A principios de éste año decíamos que el Frente de Todos se enfrentaba al desafío inédito de ganar las elecciones primarias ajustando. Revirtió la estrategia cuando ya era tarde e inauguró un ciclo de crecimiento y expansión del gasto que no derrama, pero revitaliza los principales indicadores económicos. Pero, cuando el gobierno define el rumbo para lo que viene, el Covid vuelve a romper récords.
Para ser excesivamente sintéticos, el Frente de Todos lleva dos años intentando gobernar en sus propios términos –que son los de su pacto electoral original– con tres enemigos simultáneos y cada vez más agresivos: la oposición realmente existente (indisimulada en su tarea de desgastarlo para derrotarlo en dos años), la eficacia comunicacional del dispositivo mediático que lo relata invariablemente y, por supuesto, la persistencia devastadora del Covid que hoy vuelve a batir récords de contagios –aunque con bajos índices de letalidad– y que va afectar la notable recuperación económica que, pese a todo, han logrado las políticas de promoción del empleo y la producción que ya habían recuperado el 75% de los empleos perdidos durante las cuatro olas anteriores.
Las previsiones son de espanto. Según la OMS, el Covid ya es la primera causa de muerte en Europa (se incluye para éste cálculo a Rusia y Turquía) y las muertes aumentaron a 4200 en promedio por día, duplicando las 2100 de setiembre. Según el Director de OMS Europa Hans Kluge, habrá 2,2 millones de fallecidos al final de la primavera boreal en Europa.
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Fue titánico y un éxito no valorado electoralmente, pero la campaña de vacunación en la Argentina, que hoy exhibe 38 millones de vacunados con al menos una dosis (84,2%) y casi 33 millones con esquema completo (71,9%), no permite suponer que el tsumani de contagios y fallecidos no vaya a tener impacto en nuestro país, ni va a golpear a los niveles de actividad industrial y la recuperación del empleo formal.
El último boletín estadístico trimestral del INDEC refleja una leve tendencia positiva, si seguimos la evolución desde marzo 2021, con un descenso de la desocupación abierta en dos puntos (hasta llegar al 8,2%) y una recuperación del empleo de casi un punto porcentual (42,9% en la actualidad). Decíamos en la nota anterior que el Argentina cerrará el año creciendo por encima del 10% (con un piso del 9% para la OCDE y 11,9% para el INDEC), recuperando gran parte de lo perdido el año pasado; pero que este indudable esfuerzo de los empresarios, los trabajadores y sus organizaciones gremiales y de los argentinos en general, sostenido por las políticas públicas de un gobierno que es muchísimo mejor que al anterior (y que hoy se malviste bajo el cambio de marca “Juntos por el Cambio”), había hecho retroceder la pobreza en apenas un punto y que la desigual puja entre precios y salarios había logrado que al cierre del año el 28,2% de los trabajadores fuesen, asimismo, pobres.
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Parte de la explicación está en que la citada recuperación de empleo está saturada de precariedad, porque en comparación con el segundo trimestre del año, el tercero muestra que tres de cada cuatro nuevos puestos de trabajo fueron no registrados; globalmente seis de cada diez trabajadores argentinos está en la informalidad o ejerce autoempleo de subsistencia. De los 2,5 millones de empleos recuperados éste año, 1,1 millones son asalariados no registrados y 343.000 son cuentapropistas.
Sumado a que la precariedad suele cobrar los salarios más bajos de toda la economía (por debajo de la línea de pobreza y apenas por encima de la de indigencia) y que los salarios registrados van a terminar el año empatándole (en promedio) a una inflación de casi el 52% pero sin recuperar lo perdido durante el macrismo, tenemos que la recuperación paulatina de los niveles de actividad y empleo no derrama, no impacta en el poder adquisitivo de los que menos tienen y votaron (con más desesperación que convicción ideológica) un cambio de rumbo.
