Nadie, ni siquiera los dirigentes más optimistas de la oposición, pudo anticipar semejante debacle sufrida por el Gobierno en las elecciones primarias de este domingo. Fue una paliza que difícilmente pueda ser revertida en las elecciones de noviembre próximo, salvo un giro copernicano en su gestión y en su estrategia proselitista. Perdió en todos los grandes distritos, incluso en su bastión –Buenos Aires- y solo ganó en seis provincias que no suman el 10% del padrón. Para peor, si se proyectan estas cifras a las elecciones de noviembre, Cristina Kirchner perdería el quórum en el Senado, mientras que en la Cámara de Diputados la oposición ganaría terreno.
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Debilitado como nunca, el presidente Alberto Fernández asumió anoche como propia la derrota ante el silencio de la vicepresidenta. El castigo que le propinó el electorado fue monumental y reflejo de ello fue el clima de velorio que se vivió anoche en el búnker del Frente de Todos. Ninguno esperaba un triunfo holgado como aquel que festejó en 2019, pero jamás imaginaban un Waterloo. De hecho, el oficialismo perdió por más diferencia que aquella que él le sacó a Mauricio Macri en las elecciones generales de 2019.
“Sabemos que hay errores que hemos cometido. A partir de mañana vamos a trabajar para que en noviembre los argentinos nos acompañen”, dijo Fernández, con Cristina a su lado. Ella decidió salir a enfrentar la derrota, como pocas veces antes. Sin hablar y con una tensión indisimulable en el rostro.
“Todo está en el aire”, confiaba una fuente desde el escenario de la derrota. En efecto, en la cima del poder se vivirán días de vértigo y tensión interna hasta noviembre. Los cambios de gabinete, un reclamo que el kirchnerismo ya no disimulaba antes de las primarias, no aguantarán a las generales. ¿Podrá sostener a Santiago Cafiero en la Jefatura de Gabinete? La presión sobre Martín Guzmán se tornará insoportable. Un resultado módico ya hacía prever acciones económicas apresuradas para conquistar votos en noviembre a golpe de dinero público. ¿Cómo impactará eso en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI)?
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En la coalición de Juntos por el Cambio los liderazgos comienzan a definirse más nítidamente. En primer lugar, el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, emerge indiscutidamente triunfante con su arriesgada apuesta bonaerense, en la que impuso la candidatura de su exviceje de gobierno. Diego Santilli logró un contundente triunfo, aun cuando el radical Facundo Manes hizo una elección mucho más que digna que lo instala como una figura para el futuro. Al mismo tiempo, Larreta salió airoso con su jugada de llevar al frente de la boleta porteña a la exgobernadora bonaerense duramente derrotada en 2019. Incluso, María Eugenia Vidal obtuvo más votos de los pronosticados.
Esos resultados, más la derrota de los candidatos de Mauricio Macri en Córdoba, uno de los dos distritos donde el expresidente jugó personalmente su capital político, empoderan a Rodríguez Larreta en su proyecto de ir por el liderazgo de Pro y ser en 2023 el candidato presidencial de Juntos por el Cambio. De todas maneras, su camino no está del todo asfaltado hacia esa meta: Patricia Bullrich avanza con una construcción sostenida en el interior, desde donde pretende articular un sistema de apoyos para la disputa interna, pero también para la construcción nacional.
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Otro desafío para las ambiciones de Rodríguez Larreta surge desde el radicalismo. El digno desempeño de Manes en el territorio bonaerense y los contundentes triunfos en las provincias que gobierna la UCR, como Mendoza, Jujuy y Corrientes, robustecen las ambiciones. Gerardo Morales, Gustavo Valdés y Alfredo Cornejo revalidaron títulos para disputarle a Pro el dominio de la coalición opositora o, como mínimo, rediscutir las relaciones de fuerza interna.
En este escenario, el oficialismo tiene por delante la dura tarea de recomponer sus fuerzas con vistas a las elecciones de noviembre y preservar la gobernabilidad, cuando aún le restan dos años de mandato. De no poder revertir los resultados de las primarias en las elecciones generales, no tendrá otra alternativa que entablar acuerdos con la oposición en el Congreso para asegurar su continuidad en la gestión. ¿Será el fin de la grieta? Ver para creer.
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