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Política FMI | Argentina |

La grieta, la brecha y el relato, claves en el acuerdo con el FMI

Hace varias semanas –con Kristalina aún empoderada y en boga la ficción del Fondo Bueno- aseguramos en AIRE que los términos del acuerdo con el FMI ya estaban escritos y a la firma y que sólo un sector del gobierno lo resistía. También que Cristina no iba a rifar su capital político avalándolo. Pasaron cosas.

En un año donde muchos especuladores económicos y periodísticos han dicho cualquier cosa, podemos revelar la fórmula: un 60% de información consistente y datos confiables, un 20% de proyecciones basadas en la historia económica y política reciente de la Argentina, un 10% de estimaciones basadas en el comportamiento –más que las declaraciones- usual de los actores involucrados y otro tanto imaginería personal del autor o margen de ficción controlada por todos los ingredientes anteriores. Eso nos permitió asegurar a principios de año que había Guzmán hasta después de las Paso; hoy decimos que difícilmente retenga su cargo luego de un arreglo que –faltando unos pocos números y detalles- denominaremos de “default diferido”.

También dijimos que –desestimada la idea de impugnar parte de la deuda basados en pacto violatorio de toda ley entre Trump, Lagarde y Cambiemos- el FMI no iba a ceder en ninguno de los términos básicos del acuerdo, que no iba a haber más de 10 años de plazo para “pagarlo” (éstos préstamos se refinancian, no se pagan), ni eliminación o reducción de sobretasas por habernos prestado una suma que supera en un 187,5% la cuota parte de nuestro país en el Fondo, muchísimo menos una quita de capital a pesar de que el BCRA comprobó que se fugó al menos un 30% del total percibido.

Sobre las condicionalidades estructurales una observación pertinente: desde el equipo técnico que asesora a Sergio Chodos aseguran que las condiciones serán más benévolas, que piden menos reformas que un achicamiento significativo del déficit fiscal o la brecha entre el dólar oficial y el ilegal (porque Blue es un precioso disco de Joni Mitchell, basta de tonterías). Pero están pedidas y serían parte de ese 10% reservado a la ficción controlada, el que nos permitiría decir que no habrá reformas jubilatoria, laboral o impositiva (una obsesión permanente de nuestras cámaras empresarias, que impulsan desde adentro el Firme Ya!); la comprobación más sonante es la que aporta ese 10% de análisis del comportamiento de los actores involucrados: el Pacto Electoral celebrado con sus votantes en 2019 –y las convicciones ideológicas de algunos de sus líderes, digamos todo- no le permite presentar leyes claudicantes, pero el gobierno viene tomado medidas en los tres rubros y en la senda que marca el FMI desde el segundo semestre del año pasado. Las reformas estructurales siguen en el borrador del acuerdo, el FMI no cede nada y serán monitoreadas por los técnicos que ocupen las oficinas que recuperan en el BCRA.

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El presidente Alberto Fernández y el ministro Martín Guzmán en una reunión clave con los directivos del FMI en Roma.

El presidente Alberto Fernández y el ministro Martín Guzmán en una reunión clave con los directivos del FMI en Roma.

También dijimos que el Fondo Bueno son los padres, los padres de un país donde el 41,5% está debajo de la línea de pobreza, donde los indigentes superan el 10% de la población total, donde una cuarta parte de la población recibe transferencias del Estado para compensar bajos ingresos o nulos y donde casi una quinta parte de los hogares pidió préstamos a familiares y amigos para sobrevivir y cerca del 14% se sobre endeudó con bancos o financieras a tasas delirantes. Éstas son las cifras micro estrechamente vinculadas a la macro de un país que en los últimos 15 meses los trabajadores transfirieron (no desde sus home bankings, la puja distributiva se resuelve con un fino circuito de expoliación) U$S 56.000 millones, o lo que es lo mismo decir 11,3 puntos del PBI, al capital concentrado, el mismo que nucleado en AEA, UIA, IDEA y otras corporaciones por el estilo exige firmar ahora mismo y en cualquier condición.

Una mención y una salvedad antes de encarar la segunda parte de la nota. Las cifras que presentamos hasta aquí pertenecen a Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas que dirige el actual director del Banco Nación, Claudio Lozano. El mismo que dice que la solución para un préstamo aviesa y planificadamente impagable (ni en los términos del acuerdo actual ni ningún otro a confesión de parte de Dujovne) es política y no económica. Se enojan demasiado con Lozano pero habría que analizar el origen de la estafa más voluminosa de la historia económica argentina: cuando el presidente de los Estados Unidos, el presidente de la Reserva Federal americana, el directorio del FMI y el gobierno de Juntos x el Cambio (ex Cambiemos) acordaron maniatar la soberanía política de la Argentina por varias décadas, lo que celebraron fue un acuerdo político (geopolítico acaso), sin importar los datos ni las proyecciones económicas porque no era eso lo que estaba en debate. ¿No debiéramos utilizar la misma lógica para intentar otra solución? Ah, es cierto, aquí la correlación de fuerzas hay que considerarla a escala planetaria y da menos que la que impone restricciones internas al Frente de Todos.

