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Política Elecciones 2023 | Sergio Massa |

Hay con quién y hay contra quién: empezó la campaña del balotaje

El gabinete de campaña que se reúne en el búnker de la calle Mitre tiene encuestas, focus y análisis suficientes. "Voto en urna antes que 100 volando, paso a paso", advierten, pero saben que Bullrich está fuera de carrera.

El equipo que gestiona la campaña del candidato de la política (los otros dos la detestan, pero la exprimen sin disimulo) tiene una composición variada. Integra españoles, argentinos, brasileños y norteamericanos, políticos profesionales y especialistas en macro y micromedia y también a Cristina Kirchner. La que le aportó el consejo principal antes de las PASO: “Devaluá lo antes posible, es inevitable, después hay que arrancar la campaña”.

Hay muchas evaluaciones y muy certeras acerca de la insuficiencia o el impacto moderado de las medidas de recomposición de ingresos, con niveles de pobreza que superan el 40% y una inflación proyectada a diciembre por encima del 170%, evaluaciones y estudios provenientes de centros de estudios que resistían a Sergio Massa y ahora empiezan a valorar tres cosas: que el kirchnerismo no pudo construir en 20 años un cuadro como él, que desde 2019 se acabó el asunto de “ventajita” y juega adentro y sin ambigüedades y que en un mes -campaña mediante– resolvió el bloqueo cruzado entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner y produjo cinco anuncios promedio por día, para recuperar una iniciativa política que parecía perdida sin remedio.

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Es cierto que no cambia la matriz del modelo de gestión de un modelo cuyos orígenes puede rastrearse en el acuerdo de gobernabilidad sin dañar intereses corporativos que estableció Raúl Alfonsín desde 1983.

La incapacidad para trascenderlo realmente, para ir más allá de lo que un amigo suele denominar como “la democracia de la derrota”, es una de las razones por las cuales los políticos que se autopercibían antagónicos, más allá de las coyunturas electorales, gozan de un desprestigio que habilita un experimento como el de Javier Milei. La política –que no es lo mismo que los políticos– liga de rebote.

El spot ideado por la agencia publicitaria Viva es la condensación de la fe que impera en el equipo de Massa. Se contesta el odio y la revancha política con “hay argentinos y recursos para hacer un gran país”, que sería el con qué, y “hay un candidato para hacerlo sin detonar un sistema político en crisis”, que sería Massa.

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Y hay también otros tiempos de campaña: si se le pregunta a Antoni Gutiérrez Rubí, él asegura que el triunfo de Milei “estaba cantado, no nos sorprendió, pero es mayor el impacto que la dimensión cuantitativa del fenómeno”. Tampoco banca lo que Cristina sostiene contra toda evidencia, incluso en su última clase magistral: los tres tercios.

En las PASO lo que hubo son cuatro cuartos. Milei sólo tiene el 20,1% de los votos válidamente emitidos y un puñado de empresarios y comunicadores que lo tratan como si ya hubiese ganado. Hay una multitud de gente que no fue a votar y el desafío es captar la mayoría de esos votos; pero incluso si sucediera que esos mismos votos se repartieran el 22 de octubre repitiendo las proporciones de las PASO para cada fuerza, Milei no ganaría en primera vuelta y ni siquiera tiene asegurado el balotaje.

“Pero no es lo que va a suceder. Patricia ya no es un problema. Decilo vos, nosotros manejamos datos que la ubican en el 20% o menos de los votos y ella también los tiene, pero sabe que quedó en el medio de una polarización inevitable”, explica uno de los asesores de campaña.

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“Hay encuestas, pero falta mucho para el balotaje, lo primero es octubre”, sostiene desde su oficina en el búnker de campaña de Unión por la Patria el catalán Antoni Gutiérrez Rubí.

“Hay encuestas, pero falta mucho para el balotaje, lo primero es octubre”, sostiene desde su oficina en el búnker de campaña de Unión por la Patria el catalán Antoni Gutiérrez Rubí.

