Javier Milei es el candidato más votado de las Primarias y ese resultado no fue anticipado por los guarismos de las elecciones provinciales, previas a las Paso nacionales, y tampoco por las encuestas. Una vez más, los sondeos no se asomaron ni un poquito a la realidad de los resultados. "La gente no quiere responder", fue el paraguas que abrieron desde el primer momento, como sabiendo que podía suceder una "tormenta perfecta".
Ni el gobierno ni la oposición esperaban semejante revés. Esto cambia el escenario. Y sobran las preguntas y por ahora buscamos respuestas. El propio Sergio Massa también las estará buscando –como candidato oficialista y sobre todo como ministro de Economía en funciones– pensando en el impacto que tendrán los resultados electorales en la vida financiera y social del país apenas comience la semana.
En tanto, la oposición de Juntos por el Cambio tampoco termina de asimilar el golpe. Ambos sectores políticos quedaron peleando el segundo puesto frente a un candidato anti casta, como le gusta definirse a Milei, que resultó el más votado, superando ampliamente el 30 por ciento de los votos.
A nivel candidatos a Jefe de Gobierno en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Juntos por el Cambio obtuvo más del 55 por ciento de los votos. La ajustada diferencia entre Jorge Macri y Martín Lousteau favoreció al primo del expresidente.
No cayó muy bien en el electorado porteño, bastión original del PRO (hoy Juntos por el Cambio), la decisión unilateral y excluyente de Mauricio Macri que anuló a otros candidatos y limitó la decisión de los porteños a la hora de elegir libremente entre varios nombres del oficialismo en las Paso. Esta vez no hubo opción. Al margen del crecimiento propio de la figura de Lousteau, sin dudas su porcentaje arrastró parte de los decepcionados por la actitud de Macri, asegurándose con su primo la continuidad del apellido familiar en la Ciudad.
La bronca por el voto electrónico
Capítulo aparte merece el malhumor de los porteños producto de la demora para poder votar. El malestar comenzó desde temprano y se extendió más allá de la hora oficial del cierre de los comicios.
La ausencia de algunas autoridades de mesa, sumado al no funcionamiento de más de 200 computadoras necesarias para poder votar mediante el sistema de boleta electrónica, retrasaron el inicio y el final de la jornada electoral en muchas escuelas y sedes de votación.
La gente sumó bronca. Y el malestar se mezcló con la resignación de hacer filas de hasta dos horas para poder cumplir con el deber cívico. Incluso hubo quienes optaron por votar la fórmula presidencial y volver más tarde, para poder terminar con el acto eleccionario, una vez que funcionaran las máquinas de la boleta electrónica. Muchos ni siquiera salieron de su casa. Otra vez el ausentismo tuvo su presencia en las Paso.
Bronca, enojo, malestar y resignación. Así llegaron a las urnas los vecinos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. De esperanza muy poco. De dudas, un montón.
Ante tan sorprendente escenario a nivel nacional, y con la figura de Milei como el candidato más votado, nos preguntamos: ¿cuánto pudo haber influido este ánimo previo a la hora de elegir? ¿Cuánto pesó la inflación, los aumentos constantes de precios y la caída de los sueldos? ¿Cuánto más impactaron los crímenes de la última semana, como consecuencia de la inseguridad que roba, lastima y mata?
¿Cuánto hubo de voto enojo-bronca y cuánto de voto convicción-compromiso? ¿Cuánto de voto advertencia y cuánto de voto auténtico? ¿Cuánto hubo de espanto en vez de amor?
¿El ciudadano que voto a Javier Milei en las Paso, también lo votará en las próximas elecciones generales en octubre? ¿Ese voto, cercano al castigo contra la clase política tradicional, será solo una advertencia para el resto de los candidatos o la mayoría de los argentinos realmente creen que Milei es el indicado para sacarnos del infierno?
El triunfo en la Paso de Javier Milei tal vez sea la primera respuesta. Pero eso no significa, necesariamente, que sea la mejor, la correcta o la respuesta definitiva. Por lo pronto, es la que hay. Y cambió todo el juego político. Veremos si en octubre, la sorpresa se confirma.
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