsible del “Plan Platita”, el Fondo se quejó formalmente por el “despilfarro”, UIA y CAME (cuya única diferencia es el tamaño de las empresas que aglutinan) repudia “el intervencionismo estatal” y 14 provincias (muchas gobernadas por peronistas) ya comunicaron que no van a pagar los bonos porque “no poseen fondos suficientes” o “porque sus estatales le vienen empatando o ganando a la inflación”.
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Según el Informe “Las medidas de Massa, un breve análisis de los últimos anuncios” del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas que dirige Claudio Lozano, considerando el promedio salarial de los trabajadores registrados (neto $312.000) y el nivel actual del salario mínimo ($112.500), el bono de $30.000 representa un 9,5% y un 30% respectivamente, cifras que deberán lidiar con una inflación semanal de casi dos dígitos (en agosto promedió 2,2 semanal) y mensual de casi dos dígitos para los próximos dos meses.
Para el mismo informe, la suma mensual otorgada está también por debajo de la línea de indigencia mensual para adultos establecida por el INDEC y que para julio estaba en $36.000.
Si consideramos además que en Argentina hay 1.439.000 desocupados, 5,299.000 asalariados no registrados y 4.275.000 cuentapropistas que quedan por fuera de la suma fija el resto de las medidas destinadas al sector formal, quedan más de 11 millones de trabajadores y trabajadoras fuera de una reparación exigua y que registra una rebelión de gobernadores e intendentes peronistas inesperada para una campaña en la que UP aún tiene chances matemáticas y políticas para ganar.
Santa Fe o la inexplicable rebelión federal a pedir de Milei
En este punto, conviene analizar un caso notable, pero que refleja el estado actual del peronismo y sus “conducciones estratégicas”, el de la provincia de Santa Fe. Juan Manuel Pusineri anunció que no se pagará el bono porque la última paritaria “contempla una suma superior” y le permite a los estatales ganarle al IPC y Omar Perotti –que prometió una campaña que no existió para las PASO y supone que pegarle a Alberto Fernández por porteño, desestimar el bono y apoyar a Massa son acciones compatibles- volvió al fallido recurso electoral de despegarse de la suerte de UP a nivel nacional con el argumento de que “la provincia recibe menos de lo que aporta”.
Ahora bien, el 25% ofrecido para el mes de agosto a los gremios estatales se aplica sobre sueldos del mes de febrero, por lo tanto, no alcanzan para compensar el 22% con el que se devaluó el dólar oficial (y que se trasladó casi pleno a precios), sino que queda 5 puntos por debajo, sin contar con que la devaluación acumulada del mes pasado fue del 30%. Incluso una brillante idea –la Billetera Santa Fe- y que acaba de incrementar el reembolso por compras, mantuvo congelada la devolución de $5.000 durante dos años en los que la inflación acumuló un 146%. Si ese es el “bono santafesino”, quedó corto hace rato y no acompañó la evolución de los precios y la depreciación de los ingresos registrados.
Este peronismo, la suma de todo el peronismo existente, a nivel nacional y en muchas provincias parece haber dado por sentadas dos cosas preocupantes: que los 20 puntos perdidos durante el macrismo no son su responsabilidad, que solo hay que recuperar lo perdido desde enero 2020 y que hay una pobreza irresoluble y estructural del 30% para la que ya ni siquiera aplica el noventoso slogan de luchar y gestionar “hasta que no quede ni un solo pobre en Argentina”. Cuesta imaginar multitudes seducidas por semejante displicencia.
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Otra cosa que el peronismo no puede dar por sentada es una victoria cultural y a la postre electoral de Javier Milei, al que decenas de intendentes y gobernadores (denunciados por Mario Secco y Sergio Berni en PBA) alimentaron para erosionar a Juntos por el Cambio y retener sus territorios, lo financian desde hace tiempo, le armaron las listas y le fiscalizaron las PASO.
Bien hechos los números y al cabo del escrutinio definitivo, Javier Milei no sacó el 30% de los votos, sino el 20% considerando el padrón electoral total, es más potente su victoria cultural (transitoria, como la correlación de fuerzas que supone una disputa constante) que la mayoría electoral que sus publicistas voluntarios e involuntarios se empeñan en proyectar sobre la opinión pública. Pero como apuntamos en una nota anterior, la crisis ideológica y operativa del peronismo actual (¿Wado de Pedro no consultó a los gobernadores del palo para asegurar el anuncio de la suma fija?) magnifican los errores y le impiden capitalizar los aciertos.
Finalmente, más allá del revoleo de cifras y asumiendo que nadie vota en contra de sus intereses sino a favor de complejos modelos aspiracionales, los políticos que juegan al desgaste de sus rivales internos, que complican la campaña de Sergio Massa (¿para qué lo pidieron y lo nominaron como “el candidato de la unidad”?) o se concentran en sus territorios y proyecciones personales, deberían ser más conscientes que no es lo mismo hablar de la crisis que padecerla, que la gran mayoría de ellos están económicamente resueltos y podrán sobrevivir sin sobresaltos cuatro años del más crudo neoliberalismo con razzia ideológica incluida, mientras que los únicos y verdaderos perjudicados serán los argentinos a los que les piden el voto a cambio de poco o como el riojano Ricardo Quintela, les citó a Perón para invitarlos a “votar al menos malo”.
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