Hay dos convicciones polémicas en ese búnker, que también integra Máximo y otros referentes de La Cámpora.

La primera es la menos resistida: se acabó el bifrentismo del posibilismo liberal; o se hace algo distinto por izquierda (por la progre, en realidad) o la historia se carga al peronismo casi sin excepciones, porque los que acuerden con Milei sólo pueden ganar cargos y alguna caja, pero perderán potencia.

La segunda es menos amable: así como en 2019 llegó la hora de asumir que el kirchnerismo no era la etapa superior ni conducía la totalidad del peronismo y el peronismo era todo o no era nadie, en 2023 llegó la hora de asumir que –tanto por caudal electoral fidelizado (en baja hasta representar un cuarto del electorado o menos, con o sin Cristina) como por programa– hay que pensar en el postkirchnerismo, que lo incluye pero no en términos de conducción indudable.

Es un proceso evidente y demostrable incluso numéricamente, duele y va a seguir doliendo un tiempo más. Alegar confusión, grados variables de autismo, seguir concentrados en demonizar al enemigo externo como factor aglutinante o activar el detector de “traidores”, lo único que conseguirá es ralentizarlo. O ni siquiera eso.

¿Bullrich? ¿Qué Bullrich?

El equipo de asesores de campaña que aportó el PT brasileño debate con Rubí y un grupo de asesores norteamericanos (habituales couchers de los candidatos republicanos) conducido por Jessica Reis.

Los emisarios de Lula sostienen que las generales son un trámite, que Bullrich está fuera del juego y que el balotaje ya empezó. Incluso que las operaciones encabezadas por Mauricio Macri no deben ser contestadas, a menos que incluyan agravios personales al candidato de Unión por la Patria.

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Los asesores de Massa y de Milei coinciden en que Patricia Bullrich no tiene chances de llegar al balotaje.

Los asesores de Massa y de Milei coinciden en que Patricia Bullrich no tiene chances de llegar al balotaje.

Rubí, por moderado y prudente, ha instruido al resto de los candidatos a repartir las contestaciones públicas por TV, radio y redes sociales y prefiere seguir sosteniendo que la pelea es por octubre; que demostrar otra cosa en la estrategia puede ser leído como un gesto de suficiencia y susceptible de ser castigado por los votantes. Así piensan también el vicejefe de gabinete Juan Manuel Olmos y el responsable de la comunicación estratégica del massismo, Santiago García Vázquez.

También produjo chispazos el anticipo público de ofrecerle el Ministerio de Economía de un potencial gobierno de Unión por la Patria al radicalismo, una fuerza que fue eyectada dos veces del poder por su impericia en términos económicos y sociales (sin contar el daño que Martín Lousteau le produjo al gobierno de Cristina con la 125). ¿Qué podría salir mal sino todo? Se preguntan.

Pero, de todos modos, en las simulaciones previstas para entrenar a Massa con vistas al primer debate televisivo, en los guiones que se corrigen febrilmente, las exposiciones y los cruces se concentran en Milei, bajando del ring al resto de los candidatos.

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Los especialistas aportados por los demócratas norteamericanos, la mencionada Reis y Robert Gibb, avalan esa estrategia y al menos uno de los dos estará en el país para acompañar al selecto equipo (ocho asesores en el estudio) que estará con Massa el 1 de octubre en Santiago del Estero.

“Como suele pasar al peronismo, sobre todo cuando es gobierno, a Sergio le van a tirar todos, el orden previsto (Bergman, Milei, Massa, Bullrich y Schiaretti) no es relevante, será todos contra Massa”, asumen en el equipo.

La clave es la misma que condujo la campaña hasta acá: “vender” a Massa y no a la gestión, pero sin criticar la gestión. La autocrítica está en los hechos y es Massa, nada de pedir perdones en este contexto.

Dos preguntas importantes para el futuro inmediato y no tanto. ¿Alcanzará esa estrategia para ganar el debate? ¿Y para ganar el balotaje? Para salvar al peronismo de su reducción, harán falta muchas otras cosas.