Alejandro Tullio era el Director Nacional Electoral en 2009 cuando se sancionó la ley 26.571, titulada “ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral”. Introdujo un sinnúmero de reformas, pero hay una que sobresalió sobre el resto: el sistema de elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, más conocidas como Paso.
Tullio es de origen radical, pero estuvo a cargo del organismo electoral de la Nación desde 2001 hasta diciembre de 2015. Es abogado y considerado uno de los mayores especialistas del país y Latinoamérica en derecho electoral. Su presencia en Rosario en ocasión del Congreso sobre Democracia –donde el tema se debatió específicamente junto con Oscar Blando (UNR), Gastón Mutti (UNR-UNER), María Inés Tula (UBA) y Carolina Tchintian (CIPPEC)– resultó más que oportuna para hablar del proyecto para eliminar las Paso que ingresó el diputado nacional rionegrino Luis Di Giácomo y que cuenta con fuerte respaldo de un sector del oficialismo.
El proyecto ofrece retornar al antiguo sistema de internas en cada partido, donde “las agrupaciones políticas y sus listas internas financiarán, en forma privada, todo costo en el que incurran, incluyendo la publicidad…”. Di Giácomo argumentó que “desde que las elecciones primarias se promulgaron en 2009 nunca funcionaron como tales. Esto hizo que muchas provincias optaran por derogarlas dentro de sus distritos”.
Sobre todo esto habló Tullio con AIRE. Explica mitos y verdades de las Paso, los problemas que enfrentaba el sistema político de partidos heredado del colapso de 2001 y los objetivos que persiguió la ley, que entiende que se cumplen. Dice que es mentira que los partidos no utilizan las Paso y advierte sobre el riesgo de eliminar el remedio instrumentado en 2009 y quedarnos con el problema, porque el sistema de partidos sigue siendo tan débil y desarticulado como entonces.
—¿Qué opinión le merece el intento por eliminar las Paso?
—Estoy en contra de cualquier modificación extemporánea de las reglas electorales, aunque estuviera de acuerdo con el fondo de la cuestión. Cambiar las reglas del juego, en cualquier forma, implica intervenir en las estrategias de las fuerzas políticas que están fijadas de antemano con las expectativas puestas en las próximas elecciones. Es desorientar o generar confusión tanto en el electorado como en las fuerzas políticas.
—¿Y puntualmente sobre la potencial eliminación?
—Sobre el fondo de la cuestión creo que las Paso han sido un remedio a un problema. En general todos coincidimos que los principales objetivos que se fijaron se han cumplido.
—¿Cuáles fueron esos objetivos?
—Ordenar la oferta electoral en el sentido que haya una menor cantidad de fuerzas compitiendo (en la elección general); permitir que fuerzas de menor poder relativo tengan posibilidad de participar al generar estímulos para formar coaliciones, lo que permitió que nuevas fuerzas tengan presencia parlamentaria; y renovar los nombres de los legisladores, porque si tomamos los anteriores 20 años a la vigencia de las Paso y los compramos con los últimos 10 años que están vigencia, hay una mayor tasa de renovación de cuadros.
—¿Cómo favorecen la renovación?
—Ya sea por minoría en los lugares donde hay competencia, o por las negociaciones que se generan para que no haya competencia, se incorporan nuevas generaciones, nombres y sectores, que expresan otros pensamientos dentro de la fuerza política. Una de las ideas de las Paso era permitir una renovación de cuadros dentro de las fuerzas políticas y evitar esa disgregación de la política que generaba una oferta electoral artificial. Eso por suerte desapareció del escenario político. La propuesta de eliminar lisa y llanamente las Paso nos quita el remedio y nos deja con el problema, porque el sistema de partidos sigue siendo débil y seguirá estando desarticulado si no lo articulamos en las Paso.
—Cuando en 2009 se sancionó la ley de Paso usted era Director Nacional Electoral. ¿Qué se buscó en ese momento?