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Claudio Lozano es director del Banco Nación designado por el FDT y sigue pensando en que habría que investigar y castigar antes de pagar

Claudio Lozano es director del Banco Nación designado por el FDT y sigue pensando en que habría que investigar y castigar antes de pagar

Vayamos a la salvedad. UIA no es una cámara de grandes empresas solamente, hay miles de Pymes que se integran bajo ese sello, que tienen cargos importantes en el Comité Ejecutivo. Tal es el caso de los santafesinos Guillermo Moretti (vicepresidente Regional) y Walter Andreozzi (vocal), que tienen una visión más afín con el proyecto productivo que expresan tanto el ministro Matías Kulfas en nombre del presidente, como del ministro Daniel Costamagna por cuenta del gobernador Omar Perotti. Uno de los miembros Pyme de UIA asegura que “no veo a un empresariado pequeño y mediano desesperado por cerrar con el Fondo Monetario. Nadie de nuestro sector tiene atadas sus decisiones a los términos del acuerdo, lo que necesitamos es que la gente tenga plata en el bolsillo para comprar lo que producimos, lo que queremos es una reactivación”.

Honrar deudas para un default prorrogado y que venga el 2023

Argentina perdió la oportunidad –o no dieron las gestiones efectivamente realizadas en foros internacionales y las declaraciones públicas del presidente- de plantarse ante el FMI en otros términos. Incluso es altamente probable, aquí recurrimos al 60% de la fórmula que analiza la historia reciente, que la querella criminal contra los responsables locales de la estafa que denominamos préstamo, sea recordada como un embate de ocasión, una estocada al aire. Pero aún hay quienes siguen preguntándose si éste arreglo a la firma, que deberá ser cuidadosamente relatado por un gobierno no ha relatado hasta ahora mismo ninguna de sus medidas, es mejor que caer en default.

Citemos a dos economistas sólidamente formados, del campo nacional y popular y bien intencionados para presentar éste cruce. Por un lado Claudio Scaletta, en una nota concedida a la Agencia Paco Urondo, asegura que “la clave del acuerdo con el FMI está en el nivel del tipo de cambio, no en la reducción del déficit”. Que es importante “tener un plan de estabilización claro porque Argentina no puede tener una inflación del 50% anual” (lo que un acuerdo con el FMI no resolvería per se por supuesto) y que no arreglar con el Fondo no es admisible porque: “Argentina no tiene ningún poder contra el FMI. Nada, cero. Podría tener algún poder si patea el tablero y se une con alguna potencia por fuera del FMI. Pero eso no existe porque todas las potencias son parte del FMI, como China, por ejemplo. Por eso, por más antipático que sea, no es una posibilidad cierta no acordar, porque tendrías una salida de dólares o una dolarización de activos, no tendrías ningún tipo de financiamiento internacional, tendrías una corrida, una devaluación, que te llevaría a una recesión económica, etc. No acordar es el peor escenario posible, aunque nos parezca que el FMI sea lo peor. Yo tampoco quiero al FMI en el país pero no hay otro escenario”.

Por otro lado, Alejandro Bercovich en su última nota para la Revista Crisis se anima desde el título: ¿Y si no le pagamos al Fondo? Allí asegura que algunos funcionarios del Frente (un máquina electoral desgastada a fuerza de perder disputas por el sentido) se prestan “al chantaje ideológico que desplegó el neoliberalismo de Margaret Tatcher” y que reza “no hay alternativa”. Y repasa los cucos del dafault con éstos resultados: se cortaría el flujo con otros organismos multilaterales de crédito pero que podrían compensarse (unos U$S 5.000 millones anuales) con los intereses que dejen de pagarse y un mejor control de la evasión. Se perdería acceso al mercado voluntario de créditos, pero eso ya ocurrió en 2018 con Macri y el daño reputacional para el país como deudor ya está hecho. No necesariamente se dispararía el dólar oficial ni la brecha con dólar ilegal debería generar una devaluación automática, se podría perfeccionar el sistema de control de cambios y el uso racional de divisas. Los juicios y embargos sobre activos serían muy bajos, tales como la inmovilización de la Fragata Libertad por cuenta de los Buitres y no hay riesgo de boicot comercial de Brasil o China, el verdadero riesgo sería seguir despilfarrando el superávit comercial (U$S 23.000 millones desde que asumió el FDT) en seguir pagando deuda.

Entre varias opciones, lo que impulsa como salida alternativa a un acuerdo que puede tener resistencias parlamentarias en el propio bloque oficialista pero ya está escrito, es una suspensión de pagos mientras se discute con datos en mano, a fondo y en serio, los términos fraudulentos de una deuda impagable. No son “locuras” asegura Berco, sino decisiones políticas soberanas las que faltan.

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Nosotros ya titulamos la encerrona del gobierno nacional como “sin margen para ajustes ni para un default”. Dos condiciones íntimamente relacionadas en la lógica del FMI que desde 1944 es igual a sí mismo, dos condiciones que cual artesanos de una pieza imposible los técnicos que coordina Martín Guzmán quieren comparecer: pago sin ajuste o con dosis no letales ni explosivas.

Pero en el fondo todos sabemos que de lo que se trata es de esto: sobre un capital de U$S 39.900 millones o U$S 57.000 millones, con una sobretasa del 3% o el 1,5%, de lo que estamos hablando es de patear hacia el 2026 el dafault de una deuda impagable, mientras seguimos pagando y pedaleamos la ficción que reemplazará a la del FMI Bueno, la de que se puede crecer a dos dígitos anuales, con niveles de inclusión social y bienestar peronistas, bajo la tutela del FMI. Nunca pasó y los porcentajes de la fórmula que apuntamos al inicio no nos dejan ser demasiado optimistas, pero nos aferramos al 10% de ficción controlada y al tercio o más de votos que impulsaron al FDT y aún sueñan con una patria libre, justa y soberana.

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