La vicepresidenta Cristina Kirchner dio el golpe esta semana con su polémica maniobra de romper el bloque del oficialismo del Senado para ganar otro sitial en el Consejo de la Magistratura y no terminar de perder definitivamente el control de ese cuerpo clave de la Justicia. Para muchos –sobre todo para los exégetas de la vicepresidenta– se trató de una jugada política maestra. Sin embargo, no son pocos en la Casa Rosada los que sostienen que, en realidad, fue una expresión de muchos de los síntomas de debilidad y desesperación que exhibe Cristina. Y también de su resiliencia.
En las últimas semanas, la vicepresidenta vio desgastada su otrora omnipotencia dentro del Frente de Todos. No pudo impedir que el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Horacio Rosatti, asumiera las riendas del Consejo de la Magistratura. Tampoco logró, hasta ahora, la cabeza del ministro de Economía Martín Guzmán: pese a ser víctima de todo tipo de embestidas desde el kirchnerismo, que hace tiempo pide su salida del gabinete, el jefe de la cartera económica se mantiene en su puesto gracias al respaldo del presidente Alberto Fernández.
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Guzmán se encuentra en Washington, donde se reunió con la jefa del FMI Kristalina Georgieva; el objetivo de la misión del equipo económico argentino es “recalibrar” las metas comprometidas en el acuerdo con el organismo en función del impacto que la guerra entre Rusia y Ucrania tiene en la economía mundial. La vicepresidenta había intentado, sin éxito, voltear el acuerdo con el FMI; no solo no lo consiguió, sino que la mayoría del Frente de Todos –gobernadores, intendentes, sindicalistas y legisladores de todo el país– se alineó detrás del presidente Fernández.
La cuestión de las tarifas energéticas es otro tema que tiene a maltraer a la vicepresidenta. Tanto Guzmán como el presidente Fernández ningunearon el informe que, días atrás, remitió el subsecretario de Energía Eléctrica, el ultrakirchnerista Federico Basualdo, quien desaconsejó la revisión tarifaria que impulsa Guzmán a partir de junio y advirtió que los aumentos y la quita de subsidios para los hogares, comercios e industrias “no contemplan el principio de gradualidad fijado por la Corte Suprema” y, tal como están planteados, “serían un canal más de aceleración de la inflación como consecuencia de la variación de los costos”.
Guzmán no sólo ignoró el informe, sino que la semana pasada convocó a las postergadas audiencias públicas para avanzar en los incrementos tarifarios, tal como se había comprometido con el FMI. Se acordaron tres niveles de ajuste:
* Para los usuarios de mayor poder adquisitivo habrá una poda total de los subsidios vigentes.
* Para los quienes reciben el beneficio de la tarifa social, el incremento tarifario será equivalente al 40% del coeficiente de variación salarial (CVS) del año anterior.
* Por último, para los restantes clientes residenciales de ingresos medios, que no tienen beneficios sociales, el aumento anual previsto en las facturas finales alcanzará al 80% del CVS de 2021.
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Cristina Kirchner, representada por Basualdo, se opone a las subas tarifarias, convencida de que impactará negativamente en su electorado. Los exégetas del kirchnerismo les dicen a todos los que los escuchan que el oficialismo no tiene chances en las elecciones presidenciales de 2023.
“Un carajo estamos perdidos″, se descargó el presidente, en un mensaje teledirigido a la vicepresidenta. En la guerra fría que mantiene con Cristina Kirchner, Fernández decidió como mejor estrategia ignorarla y avanzar en su gestión, que ya acarrea bastantes problemas. La inflación y la disparada del dólar blue amenazan con no darle tregua. Ese es su talón de Aquiles y Cristina Kirchner, si bien ya no cuenta con el poder de fuego de antaño, mantiene intacta su capacidad de daño.
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