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Política Elecciones Santa Fe 2023 | Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe | Omar Perotti

La Cámara de Diputados: una disputa por el destino preferido de los gobernadores salientes

Bonfatti, Lifschitz y ahora Perotti eligieron encabezar la lista para la Cámara de Diputados. Las razones: el efecto cruzado de la Constitución provincial de 1962 y el sistema de Boleta Única. El intento de transformarse en interlocutor del gobierno siguiente, sea propio o ajeno.

En las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) de este domingo se repetirá una costumbre santafesina que ya es una particularidad política de la provincia de los últimos largos años: los gobernadores salientes se ubican en el primer lugar de la lista de diputados provinciales. Lo hicieron Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz, ahora lo intentará Omar Perotti.

No es casual. A la explicación hay que buscarla en el cruce de dos hitos institucionales que guardan una diferencia de medio siglo entre uno y otro: la Constitución provincial, vigente desde 1962, y el sistema de Boleta Única de papel, cuya primera aplicación data de 2011 y se extiende hasta nuestros días.

Es necesario ubicarse en el contexto en que fue promulgada la carta magna santafesina. A principios de la década del 60, el país estaba atravesado por fuertes convulsiones sociales y notable inestabilidad institucional. El peronismo estaba proscripto y en fase de resistencia, los gobiernos electos por el voto popular carecían de legitimidad plena por lo dicho antes y las Fuerzas Armadas monitoreaban, coaccionaban y derrumbaban administraciones por doquier.

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En ese marco, los constituyentes de Santa Fe votaron el artículo 32: “La Cámara de Diputados se compone de cincuenta miembros elegidos directamente por el pueblo, formando al efecto la Provincia un solo distrito, correspondiendo veintiocho diputados al partido que obtenga mayor número de votos y veintidós a los demás partidos, en proporción de los sufragios que hubieren logrado”. Es decir: quien gana en esa categoría, aunque sea por un solo sufragio, se lleva el control de medio Poder Legislativo.

El sentido de ese criterio era otorgarle espesor institucional a quien triunfara en las elecciones para el Poder Ejecutivo, en tanto se votaba con la boleta tradicional y el factor arrastre se encontraba en su plenitud. Traducido: el gobernador electo controlaría al menos una de las dos cámaras legislativas.

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Por efecto de la boleta única, la Cámara de Diputados se convirtió en el destino predilecto de los gobernadores salientes.

Por efecto de la boleta única, la Cámara de Diputados se convirtió en el destino predilecto de los gobernadores salientes.

Casi 50 años después, en 2010, la Argentina atravesaba un período histórico completamente distinto. La democracia ya llevaba cerca de 30 años de plena vigencia sin golpes ni proscripciones. En ese clima, la Legislatura santafesina aprobó un cambio del sistema de votación que quebraría aquel añejo espíritu constitucional: llega la Boleta Única de papel.

El nuevo sistema, por su propia dinámica, pone en jaque el instrumento de gobernabilidad otorgado en 1962. Es sencillo: por su propia dinámica, esta modalidad de votación anula –en buena medida– el factor arrastre. Ya no es necesario el corte de boleta porque el voto viene fraccionado desde su origen.

Es por eso que en 2011 ocurre la primera sorpresa: el socialista Bonfatti triunfa en la elección a gobernador, pero en la categoría de diputados la victoria se la lleva el peronismo con María Eugenia Bielsa a la cabeza. Luego vendrían negociaciones internas en la Cámara Baja que evitaron que la dirigente rosarina se haga con la presidencia del cuerpo, lo cual derivaría posteriormente en una estruendosa renuncia a su banca.

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Este es el motivo que llevó en 2012 a un grupo de diputados provinciales de diversas fuerzas políticas, como el radical Santiago Mascheroni y el socialista Eduardo Di Pollina, a presentar un proyecto de modificación del sistema de boleta única para permitir el voto agrupado, al estilo de Córdoba. No prosperó.

El nuevo escenario producido por la flamante modalidad electoral provocó un cambio sustancial en el panorama político. Antonio Bonfatti advirtió en 2015 que debía encabezar la lista de candidatos a diputados provinciales para obtener el control de la Cámara de Diputados y transformarse así en un interlocutor ineludible para la administración que lo sucediera, sea de otro signo partidario o de sus propios colores. Lo logró.

Lo mismo intentó con éxito Miguel Lifschitz en 2019. Aún luego de su fallecimiento por covid y la estampida que su desaparición física detonó, la actual composición de la Cámara Baja de la provincia lleva su sello: la mayoría de los diputados son socialistas de su sector interno y radicales alineados con quien fuera su aliado y ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro.

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Este domingo, Omar Perotti apuesta a conquistar la misma colina que sus antecesores. Ese es el motivo por el cual se mantuvo inflexible en el cierre de listas respecto de la conformación de la nómina que encabeza, integrada casi en su totalidad por ministros y funcionarios que se referencian en su conducción política. El actual mandatario se recorta nítidamente como favorito en las PASO de su categoría y la duda central es cuál será la cantidad de candidatos a diputados propios que llegarán a la elección general.

Enfrente, la novel coalición Unidos para Cambiar Santa Fe, integrada por radicales, socialistas, macristas y dirigentes de otros partidos, intentarán primero resolver sus cuitas intestinas y luego unificar esfuerzos para evitar que se repita la historia reciente, que ubica a los gobernadores salientes con un destino predilecto: la presidencia de la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Fe.

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