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Política Salario | FMI | precios

Devaluar la política corriendo contra el peso: ¿un peligro inminente en un año electoral?

En la recta final hacia las Paso se vuelven a agitar los rumores de una corrida cambiaria. El Gobierno sabe que se juega una carta importante en el desafío de que el mercado cambiario siga tranquilo.

Hace un mes y medio decíamos en Aire tres cosas: que Argentina combina un déficit igual o cercano a cero en plena pandemia a contramano de la región y casi todos los países desarrollados, que Guzmán está blindado hasta después de las Paso y que el desafío que parecía autoimponerse el gobierno era algo inédito en democracia: ganar ajustando. ¿Se suma la presión de una corrida contra la democracia?

Lo decimos así porque no hay exageración alguna y de eso se trata, una corrida contra el peso es una extorsión para condicionar o destituir (destituyente, esa clarificación esencial de Horacio González y Carta Abierta durante la rebelión campestre del 2008) un gobierno legítimamente votado por el pueblo. Pueblo que no vota ni conoce los nombres ni las caras de los grandes jugadores del mercado que promueven las devaluaciones que vaticinan –o mandan vaticinar por sus voceros mediáticos, la clásica profecía autocumplida- y entre los cuales se alistan los tres fondos de inversión conque Martín Guzmán acordó en agosto del año pasado.

Correr contra el peso para recomponer márgenes de ganancia en dólares de los agroexportadores, para bajar el costo salarial en dólares de la economía (hoy Argentina es el piso regional con el costo más bajo), para encarecer los precios del mercado interno en general (incluso de bienes de consumo sin componentes importados, no exportables pero igualmente dolarizados), es destituyente siempre, pero particularmente en instancias pre electorales.

Incluso con un dólar estable en los primeros seis meses del año y moviéndose a la par por debajo de la inflación mensual, con una tasa de interés del 38% que compite fuerte con el dólar en los portfolios de inversión y un margen de reservas disponibles y suficientes para poder enfrentar emboscadas contra el peso (entre U$S 6.000 y U$S 9.000 millones, según el tipo de activos de ejecución inmediata) y la promesa de que un pronto acuerdo con el FMI puede aportar U$S 4.350 millones a esa posición defensiva, la ocasión se ha vuelto propicia para volver a agitar rumores de corridas.

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Martín Guzmán, el ministro de Economía, parece blindado hasta después de las Paso.

Martín Guzmán, el ministro de Economía, parece blindado hasta después de las Paso.

Las razones están expuestas para quienes quieran mirarlas: el incremento de los controles a las exportaciones de carnes y cereales (para frenar precios internos, detectar ventas en negro, triangulaciones entre empresas offshore de un mismo grupo, subfacturación y otros delitos fiscales) y la decisión del gobierno nacional de reabrir paritarias y homologar acuerdos por encima del 40% para empatarle o ganarle a la inflación real (que acumula un 46% en los últimos doce meses y se proyecta en 50% para el 2021).

Los empresarios abroquelados en UIA y AEA empuñan éstas razones coyunturales que se suman a la cantinela que desde hace 56 años en los coloquios de IDEA, es decir la peste de “las regulaciones estatales en general y del mercado cambiario en particular”, los “costos de los salarios argentinos y la presión fiscal”, el “corset de las legislaciones laborales” que impiden flexibilizar legalmente, tomar y despedir con fluidez y –sin importar los valores ni la coyuntura del mercado cambiario- un “atraso insostenible” del dólar respecto del peso, los precios y la inflación.

Parafraseando a John William Cooke -el gran intelectual de la izquierda peronista- pero en clave anarcocapitalista y financiera: las condiciones para una devaluación no se dan espontáneamente, se generan. Y a esto el establishment que culpa de todos los (sus) males a los 70 años de peronismo, lo sabe perfectamente bien.

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El invierno tan temido

En la que se presenta como la semana más fría del año, parece haberse descongelado la ortodoxia del Ministerio de Economía, la que lo llevó a pisar –no el dólar- sino los salarios como ancla real contra la inflación, atados a una estimación política del 29% (en el primer semestre ya acumula un 24,5%). Nadie se suicida en las vísperas –de elecciones- y el presidente instruyó a su Ministro de Trabajo para que “los salarios le ganen a la inflación” por primera vez desde que asumió, para homologar acuerdos que no recuperarán lo perdido en los últimos tres años pero le pondrían un freno a la deriva del poder adquisitivo de les trabajadores. En consonancia, se impulsa una recuperación del 45% del salario mínimo, vital y móvil (esperemos que no en siete cuotas) que es piso y pauta para la economía informal.

También es cierto que la realidad parece haber impactado en la lógica económica que impone el ministro Guzmán. Con el aumento del gasto fiscal vía emisión del 2020 (empujado por el IFE, ATP y recomposición de asignaciones y jubilaciones) la inflación se mantuvo en niveles más bajos que los del primer semestre de éste año, sin IFE ni ATP, con Repro selectivo, sin partidas especiales para la segunda ola pandémica y con salarios deprimidos. Traducción simple: la inflación refleja el comportamiento de los actores de la economía, las tensiones de la disputa por la apropiación del excedente (que es el modo en que se expresa la lucha de clases cuando las clases “no luchan” y el capitalismo estatal hace sus mejores esfuerzos por reconciliar egoísmo y democracia). Como la fiebre, no es una enfermedad sino un síntoma que tiene causas variadas y complejas, pero no la emisión, una vieja santa sede neoliberal y ortodoxa.

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En la Argentina, las corridas cambiarias tienen un sesgo

En la Argentina, las corridas cambiarias tienen un sesgo "destituyente".

Y es el actual ministro de Economía, el que ha salido a filetear las declaraciones del mismísimo presidente de la Nación respecto de que más allá de “las tensiones cambiarias” que hoy se reflejan en las subas de los dólares bolsa, contado con liqui e ilegal (eufemística llamado paralelo o blue), más allá de que los econochantas bajo patrocinio que –encabezados por el inefable e incombustible Domingo Cavallo- aseguran una devaluación inminente antes de las Paso, hay suficiente poder de fuego (dólares disponibles) y decisión política como para afrontar cualquier corrida especulativa.

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Pero un puñado de preguntas subsiste de todas maneras: ¿alcanza con –si fuese posible- controlar eficazmente precios y subir salarios? ¿Alcanza con un 38% de los trabajadores por debajo de la línea de pobreza? ¿Será suficiente con controlar el dólar y tranquilizar a los mercados? ¿Si los U$S 9.000 millones van a usarse para disuadir o enfrentar corridas, sería conveniente cerrar el acuerdo con el Fondo para utilizar los U$S 4.350 millones prometidos (equivalentes a 1 punto del PBI) para afrontar los costos una pandemia sin pospandemia la vista? Las respuestas son: no, no, no y por supuesto que sí, aclarando que acordar con el FMI nunca es algo para vender ni festejar. El pesimismo con evidencia empírica histórica, es cortesía de la casa, pero solo así sabremos si realmente si “hay un nuevo FMI” o lo mismo que desde 1944: reducción del gasto público con reformas tributaria, previsional y laboral.

Entre los que aseguran que después de las Paso –último trimestre 2021 o primer trimestre 2022- habrá una devaluación de entre el 15% y el 30% y los que la promueven de inmediato, está el Gobierno que asegura que no va a ocurrir, sabiendo que además de la economía y sus chances en 2023, lo que se esmerila es la épica de la transformación y el retorno de los años felices, tan cara a los que lo votan tanto por convicción como por conveniencia.