Esta nota se concentra en el eje temático que abrió el segundo bloque del debate previo al balotaje 2023: Producción y Trabajo, pero primero algunas valoraciones generales acerca de las estrategias y el desempeño concreto de los candidatos.
Las restricciones del formato (básicamente la de no interrumpirse para encimarse sobre el discurso del otro y no proferir agresiones personales) impidieron que el equipo de La Libertad Avanza repitiese la estrategia con que Victoria Villaruel compensara la desventaja que -en materia de experiencia y formación política- tenía con Agustín Rossi.
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Eso y la falta de plasticidad e inventiva para enfrentar a un cuadro político que lleva 20 años preparándose para ser presidente, hicieron que Javier Milei sufriese una paliza de lecciones temáticas y didáctica expositiva, en casi todos los bloques del debate.
Incluso en el que posee mayores recursos para establecer dominio: el de economía, durante el cual Sergio Massa lo forzó a consumir casi todo el tiempo disponible para defenderse de un choice cerrado (por sí o por no) y ofensivo, que descontroló al libertario y donde apenas pudo ratificar sin explicar las propuestas (dolarización, liquidación del Banco Central, apertura comercial total) centrales de su campaña.
Agravió personalmente a Massa como un “mentiroso” y tuvo que soportar la chicana luego repetida de que “tus socios te abandonaron”; cuando en realidad fue Milei el que bajó a todes les invitades de Juntos por el Cambio de la platea del debate.
Lo hizo por incumplimientos en dos temas claves que estaban a cargo de Mauricio Macri: la provisión de boletas suficientes a la Justicia Electoral para Provincia de Buenos Aires, la estructura de punteros para fiscalización que hoy se verifica insuficiente (por la deserción de numerosos referentes territoriales radicales e incluso del PRO) y la ausencia de los 15 millones de dólares que el expresidente había prometido en la reunión donde pactaron enfrentar a Unión por la Patria.
El CEO de KPMG (empresa de auditoría, impuestos y asesoría legal) Guillermo Ferraro, designado por Macri para manejar la logística en cuestión, deslizó hace horas que “no manejamos la cifra comprometida y la estructura de fiscales que armara Guillermo Dietrich para 2019 tampoco existe más”.
De nuevo el problema, como hace ocho años, es creerle a Mauricio Macri, que hoy ni siquiera puede alinear al PRO. Juntos no abandonó a Milei en el ágora del debate sino en plena campaña.
El hecho es que puesto a explicarse en más de 150 caracteres (más que un tweet, un posteo de Instagram, un video de Tik Tok o una chicana en cualquier soporte), Javier Milei tiene problemas.
Se sabía y por peso, el equipo de asesores liderados por su hermana fue al recinto de la Facultad de Derecho de la UBA a buscar un empate. No para retener votos propios (que lo ratificarán sin importar si el libertario no sabe lo que es el GEDE, confunde Holanda con Alemania en el Mundial del 74 o reivindica a Margaret Tatcher), sino para no perder los votos antiperonistas que aportó el PRO y disputar el 14% en promedio que las encuestadoras asignan a los indecisos y al voto en blanco.
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Incómodo en un personaje que no siente (equilibrado, sereno, reflexivo) a Milei le llevó todo el primer bloque sobreponerse a la estrategia de Massa y tuvo que soportar sin remedio aciertos como “Milei vino a desmentirse de lo que dijo durante la campaña”
También tuvo que escuchar: “Javier en tu último libro tenés tres denuncias de plagio”, “no te renovaron la pasantía, entiendo que estés enojado con el Banco Central”, “Javier, los que te abandonaron en el salón te llevaron al lugar de la chicana berreta”, “reivindicás a Margaret Tatcher que es enemiga de Argentina, ayer, hoy y siempre”, “queda claro que a Milei no le importa la Argentina”, “yo les quiero decir que el señor va a arancelar la Universidad Pública y esa idea le va a costar $270 mil por mes a cada familia”, “si tenés pruebas de delitos que yo haya cometido te espero en tribunales y sino retractate, porque vas a caer en incumplimiento de los deberes de funcionario público” y sobre todo “no vengo a discutir acá a Macri o a Cristina, el 10 de diciembre sos vos o yo”.