Dicho con toda amabilidad: la impaciencia de los “ansiosos” o “desencantados” votantes del Frente de Todos, de los informados, ideologizados e incluso funcionarios para la liberación nacional, es comidilla de ghetto, es un tifón en un vaso de agua comparado con la desesperación de quienes no pueden pensar en etapismos, ritmos atados a las correlaciones de fuerzas o fases sucesivas del sufrimiento a la felicidad futura. No es entre los primeros que están la mayoría de los tres millones de votos perdidos en dos años, sino entre los últimos.
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No habrá cifras para decir esto, la palabra desesperados suena fuerte, pero sólo para quienes nunca vivieron o ya no recuerdan cómo es sobrevivir todos los días, los 365 días del año (éste que termina y casi toda una vida) amaneciendo en una casa precaria, muertos de calor o frío, en un barrio miserable sin servicios esenciales y ratones de 40 centímetros retozando en cunetas de agua podrida, saliendo a ganarse del modo que fuera el pan del mediodía y la noche (o alguno de los dos), no pudiendo proyectarse a una semana en paz y con la comida resuelta. Mal que les pese a los que creen que ésos votos sólo reaccionan al clientelismo, hay mucho peronismo ahí también.
Para ser claros: si Juan Domingo Perón les hubiese explicado en los albores de su primer gobierno a sus votantes que primero hay que saber sufrir un par de años para luego disfrutar de un shock de ingresos que mejorase la calidad de vida de todos, derechos sociales, empleo de calidad, vivienda y vacaciones pagas… no sabemos qué hubiese hecho Evita, pero seguro que el peronismo no ganaba en 1952, ni hubiese estampado en la memoria de millones de argentinos una marca indeleble que persiste por 76 años y los sectores oligárquicos y conservadores de la Argentina maldicen, pues jorobó el plan de naturalizar la injusticia social, e incluso forjar el argentino desposeído y feliz que les hubiese garantizado un siglo de prosperidad sin sobresaltos.
Primero vacaciones, después acuerdo con el FMI
Esa parece ser la última decisión del entorno presidencial, al retorno de las vacaciones de Alberto Fernández (que las necesita como casi nadie, mucho más que Luis Rubeo) se daría a conocer el arreglo con el FMI en sus términos fundamentales y con una exigencia fiscal que ya no forma parte de la letra mediana ni chica: 3 a 3,3% en los borradores oficiales. Esa sería la llave maestra para ordenar los precios fundamentales de la economía (dólar, tarifas, salarios), controlar la inflación, resolver los problemas de confianza y previsibilidad de los inversores locales y foráneos, comenzar a emprolijar el endeudamiento y pérdida de valor de las empresas y disparar decididamente la toma de empleos.
No seremos nosotros quien demos malas noticias, un paper reservado de Centro Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) –que acaba de editar el libro “Evo, Operación Rescate, prologado por el mismísimo Alberto Fernández– presenta un estudio con ocho arreglos posibles con el FMI y concluye que “nada de lo que se logre acordar será bueno” y que el Estado argentino debe forzar al FMI –para que los resultados sean menos perdidosos– a negociar lo que hoy no está en la cabeza de nadie (excepto Cristina): la condonación de un cuarto de la deuda que fue una estafa o que el organismo de coerción política mundial se avenga a cobrar el 15% de los capitales repatriados por los que se beneficiaron con la deuda y lo fugaron. Así y todo, con los intereses pactados hasta el momento y según la CELAG, la deuda terminaría de pagarse en 2053, o lo que es lo mismo decir: necesitaríamos 20 años más que los que pretende dar como tope el FMI en el arreglo actual. Dicho por gente afín y hasta compañera: no hay modo, no cierra.
Sin augurios irresponsables ni interesados y tal como hemos hecho en 2021, lo mejor que puede pasarle al Frente de Todos y a cada argentino de bien y para bien, es que –a contrapelo del acuerdo con el FMI– el gobierno confirme y profundice en el año que comienza un sendero de recuperación con autonomía política y económica. Que deje de desperdiciar capital político y utilice con convicción y coordinación los mecanismos de control para combatir la evasión fiscal y fuga de divisas. Algo que nunca diremos imposible, pero que dadas las condiciones resulta muy complejo.
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