Las críticas cruzadas entre el gobernador Omar Perotti y el ministro de Seguridad de la Nación Aníbal Fernández, a propósito del descontrol por la violencia en Rosario, son apenas un capítulo entre tantos de una película más larga, en la que Fernández es la voz cantante del otro Fernández, Alberto, el mismísimo presidente de la Nación.
Ya no es novedad que presidente y gobernador de Santa Fe perdieron el "afecto político" uno por el otro. Lejos quedaron los tiempos de la campaña de 2019, cuando Perotti armó un escenario al pie del Monumento a la Bandera, en Rosario, para que el entonces candidato presidencial, junto a Cristina Kirchner y los gobernadores peronistas le mostraran al país la propuesta del Frente de Todos.
Para colmo, hay novedades en el frente de batalla: el presidente designará como nuevo jefe de Gabinete a Agustín Rossi, adversario de Perotti en la interna del peronismo santafesino.
El primer gran desacuerdo entre el presidente y el gobernador fue, justamente, cuando la Casa Rosada bancó las listas de Agustín Rossi en las primarias para senadores y diputados nacionales en 2021. Los candidatos del gobernador ganaron cómodamente el pleito electoral, pero el rafaelino nunca perdonó que se le haya dado respaldo a Rossi para articular su propio con el objetivo de disputarle poder al gobernador.
Pasadas las elecciones, Perotti echó del gobierno provincial a todos los funcionarios del rossismo. Entre ellos, al ministro de gobierno Roberto Sukerman, el funcionario de La Corriente de mayor rango.
Al toque, el presidente tomó una decisión que cayó como una bomba en la Casa Gris. Resolvió que Germán Martínez, histórico colaborador del “Chivo” Rossi, asuma la presidencia del bloque oficialista de diputados nacionales en reemplazo de Máximo Kirchner, que había renunciado a raíz del debate por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El rafaelino sintió esa movida como un nuevo desafío a su liderazgo.
Pasadas las elecciones intermedias, a lo largo de todo 2022, la relación fue fluctuante. Perotti se reservaba las críticas y solo se desmarcaba públicamente cuando aparecían medidas que impactaban en la provincia, como la recomposición de las retenciones a la harina y aceite de soja de 31 a 33%, o con el tema de los subsidios de transporte. En esos dos casos, además, hizo causa común con el gobernador cordobés Juan Schiaretti, adversario público de la Casa Rosada.
El objetivo de fondo de Perotti era sacarle al presidente el pago de la deuda histórica por los descuentos sobre la coparticipación. Cuando se firmaron los papeles, en octubre de 2022, que le garantizaban un flujo de fondos para llegar tranquilo al final del mandato, Perotti soltó amarras e inició un progresivo pero inequívoco distanciamiento del gobierno nacional y del kirchnerismo.
La relación quedó circunscripta a lo estrictamente institucional. Perotti desairó en dos oportunidades al presidente al no asistir a la convocatoria de gobernadores, en diciembre pasado, tras el fallo de la Corte Suprema de la Nación que benefició a la ciudad de Buenos Aires en el pleito por los porcentajes de coparticipación. Y repitió faltazo los primeros días de enero cuando los mandatarios provinciales alineados con Alberto acordaron impulsar el juicio político a los miembros de la Corte.
“El gobernador hace una valoración de que estar lejos del gobierno nacional y todo lo relacionado al kirchnerismo lo favorece. Tanto perfil santafesino lo termina aislando”, le dijo un legislador peronista a AIRE.
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Para colmo, se viene un año electoral y en el gobierno nacional muestran su malhumor porque entienden que el gobierno provincial vende un boom de obras públicas sin aclarar que gran parte son financiadas por la Nación. Ese habría sido el motivo por el que el ministro de Obras Públicas de la Nación, Gabriel Katopodis, hizo un viaje relámpago a Villa Constitución para participar de la inauguración de la repavimentación del intercambiador y el acceso por autopista a esa ciudad y el reemplazo de columnas e iluminación led. Se trata de una obra consideraba “menor” en el universo de obras nacionales, pero se decidió que Katopodis estuviera presente “para marcar presencia nacional porque en la Casa Rosada están cansados que la provincia las venda como obras propias”. La gacetilla oficial recalcó que “en Santa Fe el Ministerio de Obras Públicas lleva adelante 677 obras y proyectos, por una inversión de $213.445 millones”.
Algo similar ocurrió cuando el presidente avisó que venía al inicio de obras de ampliación de las plantas potabilizadoras de Santa Fe y Rosario. Dos obras multimillonarias que financia el gobierno nacional y en cuyos actos oficiales Alberto Fernández quiso estar personalmente para que quedara claro quién pone el dinero.
Esa visita fue en junio de 2022. En la segunda mitad del año pasado hubo otra, de lo más extraña, y que expuso en toda su dimensión el estado de las relaciones entre la Casa Rosada y la Casa Gris. Sucedió en noviembre, cuando el presidente se tomó un avión y se vino a la Feria del Libro Nacional y Popular que organiza cada año el diputado Leandro Busatto, hombre de La Corriente y cercano al presidente.
La agenda no incluyó ningún contacto con el gobernador ni funcionarios provinciales. En cambio, el presidente habló con el intendente Emilio Jatón y, antes de pasar por la feria, se llegó a la Municipalidad de la ciudad capital, donde mantuvo un extenso encuentro con el jefe del gobierno local, con quien construyó un muy buen vínculo político.
En ese burbujeante caldo de cultivo es que la crisis de seguridad en Rosario subió al ring al gobernador y al ministro de Seguridad Aníbal Fernández. Bastó que Perotti reclamara “mayor compromiso” del gobierno nacional, en medio del incendio que se llevó puesto a su tercer ministro de Seguridad provincial en tres años, para que desde Buenos Aires Aníbal Fernández se diera por “asombrado” a través de Twitter.
Ambos se trenzaron en la red social, en declaraciones y en entrevistas radiales. Se acusaron mutuamente de no entender nada de seguridad ni conocer la realidad de Rosario. Perotti insistió en que lo que aporta Nación no alcanza. Aníbal retrucó con números de operativos de calle y detenciones. Le devolvió gentilezas con munición gruesa: “Es su provincia, es su policía. ¿Por qué no le pregunta a los otros 22 gobernadores cómo resuelven el tema con sus policías? Resuélvalo con su policía y nosotros lo ayudamos de la mejor manera”. Se descuenta que Aníbal Fernández, más allá de que el tema le compete directamente, no salió a pelearse con un gobernador de su propio partido por decisión propia.
Apenas horas después, otra jugada de la Casa Rosada incomoda al gobernador santafesino: este viernes tomó estado público la casi segura designación de Agustín Rossi, nada menos que como jefe de Gabinete, en reemplazo de Juan Manzur.
Rossi no llega a un cargo de ese nivel para dirimir sus diferencias con Perotti, pero su nuevo rol exigirá a ambos, jefe de Gabinete y gobernador, ser todo lo profesional que corresponde para hacer marchar la relación institucional entre el Estado nacional y una de las principales provincias del país, lo cual les exigirá retomar el diálogo roto desde aquel choque electoral de 2021.
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