El presidente Alberto Fernández se siente encerrado en el laberinto que le impuso la cuarentena. El número de contagios de coronavirus sigue en alza y, en virtud de ello, se vio obligado a prolongar el período de aislamiento social hasta fines de agosto. Un aislamiento que el propio Fernández reconoció que poca gente cumple.
A sabiendas del hartazgo social que genera esta cuarentena más que prolongada, el Presidente cambió su discurso: ya no amenazará con la posibilidad de apretar el “botón rojo” para retornar a la fase más estricta de la cuarentena y, en cambio, apuntará al futuro y “trazar un horizonte”. Este cambio tiene un motivo: esta semana la Casa Rosada recibió información y encuestas que revelan el profundo malestar de la ciudadanía por el encierro de 150 días por el coronavirus. Por primera vez la imagen negativa de Alberto superó la positiva.
El cambio de estrategia obedece al agotamiento social, la inevitable debacle económica, la destrucción de puestos de trabajo y los escasos resultados sanitarios que tiene para mostrar, con aumentos de casos y fallecimientos. Por eso, en esta nueva fase, no se irá para atrás con las actividades productivas y comerciales que están habilitadas en AMBA, que ya superan el 90%. Pero tampoco permitirá grandes aperturas. Se evitará, además, pronunciar la palabra cuarentena y se apelará a la responsabilidad individual y social.
La mirada social
Un detalle: al comité de expertos se sumaron, en la última reunión con el Presidente, psicólogos, antropólogos y sociólogos que venían trabajando en el Ministerio de Salud. Allí se convino la idea de “plantear un horizonte” para la gente y de "dejar de hablar de cuarentena"; de hecho, ese fue el discurso con que el Presidente anunció que la Argentina producirá la vacuna contra el coronavirus que elaboran, en conjunto, la Universidad de Oxford y el laboratorio AstraZeneca, la cual estaría disponible durante el primer semestre del año próximo.
Al comité de expertos se sumaron, en la última reunión con el Presidente, psicólogos, antropólogos y sociólogos que venían trabajando en el Ministerio de Salud.
La producción local de la vacuna, que correrá por cuenta del laboratorio Mabxience, de Hugo Sigman, con el financiamiento de la fundación de Carlos Slim, es la única buena noticia que el Presidente pudo exhibir en estos interminables días de cuarentena. La economía sigue sin repuntar y el dólar paralelo sigue mostrándose en alza pese al cierre de la renegociación de la deuda con los bonistas bajo legislación extranjera. Otra buena noticia que, sin embargo, se esfumó en pocos días, fagocitada por la crisis económica y el agobio social.
Cristina mira a la Justicia
Ajena a estos contratiempos, Cristina Kirchner avanza paso a paso en su plan de desarticular las causas en su contra que tiene en la Justicia. Ayer dio un paso clave en ese sentido: utilizó la mayoría kirchnerista en el Senado para darle ingreso a los pliegos que revisa los traslados de los jueces Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, magistrados que tienen a su cargo causas que tienen a la vicepresidenta como protagonista.
La avanzada kirchnerista provocó un fuerte conflicto con el Poder Judicial al desafiar una orden judicial, en este caso una medida precautelar dictada por la jueza Alejandra Biotti, que le había ordenado al Senado que se abstuviera de iniciar el tratamiento de los pliegos de ambos magistrados. La magistrada solicitaba que el Senado no avanzara antes de que ella estuviera en condiciones de resolver la medida cautelar presentada por los camaristas, que se resisten a dejar los cargos que hoy ocupan.
Tras ignorar la medida precautelar dictada por la jueza Biotti, la Comisión de Acuerdos del Senado comenzará a tratar los pliegos de ambos camaristas la semana próxima. Esta comisión es presidida por la kirchnerista Anabel Fernández Sagasti.
Cristina Kirchner no da puntada sin hilo. Su obsesión es liberarse de las causas que la afectan a ella y a sus hijos. En esta estrategia se inscriben sus intentos por modificar la composición y la dinámica interna de la Corte Suprema de Justicia y de ampliar, con 23 nuevos jueces, la Justicia Federal de Comodoro Py. Este proyecto de reforma judicial cosechó más críticas que halagos de los expositores y juristas que desfilaron, esta última semana, por la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado.
El kirchnerismo podría desoír estas críticas y avanzar con la sanción de la iniciativa a libro cerrado, sin modificaciones: de ser así, el conflicto con la Justicia será total. Una “victoria pírrica” para el presidente Fernández.
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