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El dilema del acuerdo con el FMI: sin margen para ajustes, sin margen para un default

En el G20, el presidente logró que el FMI reconsidere la sobretasa del préstamo que le concedieran a Juntos por el Cambio. El resto de las condiciones son imcumplibles, ponen en riesgo al país y son las de siempre.

Un par de actualizaciones indispensables: hace una semana decíamos que el gobierno -en declaraciones públicas de Martín Guzmán y del mismísimo presidente- había modificado su postura en la ardua negociación con el FMI. La pospandemia que en el primer mundo consideran un hecho y el jaque a Giorgieva, acabaron con la gran ficción nacional que arrasara en 2020: la del FMI Bueno.

Ese FMI trabajosamente relatado al que se le pedían -porque pedir no cuesta nada, sobre todo en circunstancias excepcionales- los siguientes imposibles de mayor a menor: que condone la totalidad o parte de las deudas soberanas conque asfixia y condiciona a sus prestatarios, que efectúe quitas de capital significativas o razonables para ayudar a economías devastadas por el aislamiento y la parálisis productiva en pandemia, que genere un fondo anticíclico para asistir a esos países en condiciones más flexibles y "humanitarias", que difiera los vencimientos de deudas por encima de lo que permiten sus estatutos (lo que sí hizo el FMI para prestarle U$S 57.000 millones a Macri) y finalmente que rebaje los intereses que se pagan cuando la deuda supera en un 187,5% la cuota país.

Un alto ejecutivo de la oficina porteña del JP Morgan, experto en el diseño de las complejas arquitecturas financieras a través de las cuales las principales 100 fortunas argentinas evadieron y fugaron el equivalente a dos préstamos concedido por el FMI durante el gobierno Cambiemita (U$S 85.289 millones), dice dos cosas razonables o por lo menos ajustadas a intereses y flujos reales de capitales y negocios sin patria: "Era un absurdo esperar otras condiciones que no sean las actuales por parte del Fondo, o creer que la amabilidad de Giorgieva -que nunca fueron más que títulos para la prensa internacional- y los oficios del Papa iban a lograr un acuerdo mejor del que le hubieran ofrecido a Macri; esa ficción se iba a pagar caro de cualquier manera, no hubo ni ablandamiento ni endurecimiento, hubo una corrección táctica en medio de los millones de muertos producidos por la pandemia, pero la estrategia fue siempre la misma".

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Otro pasaje de la charla informal aporta el dato esencial para apreciar las posibilidades reales del país de rediseñar su macroeconomía (con el impacto consecuente en la micro y la estabilidad política del gobierno) y cumplir con las condiciones de pago que hoy son la última palabra del Fondo: "Los vencimientos de deuda que se avecinan no pueden afrontarse ni siquiera duplicando el crecimiento de la economía previsto en el presupuesto y mejorando el saldo de balanza comercial, porque el punto es que la salida neta de divisas se lo devora".

El off permite el remate autoincriminatorio de quien llegó a se consultado por Casa Rosada para analizar cómo desarmar la bola de Leliqs -que durante el gobierno actual aumentó un 270% y alcanza los $ 4,1 billones- para decir "mientras el gobierno no logre reducir significativa la fuga de capitales, las posibilidades de repago son una discusión sin sentido, porque ahí está la solución para la restricción externa y no en el incremento de la productividad; por suerte para nosotros, eso está lejos de suceder". Honestidad brutal pero esencial para poner la discusión en los términos correctos.

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El ministro Guzmán sabe que el perfil de vencimientos de deuda que se avecinan es temible: U$S 18.000 millones en 2022, U$S 19.000 millones de 2023 y U$S 5.000 millones en 2024.

El ministro Guzmán sabe que el perfil de vencimientos de deuda que se avecinan es temible: U$S 18.000 millones en 2022, U$S 19.000 millones de 2023 y U$S 5.000 millones en 2024.

Fuga en tabú

"Yo no elegí y no quiero, quiero salir y no puedo", dice Fito en los cuatro primeros versos del cuarto tema de Ciudad de Pobres Corazones y que describe perfectamente el estado de situación del gobierno nacional, incluyendo albertistas y cristinistas, un cisma que ya se cuenta solo.

