La protección y creación de nuevos puestos de trabajo es una de las características que diferencian claramente al gobierno del Frente de Todos –con todas sus limitaciones y pendientes– del ciclo industricida de Cambiemos (hoy Juntos por el Cambio), en el que se destruyeron 276.000 puestos netos.
Al mes de octubre 2022, según cifras del Indec, se habían recuperado 259 mil puestos por encima de los que dejó el macrismo, y restaban 33 mil para igualar los puestos formales del cierre del ciclo kirchnerista.
Es cierto que la desocupación del total urbano bajó del 7,9% al 6,7% (y venía descendiendo del 8,2%) y que en el Gran Rosario –donde la riqueza está mal distribuida, pero hay balas para todos– marcó un 6%, por debajo de la media nacional.
Santa Fe es la segunda provincia con mayor tasa de empleo (45,6%) detrás de Caba (51%) y por delante de la provincia de Córdoba (45%) –socia en la aventura política de desmarcarse del gobierno nacional citando a Bustos y López–. Por eso surge la pregunta inevitable: ¿qué pasa que no se nota ni en el consumo, ni en el humor social?
Lo que pasa es que pese a la voluntad industrialista, exportadora e inclusiva del FDT, los buenos números del empleo contrastan con otros que se explican –en parte– por la voluntad de ajustar presupuestariamente para cumplir lo acordado con el FMI.
La participación de los trabajadores en el ingreso nacional total (33% contra 56,6% del capital) está en un piso histórico; en el primer semestre bajo monitoreo los trabajadores perdieron U$S20.250 millones, que en un 94% fue absorbido por el sector empresario; con el incremento de empleos se dio en puestos asalariados informales y autoempleos de subsistencia, cuya media de ingresos es de $44.214 para la ocupación principal (mientras que una canasta básica asciende a $163.539); producto de la insuficiencia de las paritarias cortas +bono o aguinaldos para enfrentar la inflación, la pobreza alcanza a 1,5 millones de trabajadores formales (17,9%) y 2,2 millones de informales (45%).
Pero al desglosar esas cifras con la variable de la participación de las mujeres en ese mercado en expansión y el nivel de ingresos comparado contra IPC y respecto del que perciben los varones se ven las diferencias.
Mujeres y diversidades, el hambre que vive adentro del pan
Entre las cifras alentadoras que muestra la recuperación pospandemia gestionada por el FDT –a quien votantes desencantades acusan de hacer “macrismo con perspectiva de género”– figura la que señala que casi el 40% de los empleos creados en la pospandemia fueron ocupados por mujeres; más precisamente un 38,2% según el último informe del Centro de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETyD) de la Universidad Nacional de San Martín.
Hacia fines de 2022 la tendencia se mantuvo hasta llegar a una tasa de empleo femenina del 47%, uno de los valores más elevados desde 2003 y 1,2% por encima de 2021. En valores absolutos, la cantidad de mujeres ocupadas alcanza las 8,9 millones con un incremento interanual de 323 mil personas.
El dato que contrapesa lo antedicho es que –según el Indec y considerando ingresos laborales y no laborales– el promedio de ingresos de las mujeres es 23% inferior al de los varones. Si el ingreso medio individual de la economía es de $80.435 y el ingreso medio masculino es de $92.655, el de las mujeres es $68.310.
Y si analizamos las cuatro provincias con mayor brecha de ingresos entre ambos sexos, nos encontramos que Santa Fe ranquea tercera (29,4%) detrás de Santa Cruz (36,5%), Chubut (35,95) y -otra vez- por delante de Córdoba (29,2%). Una noticia poco feliz para el feminismo radical, esto no se resuelve con el simple trámite de cambiar gobernador por gobernadora (director por directora o gerente por gerenta), todes sabemos que el patriarcado es transversal a los géneros y sus estructuras son resistentes a un cambio que seguirá demandando años de lucha y denuncias privadas y públicas.
Finalmente, con una desocupación femenina del 7,8%, el CETyD hace foco en la franja etaria 14-29 años, el tramo de ingreso al mercado laboral, donde la desocupación supera 2,3 puntos a la de los hombres y llega al 16,6%. Pero si afinamos la mira para relevar el tipo de empleos obtenidos, veremos que predominan los empleos precarios y de cuidado, lo que impacta decididamente sobre la calidad de vida en la tercera edad.
Según cifras de CEPA, con toda la oposición parlamentaria en contra de la moratoria jubilatoria (que beneficiará a 800.000 personas de las cuales 48.000 son santafesines), sólo 1 de cada 10 mujeres está en condiciones de jubilarse. Del total de las que tienen entre 55 y 59 años, el 46,1% no tiene ningún aporte y sólo el 6,6% tiene entre 25 y 27 años aportados.
Contra el discurso ginefóbico de esperpentos que miden muy bien y serán claves en el balotage (Milei entre otros, por supuesto), hay que decir que la creación del Ministerio de Mujeres y Diversidades es un gesto basal e importante, que distingue claramente al gobierno del peronismo aglomerado contra casi toda la oposición existente (respetos y reconocimientos a una izquierda en minoría y sin plasticidad para acuerdos de mayorías), pero no resuelve casi nada si no tiene un presupuesto acorde y una conducción política eficaz. Parafraseando a Perón (ya Binner abusaba de éste aforismo sin citarlo) “ningún ministerio, ni ningún colectivo se realiza en un gobierno que no se realiza”. Pero las mujeres siempre menos.
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