Pistolas Taser en Santa Fe: el preocupante dato sobre su uso ante crisis de salud mental
Entre septiembre de 2025 y el 1° de agosto de 2026, la Policía santafesina informó 31 intervenciones en las que se utilizó una pistola Taser.
Las situaciones de salud mental ocupan un lugar relevante entre los 31 procedimientos registrados desde la implementación de las Taser en Santa Fe.
Una persona intenta quitarse la vida. Otra se autolesiona con un arma blanca. Alguien atraviesa una crisis de salud mental y amenaza con lastimarse. En todos esos escenarios, registrados oficialmente en Santa Fe durante el último año, hubo un mismo elemento: la intervención de policías equipados con pistolas Taser.
Te podría interesar
El dato adquiere una dimensión particular en una provincia que durante 2025 registró 448 suicidios, una cifra que convirtió al suicidio en la principal causa de muerte violenta en Santa Fe, por encima de los homicidios y de las muertes en accidentes de tránsito.
Entre septiembre de 2025 y el 1° de agosto de 2026, la Policía santafesina informó 31 intervenciones en las que se utilizó una Taser. En 23 de esos procedimientos hubo una descarga eléctrica y en los ocho restantes la intervención no llegó a concretarse mediante una descarga.
Pero más que la cantidad total de usos, lo que llama la atención es el tipo de situaciones en las que la Policía recurrió a esta herramienta.
Del análisis realizado por AIRE surge que casi el 30% de las intervenciones registradas estuvo relacionado con autolesiones o intentos de suicidio. Es decir, cerca de una de cada tres situaciones en las que se utilizó una Taser tuvo como escenario una persona que podía estar atravesando una crisis de salud mental y que, en algunos casos, representaba un riesgo para sí misma.
Cuando la crisis termina en una intervención policial
Los registros oficiales permiten reconstruir una serie de situaciones particularmente sensibles.
Entre los casos informados aparecen una persona que se autoinfringía lesiones con un arma blanca; un hombre con problemas de salud mental que amenazaba con un arma blanca; una mujer que amenazaba con quitarse la vida utilizando dos cuchillos; y personas que intentaban suicidarse con cuchillos, una cuchilla o un pico de botella.
También se registró el caso de una persona que provocaba desórdenes y portaba un hacha y un pico. Son situaciones diferentes entre sí, pero tienen un punto en común: la Policía intervino ante personas que atravesaban episodios de extrema vulnerabilidad o riesgo de autolesión.
En algunos casos, además, la amenaza no estaba dirigida contra terceros sino contra la propia persona. Ese aspecto resulta central para analizar el uso de una Taser.
En un procedimiento policial convencional, la prioridad puede ser reducir a una persona que representa una amenaza para otras personas o para los propios agentes. En una crisis suicida, en cambio, la situación incorpora otra dimensión: la persona que debe ser contenida también puede ser quien está en peligro.
La intervención policial pasa entonces a desarrollarse en el límite entre la seguridad y la atención de una emergencia de salud mental.
El problema detrás de la estadística
El número puede parecer pequeño: nueve de las 31 intervenciones registradas aproximadamente estuvieron relacionadas con autolesiones o intentos de suicidio.
Pero la relevancia del dato no está solamente en el porcentaje. Está en que las Taser están apareciendo dentro de un tipo de intervención que no necesariamente responde a un conflicto policial tradicional, sino a personas atravesadas por una crisis.
Y Santa Fe tiene un problema particularmente grave en ese terreno.
Durante 2025 hubo 448 suicidios en la provincia, según el primer registro oficial elaborado por el Ministerio Público de la Acusación. Representaron el 46,5% de las 964 muertes violentas contabilizadas durante ese año.
La cifra superó a los 210 homicidios dolosos y a las 306 muertes por accidentes de tránsito.
La tasa provincial de suicidios fue de 12,7 cada 100.000 habitantes, frente a 5,9 homicidios dolosos y 8,7 muertes en siniestros viales cada 100.000 habitantes.
El dato permite dimensionar el contexto en el que aparecen las intervenciones policiales frente a personas que intentan quitarse la vida o se autolesionan: no se trata de una problemática marginal dentro de las muertes violentas de Santa Fe. Es, estadísticamente, la de mayor magnitud.
Una problemática que durante años permaneció oculta
La publicación de estos números también representa un cambio para Santa Fe.
El Ministerio Público de la Acusación presentó por primera vez una estadística oficial sobre suicidios luego de cotejar sus propios registros con los del Ministerio de Justicia y Seguridad.
De ese trabajo surgieron 377 casos presentes en ambas bases de datos y otros 71 registros adicionales en el sistema Heimdall, lo que permitió estimar un total de 448 suicidios durante 2025.
Hasta entonces, la problemática no contaba con una estadística provincial consolidada.
La propia fiscal general María Cecilia Vranicich explicó que existía temor a hacer públicos estos números por la posibilidad de que la difusión pudiera generar un efecto de contagio.
Ese enfoque cambió.
Los organismos internacionales recomiendan actualmente producir y publicar estadísticas sobre suicidios porque conocer la dimensión del fenómeno permite diseñar políticas de prevención y coordinar las respuestas estatales.
El MPA anunció, en ese sentido, la creación de un Mecanismo Interinstitucional de Información Estadística sobre Suicidios dentro del Observatorio de Seguridad Pública de Santa Fe, con información proveniente de distintas áreas del Estado.