Ninguno eligió el volumen de deuda tomado (y que representa el 1.277% de la cuota parte argentina en el FMI), no quieren pagar en términos deshonrosos y de imposible cumplimiento fáctico (pero todos quieren pagar más allá del spot de La Cámpora), quieren salir de un atolladero complicado por la falta de colaboración de una oposición que -más allá del cambio de marca tomó una deuda demencial y militó los contagios y el rechazo a las vacunas- va dejar que todo el costo del arreglo lo pague el gobierno...y no puede; o no puede hacerlo en los términos que considera sustentables política, económica y socialmente y que están lejos de los actuales, con sobretasa del 1 o el 4,5%, porque si bien U$S 500 millones son sensiblemente menos que U$S 2.000, el problema es de orden superior.

El más reciente trabajo de los rosarinos de MATE (Mirador de la Actualidad, del Trabajo y la Economía) confirma en el apartado "El problema de la deuda" lo que nos confiaba el funcionario del JP. Compara la cantidad de dólares acumulados desde diciembre de 2019, comparados con los pagos de deudas e intereses, siendo el saldo de la cuenta negativo por U$S 4.516 millones, como se observa en el siguiente cuadro:

Cuadro MATE.jpg

Es decir que el BCRA no puede acumular como reservas los importantes excedentes del intercambio comercial (y que obedecen al lento descongelamiento de la economía en pospandemia). La cantidad de dólares que utilizaron los sectores público y privado para pagar deuda e intereses, supera holgadamente al saldo del intercambio exterior de bienes y servicios. Pero hay que considerar además lo que técnica y elegamente se denomina "formación de activos externos del sector privado no financiero" (y que no en todos los casos implican situaciones delictuales), que se mantuvo por debajo de los niveles del último año macrista e incluso del primer semestre de 2020, pero que desde julio viene triplicando volúmenes mensuales hasta conformar un flujo negativo de capitales de más de U$S 400 millones al 31 de octubre pasado.

Hace falta mucho más que un relato sin coordinación ni masividad sostenida para revertir una derrota conceptual central e instalar lo que es una verdad escandalosa desde hace décadas: que los verdaderos culpables de que nuestro país no pueda ofrecer mejores salarios a su población, infraestructura vial, escuelas y hospitales, financiamiento de desarrollos científicos y tecnológicos y seguridad con dotación de personal y equipamiento suficiente, no son "la casta" política (o por lo menos no los que no son cómplices o beneficiaros directos de la defraudación al Estado), sino un puñado perfectamente identificable de banqueros, empresarios, abogados deportistas, políticos y CEOS de medios de comunicación.

Un dato varias veces publicado pero que debería ser graffity, pasacalle y remera: según los Pandora Papers, la última "filtración" a la que accedió el Consorcio de Periodistas de Investigación, la Argentina -o más precisamente un puñado de millonarios argentinos- está tercera a nivel mundial en cantidad de firmas offshore creadas para ocultar dinero negro o bienes, en paraísos fiscales, por debajo de Rusia y Reino Unido. Siendo que es la economía número 27 considerando el tamaño de su PBI, según el último informe del FMI. Si comparamos la riqueza generada comparada con la población de los tres países que encabezan el ránking de delitos perpetrados por "la otra casta", los ricos contra sus propios connacionales, Argentina bate récords de egoísmo e insensibilidad del -digamos- decil más rico de su población.

Para cuándo el índice de "sensibilidad social" de los que concentran los mayores recursos a nivel mundial? Para cuándo el Observatorio de la Riqueza en vez de los cientos de observatorios e informes sobre cuántos son los pobres, cómo gastan lo poco que tienen, qué comen o adónde viven? Ampliaremos.

El laberinto de la deuda argentina

Finalmente las opciones. Hace una semana decíamos que las condiciones de pago deben habilitar un escenario preferible a un default, que por otra parte será de todos modos sino se empiezan a acumular retrasos en los desembolsos o "arrears" en la jerga.

El perfil de vencimientos que se avecinan es temible: U$S 18.000 millones en 2022, U$S 19.000 millones de 2023 y U$S 5.000 millones en 2024. El máximo de 10 años que concedería el FMI obliga a un superávit comercial imposible, si la economía sigue recuperándose y con ella la demanda de dólares del sector exportador y además no puede retener los dólares generados por esa vía.

Un default llevaría el dólar a $ 500, la devaluación sería devastadora y se cortaría el financiamiento proveniente del Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y otras fuentes alternativas. Pero pagar en éstas condiciones -sin considerar el clima social que generaría un ajuste añadido en las exigencias complementarias del Fondo- es suscribir un acuerdo que todos sus firmantes saben que no puede cumplirse. Los campos no se compran, se heredan y los préstamos del FMI no se pagan, se refinancian, pero hasta aquí no está garantizadas ninguna de las dos cosas.

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