—Darle orden al sistema político. Hay que recordar que en el 2003 la fuerza política que más sacó fue 25; la segunda 22%; la primera (el Partido Justicialista) no compitió. Otra marca era la dispersión parlamentaria. En 2009 cuando se votó diputados había 45 bloques. Hoy, si bien hay 21, 15 están dentro de interbloques. La proliferación de candidaturas era otro tema: llegó a haber 14 candidatos a presidente y la última vez hubo seis. Es mentira que las Paso no cumplieron los objetivos.
—En 2009 el debate que habilitó las Paso no estuvo motivado por un interés concreto y coyuntural como parece ser en este caso el impulso que de un sector del oficialismo.
—Comparto matizadamente. Siempre las reformas se hacen por interés político, siempre benefician y perjudican, pero para el diagnóstico que llevó a esa reforma hubo 14 reuniones previas con todas las fuerzas políticas parlamentarias, representaciones, la Justicia Electoral y la sociedad civil. Nos pusimos de acuerdo a lo largo de varios meses en mesas de trabajo en torno a un diagnóstico y luego elaboramos una propuesta que fue siendo adoptada y aceptada por la población. No hay Paso en las que no vote menos de 75% de la gente.
—¿Entonces este intento de reforma obedece a exclusivamente a un interés coyuntural del oficialismo?
—Creo que es más que coyuntural porque algunos dirigentes hace mucho que lo están planteando. Hay un interés de recuperar la capacidad de control interno de las fuerzas políticas. (Si se avanzara) estaríamos abandonando la libre competencia interna o libre negociación interna, y le devolveríamos a las diligencias partidarias la capacidad de incidir definitivamente en la confección de las listas. Esto volvería para atrás en estos años de democratización interna de las fuerzas.
—El anterior gobierno en su momento propuso eliminar las Paso, pero sus dirigentes ahora la defienden.
—Quien tiene el poder quiere tener el control, es una tendencia natural. Precisamente por eso no hay que hacerlo.
—Se argumenta que los partidos no usan las Paso.
—Es una mentira. En 2021 en 23 distritos hubo Paso y en las fuerzas mayoritarias. En Juntos por el Cambio en casi todos hubo tres, cuatro, cinco y hasta seis candidaturas en algunos lugares; y en el Frente de Todos también. Pero ojo, la no existencia de competencia no significa que las listas no sean fruto de negociaciones habilitadas por la posibilidad de competencia.
—Es una doble vía…
—La democratización de las fuerzas se logra o por competencia o por negociación. Y esa negociación está habilitada por la posibilidad de armar una lista y generar una competencia. Por lo tanto, es mentira que no se hayan usado las Paso. Se usaron, ya sea como forma de competir o como generación de los estímulos para abrir las listas y renovar las candidaturas.
—Tras una década de experiencias con seis elecciones nacionales, ¿cree necesario hacer modificaciones al sistema?
—Sí, eso es posible, aunque ya no sé si es oportuno, como dije no estoy a favor de cambios extemporáneos. Estoy de acuerdo que se pueda abrir la fórmula (ganadora en las Paso para permitir que quien triunfe pueda negociar el nombre de el o la vice), o achicar los plazos entre la fecha de la primaria y la general, porque no afecta al sistema político. Pero nada que toque las vigas maestras donde se asienta la construcción del escenario político.
—¿Qué valoración hace del sistema de primarias de Santa Fe, que fue anterior al nacional?
—Es levemente distinto, pero Santa Fe y Uruguay fueron los antecedentes en los que nosotros nos basamos para proponer el sistema nacional.
—La aplicación en Santa Fe tuvo algunos efectos distintos. Por ejemplo, hubo elecciones donde fue notable la fuga de votos en una fuerza política entre las primarias y las generales. En las elecciones nacionales eso no se vio, hubo fidelidad de los votantes entre uno y otro comicio.
—Creo que esos son avatares de la política. Las normas generan escenarios, pero no condicionan conductas, simplemente que crean estímulos para que los escenarios permitan caminar en uno u otro sentido.
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