El presidente del trabajo y el presidente del mercado
El candidato de UP se proyectó como “el presidente del trabajo y me he propuesto crear dos millones de nuevos puestos de trabajo formal y registrado en Argentina”, promovidos por incentivos estatales (rebajas contribuciones y aportes patronales, aportes estatales al pago de salarios, simplificación tributaria y cero retenciones sobre exportaciones extraordinarias) y el acuerdo tripartito con empresarios y trabajadores.
Milei volvió a plantear la flexibilización de las relaciones laborales y la baja de salarios en dólares por la hiper que desataría una dolarización con pocos dólares. Dato de hace unos quince días pero que no ocupó demasiado espacio en diarios oficialistas y opositores (y debiera!).
Los tres fondos de inversión que habían comprometido los recursos para cambiar pesos por dólares sin tocar los depósitos de les argentines en moneda dura ya le comunicaron oficialmente a Milei (por mail) que no sólo no pondrán USD 25.000 millones que se les pidieron, sino que la cifra de regateo tampoco, es decir los USD 10.000 que nunca fueron contraoferta sino arrugue de parte de Carlos Rodríguez y Roque Fernández.
El aporte del trader y “Messi de las finanzas” Luis Caputo, más bien complicó las cosas.
Milei insistió con el sistema de indemnizaciones de los convenios de la Uoacra, que ni Gerardo Martínez se anima a promocionar abiertamente, quien advirtió “que no resuelve el problema de la toma de empleo” en un sector con un 40% de informalidad laboral y sueldos promedio por debajo de la línea de pobreza y que el mismísimo Massa le devolvió al libertario en forma de preguntas (sin respuesta): “¿Cómo vas a aplicar eso con trabajadores registrados que tienen varios años en una empresa?”.
Cuando Sergio Massa puso de nuevo sobre el tapete la necesidad de una ley que establezca paridad de ingresos entre hombres y mujeres, el candidato que le prestaría el nombre y estuche al segundo gobierno de Macri, volvió a exponer una misoginia reñida con los datos de la realidad, al negar las dificultades de acceso a trabajos de calidad de las mujeres y negar la brecha salarial de género.
Según cifras oficiales del Indec correspondientes al segundo semestre 2022, divulgadas por el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad (carne de motosierra si Milei es electo), más de un tercio de las mujeres figura inactiva en términos económicos, entre desocupadas e informales representan el 40% del total y más de la mitad de las ocupadas efectúa trabajos de medio tiempo o parciales.
En el sector registrado, las mujeres ganan un 28,1% menos que los varones y si tomamos el empleo asalariado informal, la brecha crece al 34.6%. En el entorno del libertario creen que esto no mueve el amperímetro, que la agenda de género “está sobrevaluada, sólo le importa a una minoría de activistas, el resto nos va a votar igual”.
Decenas de miles de mujeres lo repudian, las swifties (muchas de las cuales votarán por primera o segunda vez en una semana) también.
Las encuestas aún muestran a un Milei muy competitivo, porque -pese a sus inconsistencias teóricas y emocionales- es la expresión de un antiperonismo cerril, sumamente estable, que históricamente promedió los 40 puntos, que fue récord en 1983 con más de 53 (la suma de Alfonsín, Frigerio y Manrique) y que hoy -incluso con Cristina corrida del centro y el kirchnerismo en reducción- amenaza con acercarse a los 50 puntos.
Sergio Massa le dió una lección de eficaz gestión emocional, madurez y sapiencia política a Javier Milei en el último debate, pero el balotage es incierto y sigue siendo una moneda en el aire.
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