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Política Alberto Fernández | Frente de Todos |

La peor noticia que le espera a Alberto Fernández: la inflación de marzo

El Indec informará este miércoles el índice de inflación de marzo. Las consultoras privadas estiman que será superior al 6%. El Gobierno no descarta cambios en el gabinete, pero Martín Guzmán sigue firme en su cargo.

El presidente Alberto Fernández enfrentará este miércoles otra mala noticia: el Indec dará a conocer el índice de inflación de marzo y, según anticipan distintas consultoras privadas, rondaría entre el 6,2% y el 6,5%. Todo un récord que augura un nuevo tembladeral en el oficialismo, ya convulsionado por las feroces peleas internas que enfrentan a “albertistas” y “kirchneristas” en el ya desgastado Frente de Todos.

Los enfrentamientos no dan tregua y en el Gobierno no descartan retoques en el gabinete de Alberto Fernández. Los cambios –de concretarse– no incluirían al ministro de Economía, Martín Guzmán, quien todavía goza del respaldo presidencial pese al torrente de críticas que recibe desde las trincheras kirchneristas, quienes ya ni siquiera disimulan su encono. El último misil provino del secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, quien volvió a marcar diferencias dentro del equipo económico: en medio de la escalada inflacionaria y con la advertencia de que el aumento de precios en marzo será “alto”, una vez más, le advirtió al titular de la cartera económica que si no baja “líneas claras” el escenario empeorará.

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“La inflación de marzo va a ser alta”, reconoció Feletti, quien si bien mantiene reuniones con supermercadistas y comerciantes, fue discretamente relegado a un segundo plano en las negociaciones por el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, hombre del presidente Fernández. Feletti le endosó Guzmán toda la responsabilidad de la crisis. “Controlar la inflación es tarea de la macroeconomía, del diseño del Ministerio de Economía –dijo–. Estamos en un mundo muy difícil y el Ministerio de Economía tiene que bajar líneas claras de política económica que reduzcan la volatilidad y preserven ingresos populares, si no esto se va poner feo”.

Las expresiones de Feletti sobre el desmadre inflacionario reflejan el pensamiento vivo de Cristina Kirchner, su hijo Máximo, el gobernador Axel Kicillof y La Cámpora. Un coro de opositores dentro del oficialismo, una paradoja que el presidente persiste en tolerar en nombre de una “unidad” cada vez más desgajada.

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En tal contexto, emerge como agravante la disputa interna de los movimientos sociales oficialistas o filokirchneristas, protagonizada por el Movimiento Evita –que cuenta por ahora con la protección presidencial– y La Cámpora, de Máximo Kirchner. La pelea no es sólo por los millonarios recursos que reciben del Estado para la asistencia social –una caja monumental utilizada de manera clientelar–, sino por el “control de la calle”, un elemento clave en momentos de malestar social.

Estas organizaciones reciben la presión creciente de las agrupaciones de la izquierda trotskista –entre ellas, el Polo Obrero–, que dieron muestras en los últimos días de su capacidad de movilización y de activismo virulento con un masivo acampe en la principal avenida de la Capital Federal: la 9 de Julio. Desde los extremos, el Polo Obrero y el Movimiento Teresa Rodríguez golpean al Gobierno con la anuencia y, a veces, el respaldo explícito de dirigentes sociales que se dicen kirchneristas, entre ellos Juan Grabois.

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El jueves pasado se abrió una tregua entre el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, y los representantes de las organizaciones sociales de izquierda, tras la escalada en el conflicto que se desató luego de que el Gobierno se negara a ampliar la cantidad de programas sociales. Los dirigentes y funcionarios decidieron pasar a un cuarto intermedio hasta el lunes.

Si bien el virtual apaciguamiento de las tensiones es un dato que terminará de confirmarse en los próximos días, lo cierto es que la suspensión de nuevas altas en el programa Potenciar Trabajo tensó como nunca antes el vínculo que supo tejer la gestión del Frente de Todos con las organizaciones nucleadas en la Unidad Piquetera. Pese a la tregua, las organizaciones sociales y piqueteras continuarán con el reclamo de aumento de los planes, que el Gobierno no cederá.

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